Inteligencia artificial y poder geopolítico / III
SOMOSMASS99
José Luis Martínez Rosas* / SomosMass99
Miércoles 14 de octubre de 2026
Situación y riesgos para México a partir de evidencias en intervención, procesos electorales, guerras en curso y golpes blandos.
4. Colombia 2026: la primera elección presidencial disputada en la era de los deepfakes
El ciclo electoral colombiano de 2026, con una primera vuelta el 31 de mayo y una segunda el 21 de junio, ofreció la demostración más reciente y completa del impacto de la IA generativa sobre una democracia latinoamericana. El resultado es conocido: el candidato de derecha radical Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, se impuso en el balotaje al senador de izquierda Iván Cepeda, del Pacto Histórico, por un margen estrechísimo del 49.66% contra 48.70% -unos 250 mil votos de diferencia-, y que asumió la presidencia el 7 de agosto en sucesión de Gustavo Petro (Yahoo Noticias, 2026). Lo relevante para este ensayo no es el resultado sino el ecosistema informacional en que se produjo.
Desde meses antes de la votación, la Registraduría Nacional, la Misión de Observación Electoral y las firmas de ciberseguridad coincidieron en el diagnóstico: la seguridad del software electoral estaba garantizada, pero la mayor amenaza al proceso era la desinformación potenciada por IA generativa, deepfakes y clonación de voz, que trasladaba el riesgo hacia un terreno invisible: la confianza del electorado (El Tiempo, 2026). Los datos de mercado respaldaban la alarma: la tasa de fraude digital en Colombia creció 76% interanual y el uso de deepfakes pasó del 1% al 2.98% de los intentos de verificación de identidad en un solo año, ubicando al país en el tercer lugar latinoamericano en este tipo de delitos (El Tiempo, 2026). Durante la veda electoral, con la contienda desplazada íntegramente a redes sociales y plataformas de mensajería, las firmas de seguridad documentaron la venta de servicios de desinformación a la medida: campañas de suplantación de candidatos, videos fabricados con redes neuronales y clonación de voz ofrecidas a grupos interesados en alterar la percepción pública de los catorce aspirantes (Tecnogus, 2026).
Tras la segunda vuelta, misiones de observación internacional denunciaron una operación denominada Proyecto Jupiter que habría combinado financiamiento paralelo, centros de bots y videos deepfake diseñados específicamente para confundir al electorado, junto con el empleo de un software privado de escrutinio de escasa transparencia; con más de 400 evidencias clasificadas, los observadores plantearon que la combinación de desinformación cibernética, fallas técnicas y coacción territorial ameritaba que las autoridades evaluaran la validez del proceso (SPR Informa, 2026).
Con independencia del curso que tomen esas denuncias -que al cierre de este ensayo no habían producido efectos jurídicos-, el caso colombiano establece un precedente mayor: por primera vez en América Latina, la legitimidad de una elección presidencial es disputada centralmente en el terreno de la evidencia sintética. Cuando ya no puede establecerse con certeza pública qué videos son reales, qué audios son auténticos y qué tendencias digitales son orgánicas, el resultado electoral queda estructuralmente expuesto a la sospecha, gane quien gane. Ese es, exactamente, el daño que la guerra cognitiva busca producir.
5. Ucrania: el primer conflicto algorítmico de la historia
La guerra ruso-ucraniana, iniciada con la invasión a gran escala del 24 de febrero de 2022 y aún en curso, es unánimemente reconocida como el primer conflicto en el que la IA se convirtió en protagonista operativa de ambos bandos. Tres planos merecen análisis: el plano cinético, el plano de mando y control, y el plano informacional.
5.1. Drones, enjambres y autonomía letal
En el plano cinético, los pequeños drones FPV se convirtieron en la primera causa de bajas en el campo de batalla, y su evolución técnica ha sido vertiginosa: de aparatos radiocontrolados vulnerables a la guerra electrónica se pasó a drones con visión por computadora capaces de fijar y perseguir objetivos de forma autónoma en el tramo final del ataque, inmunes al bloqueo de señal. El salto cualitativo más reciente es el enjambre: la empresa ucraniana Swarmer logró en 2025 sus primeros ataques con mini-enjambres en los que un dron explorador localiza el objetivo y drones bombarderos lo atacan automáticamente bajo supervisión de un solo operador, con pruebas de formaciones de hasta 25 aparatos; otras firmas, como la significativamente llamada Cuarta Ley, persiguen la autonomía masivamente escalable: grandes cantidades de drones capaces de volar y localizar objetivos por sí solos (Infobae, 2026). Del lado ruso, los drones Geran-4 con visión artificial han sido empleados contra la navegación ucraniana en el mar Negro, y sistemas de coordinación algorítmica gestionan oleadas de Shahed contra la infraestructura crítica (Moncloa, 2026). La defensa responde con la misma lógica: drones interceptores con algoritmos de seguimiento automático derriban drones de ataque casi sin intervención humana (Libertad Digital, 2026). El umbral de los sistemas de armas letales plenamente autónomos —debatido durante una década en Ginebra sin resultado vinculante— está siendo cruzado en la práctica, sin tratado y sin votación.
5.2. Mando, control y fusión de datos
En el plano del mando y control, el conocimiento situacional multidominio ucraniano descansa sobre sistemas de gestión del campo de batalla potenciados con IA: el ecosistema Delta, la integración con plataformas de la empresa Palantir, herramientas de explotación de fuentes abiertas y reconocimiento facial; son capaces de procesar a velocidad extraordinaria la información de drones, satélites y sensores distribuidos a lo largo del frente (CESEDEN, s. f.).
La misma arquitectura conceptual -fusión de sensores más aprendizaje automático más compresión del ciclo de decisión- que Estados Unidos empleó en Caracas fue madurada y validada en el laboratorio ucraniano; de manera tal que la guerra de Ucrania funciona como banco de pruebas global: lo que allí se valida se exporta después a otros teatros, incluido, como se vio, el latinoamericano.
5.3. La guerra informacional
En el plano informacional, ambos bandos han desplegado propaganda computacional a gran escala. Del lado ruso destacan las operaciones de imitación de medios occidentales mediante sitios clonados y cuentas automatizadas -mediante la campaña conocida como Doppelgänger-, así como el uso temprano de deepfakes: ya en marzo de 2022 circuló un video sintético del presidente ucraniano Zelensky ordenando la rendición de sus tropas, torpe en su factura pero precursor de una técnica hoy perfeccionada. La lección ucraniana para América Latina es doble: por una parte, la IA multiplica tanto la letalidad material como la capacidad de fabricar realidad, y por otra, ningún país queda fuera del alcance de estas herramientas por el solo hecho de no estar en guerra.
6. Irán: inteligencia artificial y guerra de descabezamiento
El segundo conflicto bélico analizado confirma y radicaliza las tendencias anteriores. El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron por sorpresa una campaña de bombardeos sobre ciudades iraníes mientras se desarrollaban negociaciones nucleares indirectas en Mascate y Ginebra; según múltiples reportes, los ataques iniciales provocaron la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, y de otras figuras clave del régimen, desencadenando la respuesta iraní con misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en el Golfo, el cierre selectivo del estrecho de Ormuz y una guerra que, con altos el fuego fallidos, continuaba activa en julio de 2026 (HSB Noticias, 2026; Wikipedia, 2026). La sucesión recayó en Mojtaba Jamenei, en medio de una crisis interna sin precedentes para la República Islámica (CNN en Español, 2026a).
La dimensión algorítmica de esta guerra fue documentada por The Wall Street Journal: Estados Unidos e Israel emplean sistemas de inteligencia artificial para acelerar el análisis de inteligencia y la selección de objetivos, con algoritmos que procesan comunicaciones, imágenes satelitales y datos de vigilancia para optimizar decisiones militares y comprimir los tiempos de planificación de las operaciones aéreas (El Imparcial, 2026).
Este empleo tiene genealogía conocida: el aparato militar israelí venía utilizando sistemas de recomendación de objetivos descritos por la prensa investigativa israelí bajo los nombres de Lavender y The Gospel, en la campaña de Gaza, donde algoritmos generaban listas masivas de blancos humanos con revisión humana mínima (Abraham, 2024). También existe el precedente del asesinato del científico nuclear Mohsen Fakhrizadeh en 2020, ejecutado con una ametralladora robótica operada por satélite y asistida por IA, según la reconstrucción del propio aparato de seguridad iraní. La guerra contra Irán muestra así el punto de llegada de la trayectoria: la IA no solo asiste la guerra, sino que habilita estrategias de descabezamiento: eliminación selectiva de liderazgos políticos, militares y científicos, que antes eran material y políticamente inviables.
La captura de Maduro y la muerte de Jameneí, separadas por apenas ocho semanas, pertenecen a la misma doctrina emergente: el cambio de régimen por decapitación asistida algorítmicamente.
Finalmente, no debe pasarse por alto la dimensión informacional del conflicto: durante los ataques circularon masivamente en redes sociales imágenes y videos generados con IA que exageraban o fabricaban daños de uno y otro bando, contaminando la evaluación pública de la guerra en tiempo real y dificultando incluso el trabajo de los organismos humanitarios. La niebla de guerra, que Clausewitz describió como condición natural del combate, es hoy manufacturada deliberadamente a escala industrial.
En los enlaces se pueden leer la primera y segunda partes.
* José Luis Martínez Rosas es psicólogo social y académico mexicano experto en innovación y práctica educativa; investiga sobre geoeducación, geocultura y geopolítica.
Imagen de portada (ilustrativa): Darlene Alderson (@darlene-alderson) / Pexels.
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