El fascismo hoy / III y último

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El fascismo hoy / III y último

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México justo, libre y soberano*

Miércoles 22 de abril de 2026

Estados Unidos: decadencia, crisis y neofascismo 

Si bien puede afirmarse que Estados Unidos sigue siendo una potencia económica, científica, tecnológica y militar, su poder va en descenso, lo que ha intensificado la desesperación por recuperar su predominio a través de un imperialismo fuertemente agresivo y que se sustenta sobre todo en el poder militar; es evidente que busca decididamente apropiarse de otras regiones del mundo para recuperarse, situación que lo vuelve sumamente peligroso e implica el riesgo de una guerra mundial que hoy, con el desarrollo del armamento y las tecnologías, representa un peligro para la humanidad en su conjunto.

Con Donald Trump como presidente, el problema para los pueblos se agrava porque, además del neofascismo, enfrentamos una ofensiva del imperialismo renovado por la desesperación de las clases dominantes que han visto disminuir su poder ante el ascenso de países como China.

Y es que, en efecto, hoy Estados Unidos ha visto disminuir su importancia en el terreno económico y enfrenta numerosos problemas. Baste mencionar que mientras en 1950, ese país abarcaba aproximadamente el 40% de la producción industrial del mundo, hoy sólo alcanza entre el 16 y el 18 por ciento. China, en cambio hoy genera el 28 por ciento de la producción industrial mundial.

Estados Unidos es además el mayor deudor del mundo: el saldo de su deuda ya rebasó los 38 billones de dólares (38 millones de millones) y sus acreedores mayores son Japón y China; en lo comercial, hoy tiene una balanza deficitaria de alrededor de 918 mil millones de dólares. 

El neofascismo de hoy comparte con el fascismo clásico de los treintas su carácter violentamente autoritario que tiene como ideología al racismo. Como puede verse en el caso de Estados Unidos, con Trump a la cabeza, practica un ultranacionalismo agresivo y expansionista. Al igual que la Alemania nazi, identifica a un sector de la población como culpable de la situación crítica que vive la nación, sólo que ahora no son los judíos, que hoy se substituyen por el resto de la población mundial no blanca ni anglosajona, de manera especial el mundo subdesarrollado y, al interior de ese país, los migrantes y las minorías no blancas. Como algo paradójico, los judíos sionistas hoy son sus aliados.  

El neofascismo de hoy está sustentado por el gran capital financiero, como es evidente en el caso del millonario Trump; al mismo tiempo, logra movilizar a una masa de trabajadores manipulados por discursos mentirosos que hoy cuentan con la difusión masiva de los medios y las redes sociales. En el terreno de la economía recurre al proteccionismo, esto es, a establecer barreras al capital extranjero y a las importaciones, o sea, al establecimiento de aranceles y otras medidas que exacerban la competencia entre naciones, lo que constituyó una de las causas principales de la Segunda Guerra Mundial.

En Estados Unidos, sobre todo en los periodos presidenciales de Donald Trump, se advierten, cada vez de manera más notoria, varios signos característicos del fascismo, entre los que pueden citarse: el militarismo, el supremacismo y el racismo, culpar a otros países y a los migrantes latinoamericanos y caribeños de sus problemas internos, arrogarse el “derecho” a imponer su voluntad mediante la fuerza, control policiaco de su población, represión y ataques a los diferentes, la intención de modificar su historia como nación para ocultar etapas oscuras de su pasado, la prohibición de ciertas manifestaciones culturales y literarias que considera peligrosas para mantener el poder de su clase dominante, por citar algunos. Habría que citar que, aunque Trump cuenta con no pocos seguidores ultraderechistas, ese grupo no se considera un movimiento de masas que opere paralelamente a las fuerzas policiaco-militares, sobre todo porque una gran parte de la población estadounidense se ha manifestado contraria a su conducción de este país.

Advertencias y qué hacer

Actualmente existe la tendencia de calificar como fascista a las personas, grupos o gobiernos reaccionarios o de derecha. Tal calificación puede confundir y evitar la comprensión de lo que caracteriza al fascismo y, por tanto, desviar o hacer inoperantes los esfuerzos en la lucha contra ese fenómeno.

Igualmente, entre una buena parte de la población se tiene la idea de que las agresiones de todo tipo que se lanzan contra casi todos los países del orbe y contra el propio pueblo de Estados Unidos desde el gobierno asentado en Washington obedecen al capricho o locura de un solo hombre. Esto no es así, todo lo contrario, son parte de la estrategia diseñada por un grupo de personajes e instituciones estadounidenses que a lo largo de las últimas décadas han estado promoviendo y construyendo el andamiaje ideológico, cultural y político tendiente a sustituir al neoliberalismo por una política claramente neofascista, ante su fracaso en el propósito de detener la pérdida de su hegemonía económica y militar.

Las circunstancias son hoy muy diferentes a las que predominaban en el mundo hace cien años. Los cambios científicos y tecnológicos son formidables, desafortunadamente no todos han sido favorables para la mayoría de la población y, por el contrario, algunos de ellos se han convertido en potenciales instrumentos para apoyar las intenciones de los movimientos fascistas, destacando entre ellos el poderío militar, destacadamente el nuclear, la denominada inteligencia artificial y la hipercomunicación a la que conducen las redes sociales. La lucha antifascista tiene en las redes un campo de batalla que es necesario abordar. 

Históricamente el fascismo ha exhibido, por su naturaleza expansionista y autoritaria, un carácter profundamente injerencista, considerando legítima su intervención en los asuntos internos de otras naciones para imponer su visión ideológica, garantizar sus intereses estratégicos o expandir su influencia territorial. Regímenes fascistas como el de Mussolini en Italia o el de Hitler en la Alemania nazi no sólo suprimieron la soberanía y las libertades dentro de sus propios países, sino que extendieron su control mediante invasiones, golpes apoyados desde el exterior y ocupaciones militares bajo discursos de liberación nacional, de poner en orden los gobiernos locales o de superioridad racial, entre otros.

Está claro, el enemigo es el imperialismo y ahora éste ha decidido enderezar su acción en contra de los pueblos a través de un movimiento manifiestamente fascista que ha venido creando y recreando en las últimas décadas. Por ello, ante el injerencismo del gobierno de Estados Unidos que atenta contra la soberanía de las naciones latinoamericanas, la respuesta debe tener también un carácter antimperialista y en particular antifascista.

Entre otras tareas concretas están las siguientes:

  • Apoyar a los movimientos contra la guerra y en favor de la paz.
  • Denunciar la política de exterminio en el Oriente Medio, particularmente el del pueblo palestino.
  • Denunciar la agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán.
  • Promover la vinculación entre quienes de alguna manera luchan contra el fascismo y el neofascismo.
  • Explicar y destacar la migración como un derecho de los pueblos, además de ser una consecuencia de la profunda desigualdad generada por el imperialismo.
  • Difundir los logros de los gobiernos progresistas latinoamericanos a través de programas sociales y económicos distintos a los que pretenden imponer los organismos internacionales, resaltando la importancia del uso soberano de nuestros recursos naturales.
  • Comprender la importancia que en el enfrentamiento contra el fascismo tiene la lucha en los terrenos ideológico, cultural y cognitivo y, en este sentido, contribuir a exaltar los valores de los latinoamericanos sustentados en sus pueblos y sus culturas originarias, como una manera de impedir su articulación.
  • Entender y dar a conocer la afectación provocada por el neofascismo en los derechos y las condiciones de vida del pueblo estadounidense.
  • Intentar un análisis de cómo se da este fenómeno en nuestro país, el que, aun sin estar extendido o con influencia en sectores considerables de la población, existen grupos con esa filiación y otros en los que se incuba. Conviene identificar a esos grupos, sus vínculos y el papel que desempeñan las cúpulas de la oligarquía y las religiosas. 

En la lucha contra el fascismo, para prevenir su aparición y desarrollo es de suma importancia la organización y la unidad del pueblo en torno a un proyecto de país que privilegie los intereses y aspiraciones de la mayoría de la población, que incluya a estratos medios y segmentos pequeñoburgueses con posiciones progresistas y nacionalistas, además de atender las causas de fondo que son su origen, por lo que es imprescindible su contenido anticapitalista y antimperialista.[10]


Nota:

[10] Aprovechamos para reiterar la invitación a promover la creación de un frente antiimperialista y antifascista. Por un México Justo, Libre y Soberano, Llamamiento a construir un Frente Popular Antiimperialista y Antifascista.


* Por un México Justo, Libre y Soberano

Alfonso Díaz Rey, Agustín Ramírez Agundis, Manuel de la Torre Rivera, Eduardo Ocampo, Magdalena Galindo, Carmen Galindo, Cecilia Madero, Gastón Martínez Rivera, Ana Francisca Palomera, Sandra Céspedes Cruz, Rosa Elena López Escalera, Miguel Ocampo, Fernando Ruiz Noriega, Ignacio López Amezcua, Ignacio Medina.

Imagen de portada: Donald Trump. | Foto: Gage Skidmore / Wikimedia Commons.



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