El retroceso republicano en Florida y su impacto en la política de EE.UU. hacia Cuba
SOMOSMASS99
Gabriel Vera Lopes*
Viernes 6 de noviembre de 2026
La ajustada disputa electoral en un estado clave para la política de Washington hacia la isla refleja posibles cambios en el electorado cubano y latino, señala analista.
Pocas noches han dejado una derrota política tan significativa como la que sufrió el Partido Republicano en las elecciones de medio término. El gobierno de Donald Trump sufrió un verdadero desplome: a la habitual pérdida de escaños del oficialismo en la Cámara de Representantes en este tipo de elecciones —una tendencia que se repitió en 18 de las 20 contiendas celebradas desde 1946— se sumó la pérdida del control del Senado y una serie de derrotas difíciles de imaginar en estados como Texas, Kansas, Ohio, Iowa y Carolina del Sur.
En Florida, los resultados encendieron las alarmas: aunque los republicanos lograron imponerse, lo hicieron por un margen estrecho que los dejó contra las cuerdas. Con un mapa electoral mucho más competitivo que el de los últimos años, los demócratas avanzaron en zonas urbanas y en varios condados de mayoría latina.
A pocas millas de Florida, en Cuba, las elecciones se siguieron con particular atención. La isla atraviesa uno de los momentos de mayor hostilidad de Washington en los últimos años: desde enero, Estados Unidos ha impuesto una política de asfixia energética y reforzado su guerra económica contra el país.
Florida y la política contra Cuba
Las dinámicas de la política estadounidense hacia Cuba tienen en Florida uno de sus principales escenarios, explica Alejandra García Elizalde, analista y periodista internacional cubana. Allí, afirma, “viven y lucran quienes hacen de la industria del odio hacia Cuba un negocio”.
La analista vincula el peso de estos grupos con la herencia de figuras que promovieron acciones contra la Revolución cubana. Se trata de “la herencia que dejaron los terroristas que fueron apadrinados y protegidos por Estados Unidos, como Luis Posada Carriles y Orlando Bosch”. Estos sectores han impulsado el derrocamiento del gobierno cubano por distintas vías, desde acciones terroristas hasta el lobby político y económico contra la isla.

“Durante décadas, este estado ha marcado el rumbo de las políticas de Estados Unidos hacia la isla, caracterizadas por el odio, el anticastrismo y el anticomunismo. Estos elementos han permeado y definido la estrategia de Trump. Florida es una de las principales usinas de la ultraderecha en el continente”, sostiene.
La influencia del estado también se extiende al resto de la región. Las comunidades de origen cubano, venezolano, colombiano, nicaragüense y haitiano representan más del 25% de la población de Florida, un peso demográfico que ha dado especial relevancia electoral y mediática a las políticas de Washington hacia América Latina y el Caribe. “Es donde se define buena parte de las políticas de los republicanos hacia América Latina y el Caribe”, apunta.
En ese contexto, el resultado de las elecciones supone un revés para un partido que había consolidado su predominio en Florida durante los últimos años. En 2022, Ron DeSantis y Marco Rubio ganaron con ventajas de entre 16 y 19 puntos. Dos años después, Donald Trump se impuso en el estado por 13 puntos. Esta vez, en cambio, los republicanos obtuvieron alrededor del 50% al 51% de los votos en las disputas por la gobernación y el Senado, mientras que los demócratas se acercaron al 48% y 49%.
El retroceso también se reflejó en las elecciones a la Cámara de Representantes. Los congresistas republicanos de ultraderecha Mario Díaz-Balart, Carlos Giménez y María Elvira Salazar, los tres de origen cubano y entre las voces más influyentes en Washington a favor de endurecer las sanciones contra Cuba, lograron la reelección, pero por márgenes muy estrechos. Salazar obtuvo el 50,2% de los votos frente al 49,8% del demócrata Eliott Rodríguez en el Distrito 27, que incluye buena parte de Miami. La diferencia fue tan ajustada que los demócratas pidieron un recuento. Díaz-Balart, en tanto, retuvo el Distrito 26 con el 49,9% de los votos, frente al 49,1% de Nicole Lucklin.
Cambios en la diáspora
Para García Elizalde, estos resultados muestran que “las políticas de odio hacia Cuba ya no tienen la misma simpatía entre la comunidad cubana en Estados Unidos”. Aunque considera que todavía es pronto para saber si este retroceso se traducirá en cambios concretos en la política de Washington hacia la isla, identifica señales de una posible transformación en la percepción de la diáspora.
“Es posible que esté produciéndose un cambio en la percepción de la diáspora latinoamericana y, especialmente, de la cubana sobre lo que está pasando con Cuba”, afirma.
Muchos integrantes de esa comunidad son descendientes de cubanos que mantienen familiares en la isla y conocen de cerca las dificultades que atraviesa la población. Sin embargo, cada vez encuentran más obstáculos para ayudarlos, visitarlos y mantener esos vínculos. A esto se suman las políticas antimigratorias y las campañas de odio y xenofobia contra quienes no son estadounidenses, que también afectan a los propios cubanos.
A ese escenario se suma el retroceso de los beneficios migratorios que durante décadas favorecieron a los cubanos que llegaban a Estados Unidos. Históricamente, esas políticas les otorgaban un trato preferencial y, en la práctica, les abrían las puertas del país si ingresaban por vía marítima o cruzaban la frontera. La situación comenzó a cambiar durante el primer mandato de Trump y se profundizó en su actual gobierno, cuando dejaron de recibir muchos de los beneficios de los que antes gozaban. Para García Elizalde, estos cambios están alimentando un debate que todavía habrá que seguir de cerca.
“Habría que seguir de cerca lo que ocurre, sin ser demasiado optimistas, pero sí estar atentos y tener presente que lo de ayer en la Florida no fue una victoria segura y tranquila para el Partido Republicano ni para esos grupos que piden una intervención en Cuba y reclaman hambre y sanciones para la isla”, remarca.
¿Una intervención militar?
Más allá del escenario electoral, García Elizalde considera que la determinación de Cuba de defender su integridad territorial es uno de los factores que podrían frenar una eventual agresión militar estadounidense.
“Un ataque militar a pocas millas del territorio estadounidense no creo que sea el verdadero interés de Washington”, afirma. El rechazo de parte de la población estadounidense a una intervención, los cuestionamientos al aumento del gasto militar y las consecuencias económicas, energéticas y humanas de la guerra en Irán son, a su juicio, elementos que también pesan en cualquier decisión de la Casa Blanca.
A esto se suma que Estados Unidos sabe que Cuba respondería ante un eventual ataque militar. En paralelo, la analista apunta a las dificultades de Washington para identificar una posible sucesión política en la isla.
“Tienen intentos desesperados por identificar una posible sucesión de lo que ellos consideran el gobierno cubano, pero no lo han logrado. La CIA está haciendo convocatorias descaradas y desesperadas para tratar de captar a personas que quieran impulsar un cambio en Cuba, porque ellos mismos no logran identificar a un posible sucesor”, señala.
El escenario, considera, seguirá marcado por las presiones económicas y políticas de Estados Unidos, frente a las cuales Cuba mantendrá una postura firme de resistencia. Por eso, no espera un cambio sustancial en la política de Washington hacia la isla, incluso después del retroceso republicano en Florida.
“Aunque no haya una confrontación militar, sí creo que continuará esa política hostil y que nada va a cambiar en ese sentido”, concluye.
* Fuente: Huellas del Sur.
Mapa de portada: Huellas del Sur.
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