Un mil colaboraciones

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SOMOSMASS99

CHISPITAS DE LENGUAJE

Enrique R. Soriano Valencia

Jueves 2 de abril de 2026

Con esta publicación Chispitas de lenguaje llega a las un mil publicaciones. Son 19 años y meses con temas relacionados con el idioma. La preferencia es el español, pero también aparecieron nahuatlismos, mexicanismos, anglicismos, galicismos y algunos latinoamericanismos.  

La semana pasada dije que esta columna intenta cubrir un espacio en los medios. Hay muchas noticias y columnas sobre acontecimientos inesperados, aspectos políticos y espectáculos tanto deportivos como artísticos. Sin embargo, el idioma es poco abordado (salvo cuando hay modificaciones significativas a la ortografía o gramática). El idioma es como el aire, nadie se interesa hasta que alguna alteración afecta lo cotidiano. 

El idioma es fundamental (como respirar). No por común pierde importancia. Los matices de la realidad, los procesos de razonamiento, las relaciones comerciales y sociales en mucho descansan en su uso eficiente. 

Antes, su impacto era relativo pues los círculos eran locales. Hoy, su importancia se ha ampliado: gracias a la tecnología estamos conectados con los cerca de 600 millones de hablantes del español como lengua materna (más los que se sumen, pues es uno de los tres idiomas más estudiados en el mundo). 

La importancia económica de America Latina le da una singular relevancia. Eso hace que los principales productores de bienes y servicios del mundo se interesen en mejorar la comunicación mediante la comprensión con profundidad de nuestra lengua. 

En ese marco, el español de México adquiere una destacada preeminencia. Además de la importancia de nuestra economía, las modalidades que imprimimos al idioma –al trastocar, incorporar o acuñar vocablos– tiene influencia y repercusiones tanto en el diccionario oficial como el uso cotidiano en otros países (el vocablo menso era casi de uso exclusivo de nuestro país hasta que se internacionalizó El Chavo). Por otra parte, somos el país de habla hispana más poblado del mundo (curiosamente, Estados Unidos de Norteamérica es el segundo y la modalidad imperante es la mexicana).

Si lo anterior fuera insuficiente para valorar su peso, consideremos al idioma como el instrumento para acercarnos a la realidad. Cada vocablo –independiente si tiene referencia material o no– es una forma de conceptuar la realidad. Independiente del enfoque feminista, al Sol se le considera masculino, fuerte, imponente, porque tanto en América Latina como en España tiene una presencia y fuerza destacada. En otros idiomas, particularmente en los nórdicos, la Luna suele ser de género masculino porque su presencia es mayor a causa del eje de rotación, que le da mayor presencia que al Sol. 

Por supuesto, las lenguas nativas mezcladas con el español también han dado sesgos muy particulares. No tiene la misma connotación comportarse de forma escandalosa, que ser calificado de mitotero. Este último vocablo es de origen náhuatl y describe no solo al ruidoso, caracterizado por muchos aspavientos, sino también al chismoso, incluso proclive a la búsqueda de enredos. 

También abordó ortografía, ortotipografía, gramática y barbarismos. Evitó lo más posible el sesgo académico para hacer más accesible la información. 

Ningún tema es sostenible en los medios sin consumidores. Chispitas de lenguaje llega a un mil colaboraciones gracias a usted. Estoy muy agradecido.


sorianovalencia@hotmail.com

Foto de portada: Alexander Schimmeck (@alschim) / Unsplash.



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