El Pacto de Defensa de La Meca: ¿una nueva arquitectura de seguridad o una coalición sin enemigo?
SOMOSMASS99
Ricardo Martins*
Viernes 14 de agosto de 2026
El pacto de defensa de La Meca une a Arabia Saudí, Turquía y Pakistán en un momento en que la confianza en la arquitectura de seguridad regional liderada por Estados Unidos se ha erosionado. Los analistas regionales a los que he consultado no identifican ningún enemigo claro al que el pacto esté dirigiendo. Por tanto, su verdadera importancia puede residir en si la disuasión regional puede evolucionar hacia una nueva arquitectura de seguridad creíble y resistir su primera prueba seria.
El nuevo pacto de defensa firmado en La Meca por Arabia Saudí, Turquía y Pakistán ha sido descrito como una nueva arquitectura de seguridad regional, una "OTAN islámica", una protección contra la fiabilidad estadounidense, un elemento disuasorio iraní o una respuesta a Israel. Sin embargo, las entrevistas que he realizado con analistas regionales indican que ninguna descripción individual refleja completamente su propósito.
El acuerdo llama la atención de analistas con los que he hablado porque su importancia estratégica sigue sin resolverse. Reúne a tres países con capacidades militares, prioridades geográficas y relaciones distintas con Washington. Aunque el principio es claro—un ataque armado contra un miembro se considera un ataque contra todos—las implicaciones prácticas siguen siendo inciertas.
Una orden regional de seguridad en proceso
El embajador profesor Mohamed A. Qubaty, exministro y embajador yemení, considera el acuerdo como "el inicio de una arquitectura de seguridad regional autóctona". Desplaza el enfoque de identificar a un enemigo a una transformación más amplia: potencias regionales que buscan moldear sus propias estrategias de seguridad en lugar de depender de garantes externos.
El asesor estratégico yemení Mohammed Salem Mujawar ofrece una visión similar. Señala que Israel, Irán y los hutíes forman parte del entorno estratégico, pero ninguno debe ser señalado como único objetivo. El desarrollo clave, sugiere, es el deseo de Riad, Ankara e Islamabad de fortalecer su capacidad para moldear la seguridad regional.
Kristian Alexander, especialista regional en seguridad con base en Dubái, también rechaza la etiqueta de "OTAN musulmana". Considera que el pacto formaliza las relaciones bilaterales existentes en un marco más coherente para la disuasión colectiva. Su importancia radica en que las potencias regionales asumen una mayor responsabilidad por su propia seguridad a medida que disminuye la confianza en las garantías externas.
Esta interpretación se alinea con el contexto más amplio. Firmado el 7 de agosto tras meses de inestabilidad regional con la guerra liderada por Estados Unidos e Israel en Irán, el acuerdo reúne los recursos financieros y energéticos saudíes, la capacidad militar-industrial turca y las importantes fuerzas armadas y capacidad nuclear de Pakistán.
La autonomía puede ser el concepto clave.
No un enemigo, sino varias capas de disuasión
Mis fuentes revelaron un desacuerdo significativo sobre el objetivo previsto del pacto.
El analista paquistaní Abdul Moiz Khan, investigador en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales en Islamabad, toma la posición oficial muy literalmente: no hay un objetivo único. Para Khan, el acuerdo es defensivo y pretende disuadir a cualquier actor que considere agredir a uno de los tres estados.
Las perspectivas iraníes son especialmente reveladoras, ya que ponen de relieve la ambigüedad estratégica que subyace al idioma oficial.
Mohammadreza Mohammadi, investigador iraní en asuntos internacionales, sostiene que el pacto está dirigido tanto a Irán como a Israel, pero cree que su significado político más profundo podría ser la contención de Israel. Señala que Teherán no parece particularmente alarmado porque, según los cálculos iraníes, es poco probable que Turquía y Pakistán se enfrenten a gran escala ni con Irán ni con Israel.
Ali Mohebi, analista político iraní especializado en política exterior y relaciones transatlánticas, va más allá. En su opinión, Arabia Saudí está preocupada por el Eje de la Resistencia, Pakistán sigue muy centrado en India, mientras que Turquía está especialmente preocupada por Israel. Por ello, identifica a Israel como el denominador estratégico común más importante.
Seyed Mojtaba Jalalzadeh, investigador independiente iraní, ofrece una formulación matizada: el pacto es un mecanismo de equilibrio multidireccional. Irán y los grupos armados alineados con Irán, incluidos los hutíes, siguen siendo consideraciones importantes; Israel también forma parte de la ecuación disuasiva, pero Estados Unidos no es un enemigo. En cambio, el pacto se protege contra la dependencia excesiva de Washington.
Esta ambigüedad estratégica hace que el pacto sea inusual. La ambigüedad permite que cada miembro interprete el arreglo basándose en su propia percepción de amenaza.
Yemen, el Mar Rojo y la prueba de credibilidad
En este punto, el acuerdo pasa de la teoría geopolítica a la realidad operativa.
El embajador Qubaty identifica Yemen y Bab el-Mandeb como la prueba potencialmente decisiva. La seguridad marítima, argumenta, no puede separarse en última instancia de la seguridad territorial. Proteger el transporte marítimo es una cosa; estabilizar el territorio del que surgen amenazas es otra.
El problema ahora es práctico. La seguridad de los hutíes y del Mar Rojo presenta un escenario en el que el pacto podría ser puesto a prueba sin un conflicto convencional entre Estados.
La cuestión central no es si Irán, Israel o los hutíes son el "objetivo" de este pacto, sino si los tres gobiernos actuarían colectivamente si uno fuera atacado.
Mojtaba Jalalzadeh señala que el acuerdo carece de una estructura de mando conjunto funcional, una doctrina operativa coherente y reglas claras para activar la defensa colectiva. Por ahora, es mejor verlo como un marco para la disuasión colectiva que como una alianza militar totalmente institucionalizada.
Mohammad Khatibi, analista iraní de política exterior y periodista de radiodifusión, llega a una conclusión similar. La importancia del pacto dependerá de si se establecen el intercambio de inteligencia, la defensa aérea, los ejercicios conjuntos y las condiciones prácticas para la intervención militar. Los miembros tienen prioridades diferentes: Pakistán se centra en India, Turquía persigue su agenda regional e Israel, y Arabia Saudí se preocupa principalmente por Irán, los hutíes y potencialmente Israel.
Esa es la paradoja central del acuerdo de La Meca. Puede ser estratégicamente importante precisamente antes de convertirse en una alianza militar.
El valor inicial del pacto está en aumentar el coste percibido de atacar a cualquier miembro. Sin embargo, la disuasión solo es efectiva si los adversarios creen que la respuesta amenazada es creíble.
La verdadera prueba no será otra cumbre o comunicado, sino la primera crisis seria.
Si un misil hutí sigue amenazando territorio saudí, si Israel y Turquía entran en confrontación directa, o si el conflicto llega a Pakistán, ¿actuarán juntos Ankara, Riad e Islamabad?
Hasta que se responda a esa pregunta, el pacto de La Meca no es ni una nueva OTAN ni solo una declaración simbólica. Sigue siendo un experimento fluido en ausencia de credibilidad estadounidense, una búsqueda de autonomía estratégica regional y su credibilidad será puesta a prueba cuando la disuasión falle.
* Ricardo Martins – Doctor en Sociología, especialista en política europea e internacional, así como en geopolítica.
Fuente: New Eastern Outlook.
Imagen de portada: New Eastern Outlook.
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