Trump, el petróleo y China
SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey* / SomosMass99
Viernes 10 de abril de 2026
En el intento por frenar su decadencia, la estrategia de Estados Unidos está centrada en debilitar y eliminar a China como competidor en todos los aspectos. Una forma de lograrlo sería restringir al país asiático el acceso a energéticos, específicamente al petróleo, del que depende grandemente.
Bajo la anterior consideración se puede entender con mayor claridad el comportamiento de la política exterior estadounidense con respecto a Venezuela e Irán. Con el control del petróleo de las monarquías del Golfo Pérsico, de Venezuela e Irán, abastecedores importantes de China hasta hace poco tiempo, obligaría a este país a depender casi exclusivamente del petróleo de Rusia.
Por otro lado, como parte de su estrategia de dominio mundial, Estados Unidos busca la manera ─hasta ahora infructuosamente─ de romper las relaciones de amistad y cooperación que en múltiples aspectos existen entre China y Rusia, con la intención de aislarlos y, después, enfrentarlos por separado.
Envalentonados por el resultado de su intervención en Venezuela y el secuestro de su presidente, el grupo de halcones y la oligarquía vinculada al complejo militar-financiero-industrial que despachan en la Casa Blanca, con el desquiciado Trump a la cabeza, decidieron ir por el siguiente objetivo: Irán.
Para su nueva aventura contaron con Israel, país que además de ser la mayor potencia militar en la región, se caracteriza por un ilimitado expansionismo, un enfermizo racismo y un supremacismo por designio «divino», en los que se basa para construir y alcanzar el mito-mentira de El Gran Israel, para dominar esa región del planeta.
No obstante el poderío militar conjunto de Estados Unidos e Israel, y la táctica empleada (un cobarde ataque en el contexto de negociaciones, asesinato de dirigentes políticos y de población civil ─niñas y niños incluidos─, destrucción de infraestructura civil; todo ello sin mediar declaración de guerra) a los agresores les falló el cálculo. Creyeron que con el asesinato de los máximos dirigentes políticos de Irán podrían rápidamente provocar un cambio de régimen por uno alineado a los intereses de Washington. Y fracasaron.
El origen de ese fracaso, hasta el momento, tiene que ver con el nivel de organización de la dirigencia política y del pueblo iraní, la preparación para el tipo de guerra que les impusieron, la férrea resistencia a los agresores y la firma convicción en la defensa de su soberanía, entre otros factores. Ello, no obstante la constante amenaza de exterminio.
La resistencia del pueblo iraní y el tipo de respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel han ocasionado una seria disminución de la capacidad defensiva de los agresores (bases e instalaciones militares de EU e Israel dañadas, reducción de medios defensivos), afectación económica a nivel mundial por el cierre del Estrecho de Ormuz, alto costo económico para los contribuyentes estadounidenses; además se generó una elevada oposición internacional a la agresión contra la república islámica.
Por otra parte, la errática, impredecible y peligrosa conducta de Trump y halcones que lo acompañan conduce al gobierno de Estados Unidos a una pérdida de credibilidad y aceptación interna en un año de elecciones legislativas que pueden marcar el futuro del presidente y sus secuaces.
A más de 40 días que inició la agresión y de infinidad de veces que Trump proclama su triunfo y deja ver la necesidad de retirarse del conflicto, la realidad muestra que no hay un triunfador y sí un enorme fracaso táctico, estratégico, político, diplomático y económico que afecta principalmente a Estados Unidos.
De cierto modo puede decirse que quienes han resultado ganadores en este irracional conflicto son, paradójicamente, los países que Estados Unidos considera sus enemigos: China y Rusia, quienes, aparentemente, se han mantenido al margen del problema.
El peligro continua ─aun con la esperanza que da la frágil tregua de dos semanas con la que Trump posterga su amenaza de extinción a la civilización persa─ porque la crisis de la que pretende salir Estados Unidos se agrava en vez de atenuarse, lo mismo que su proceso de decadencia.
Encontrar la vía que asegure una paz duradera para quienes habitamos este planeta dependerá, además del rechazo internacional masivo y generalizado a la guerra, de la acción responsable de los pueblos, de manera especial del estadounidense, que es el único que puede ─y debe─ corregir la caótica y peligrosa actitud de su gobierno y la elite económica dominante.
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Xi Jinping y Donald Trump en una gráfica de noviembre de 2017. | Foto: Kyodo / South China Morning Post.
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