El enemigo

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El enemigo

SOMOSMASS99

Alfonso Díaz Rey* / SomosMass99

Viernes 16 de octubre de 2026


                                                          A la compañera Ana Francisca Palomera, «Pica»,

                                                        ejemplo de compromiso, coherencia y consecuencia

                                                        en la lucha por las causas justas, in memoriam.


El avance de las fuerzas de la ultraderecha con tinte neofascista en buena parte del mundo es un fenómeno vinculado a la agudización de la crisis estructural que vive el sistema capitalista en su conjunto; obedece a la necesidad que tienen las clases dominantes de mantener las condiciones que les permitan defender sus intereses y, con ello, su dominio.

Esta crisis se da en el contexto de la fase imperialista que ese sistema recorre ─la última de su desarrollo─ y, por otro lado, explica el comportamiento de su mayor potencia, Estados Unidos, cuya clase dominante busca desesperadamente la forma de recuperar la plena hegemonía que alguna vez ostentó ante el mundo, posición que se ha visto menguada por el surgimiento de otras potencias ─como el caso de China y Rusia─, el avance y desarrollo de otros países, y por la misma competencia de sus aliados capitalistas.

Estados Unidos ha estado detrás de prácticamente todos los «cambios de régimen» o en acciones en que la ultraderecha ha tomado o se ha fortalecido en el poder político de muchos países. Un claro ejemplo lo vemos en nuestro continente.

El injerencismo e intervencionismo yanqui en Latinoamérica y el Caribe tiene como objetivo  el dominio y control de nuestros países y la apropiación, mediante el despojo, de riquezas y recursos naturales estratégicos necesarios para fortalecerse y estar en condiciones de enfrentar a sus adversarios ─a quienes considera enemigos─ y competidores, para alcanzar su obsesivo Destino Manifiesto.   

Aquellos países cuyos gobiernos no se plieguen a esa estrategia imperialista, o que asuman posiciones en favor de sus pueblos, son objeto de, en el primer caso, de acoso, amenazas y acciones de todo tipo para derrocarlos e instalar dirigencias sumisas; en el segundo caso, el injerencismo es la vía del imperialismo para lograr cambios de régimen con la misma característica de sumisión. Como ejemplos: lo sucedido en Venezuela, lo que desde hace casi 68 años sucede con Cuba y la injerencia yanqui en golpes blandos, procesos electorales y presiones políticas y económicas en países de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe. 

Después de lo sucedido en Brasil, en grave peligro de un vuelco hacia un gobierno de la ultraderecha, y que en el mejor de los escenarios quedaría un gobierno con un presidente progresista y un Congreso dominado por la ultraderecha, quedaría México como el siguiente objetivo en la mira de Estados Unidos, aunque no sería una situación nueva.

Históricamente, Estados Unidos ha intervenido en los asuntos internos de nuestro país; sin embargo, para evitar alargar esta reflexión, en tiempos recientes el intervencionismo yanqui ─aliado con la derecha internacional─ operó para evitar la llegada de fuerzas progresistas al gobierno de México, de ahí los fraudes electorales de 1988 (contra Cuauhtémoc Cárdenas), 2006 y 2012 (contra Andrés Manuel López Obrador) y las campañas contra estos candidatos para evitar sus triunfos electorales. Al triunfo electoral de López Obrador (2018) y al de Claudia Sheinbaum (2024), ese injerencismo se reflejó en una campaña de guerra mediática y cognitiva que impulsa la narrativa de la vinculación, e incluso subordinación, del partido Morena y del gobierno de México al crimen organizado, particularmente al narcotráfico. Las acciones y declaraciones del Departamento de Estado, la CIA, la DEA, el Departamento de Justicia, la prensa y el embajador de Estados Unidos en nuestro país, dan cuenta de ello. 

Los grupos e individuos que en nuestro país buscan un «cambio de régimen» mantienen estrechos vínculos con aquellos que desde el exterior pretenden lo mismo. El elemento que promueve, articula y controla esos vínculos es el capital, el gran capital monopolista financiero, industrial y tecnológico cuyos dueños y representantes casi nunca dan la cara, para eso tienen a los Alito, Verástegui, Fox, Calderón, Peña Nieto, Zedillo, Carlos Salinas, Krause, Lilly Téllez, a algunos miembros de la oligarquía (Salinas Pliego, Claudio X) y toda una fauna oportunista y corrupta de «políticos», «intelectuales», «periodistas» y otras denominaciones que fueron desplazados o perdieron privilegios de los que gozaban con los gobiernos previos a la elección federal de 2018.

De ahí la importancia de que nuestro pueblo identifique, ubique, informe y difunda cuáles son los poderosos grupos de ese capital monopolista que opera en nuestro país, quiénes son sus dueños y representantes, y quiénes son sus aliados internos; ellos son el enemigo principal de nuestro pueblo y al que habremos de dirigir nuestro esfuerzo para neutralizarlo y derrotarlo. A sus lacayos bien los conocemos y no podemos, ni debemos, dejar que atraigan toda nuestra atención mientras sus amos maniobran con total tranquilidad. Esa ubicación del enemigo es una tarea necesaria y permanente.


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato; del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba; y del colectivo México Libre, Justo y Soberano.

Ilustración de portada: El Tío Sam / George Eastman House Collection, vía Wikimedia Commons.



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