El fascismo hoy / II

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El fascismo hoy / II

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México justo, libre y soberano*

Martes 21 de abril de 2026

Crisis del capitalismo y el fascismo hoy: el neofascismo

La crisis que el capitalismo padece desde hace más de medio siglo, que se manifiesta y golpea en todos los órdenes de la vida, se conjuga con un proceso irreversible de decadencia del sistema ─el cual se observa con mayor claridad en su potencia hegemónica, Estados Unidos─ y acrecienta la lucha de clases, contexto en el que, de manera general, ocurren avances de las fuerzas de extrema derecha y la adopción, por parte de las clases dominantes, de posiciones que pueden caracterizarse como neofascistas. 

Es necesario recalcarlo, la crisis del capitalismo es de carácter estructural y se manifiesta de manera cada vez más profunda. Sin embargo, el fascismo aunque surge en el marco de la crisis, su principal detonante es la intensificación de la lucha social y de clases tanto en el plano nacional como en el mundial. 

Eso es lo que está presente hoy. Por una parte, el sistema capitalista en su conjunto atraviesa por una crisis de carácter general que se expresa en el campo de la economía (sucesión ininterrumpida de crisis, facultades de economía convertidas en escuelas de negocios, surgimiento de criptomonedas propensas a fraudes, intensificación del papel determinante del capital oligárquico amparado en instituciones supranacionales  y agencias calificadoras incapaces de regular su acción depredadora), en el del desarrollo social (privatización de los servicios de salud, de educación en todos sus niveles y de vivienda social, deterioro salarial, pensionario y de otros derechos laborales), en el de la ecología (afectación de la biodiversidad de todo tipo, agotamiento de acuíferos, calentamiento global, frecuentes fenómenos meteorológicos extremos, incendios forestales devastadores), los de la filosofía, las artes y las humanidades (relegadas en los planes de estudio y en los proyectos de investigación, el abandono de la lectura en calidad y cantidad, la preponderancia de influencers en el conocimiento y distorsión en la comprensión del mundo), en el de la tecnología (avances vertiginosos que ensanchan las desigualdades entre países y regiones, carencia o insuficiencia de medidas regulatorias en la biotecnología, la robótica, la medicina y la inteligencia artificial, y el uso truculento de esta última por los medios de comunicación y la industria de espectáculos), entre otros.

Por la otra, la imposición del neoliberalismo[8], como una política económica para enfrentar la crisis estructural que está presente desde finales de los años sesenta del pasado siglo, agudizó la lucha de clases que se desenvuelve de manera cada vez más intensa, así sea consciente o, en mayor medida, inconsciente. El neoliberalismo contribuyó a la puesta en práctica de procesos de deshumanización de la sociedad y de grave deterioro del medio ambiente. Como respuesta se han ido gestando mecanismos de defensa y resistencia social que se concretan en la movilización popular, la organización sindical y comunitaria, la defensa de los territorios y bienes comunitarios, así como en la construcción de formas alternativas de producción social basadas en la cooperación y la solidaridad. Estos mecanismos no sólo han buscado contener los efectos más destructivos del neoliberalismo, sino también cuestionar sus bases estructurales, al reivindicar el papel del Estado, la soberanía popular y el derecho de los pueblos a definir proyectos de desarrollo orientados al bienestar colectivo y a la preservación de la naturaleza, así como considerar la migración como un derecho humano. A ello se suman la resistencia antimperialista expresada en gobiernos progresistas, reformas constitucionales, reconocimiento de derechos de la naturaleza y ampliación de derechos sociales, así como la producción crítica de conocimiento desde universidades, movimientos sociales y pensadores comprometidos, que demuestran la ilegitimidad del neoliberalismo y han abierto el debate sobre modelos de desarrollo alternativos.

En un contexto internacional caracterizado por el avance de las fuerzas de la derecha en muchos países, hoy las potencias imperialistas buscan formas de superar la crisis y frenar su decadencia, por lo que han creado un ambiente en el que predominan el militarismo, ansias expansionistas, la intromisión, el despojo descarado, las amenazas de todo tipo, la imposición unilateral de medidas coercitivas y de diversa índole que son una clara violación a la soberanía de los pueblos. Todo ello con la presencia de rasgos, actitudes y prácticas que semejan a las que caracterizaron al fascismo y nazismo de la época entre las dos guerras mundiales, destacando la violencia.

El avance de la derecha en nuestro continente puede observarse en los casos de Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Honduras o El Salvador y, por supuesto, Estados Unidos. Pero no sólo en este lado del mundo, también está presente en Europa, por ejemplo, en Italia, donde la primera ministra, Giorgia Meloni, ha manifestado abiertamente su admiración por Mussolini, o se han visto fotos que muestran a soldados ucranianos con la suástica impresa en sus cascos.

No obstante, la mayoría de los regímenes políticos de derecha y ultraderecha que han arribado al poder lo han hecho por la vía electoral. Ello es indicativo de errores e incapacidad de las fuerzas progresistas y de izquierda para actuar o explicar una realidad que ha producido descontento e inconformidad, lo que creó las condiciones para el avance de fuerzas y posiciones reaccionarias que permearon en buena parte del electorado, sobre todo en los segmentos más jóvenes. Sin embargo, es necesario también tener en cuenta la acción del imperialismo tendiente a incidir en los procesos electorales a través del apoyo a los partidos y organizaciones de derecha, ya sea de manera soterrada o abiertamente.[9]

Un caso que ejemplifica crudamente al neofascismo actualmente es el de Israel. El genocidio contra el pueblo palestino ─en Gaza, principalmente─ y en general la política del Estado sionista contra Palestina y sus vecinos islámicos es prueba de su carácter fascista.

Otro caso es Ucrania. A raíz del golpe de estado de 2014 grupos paramilitares de franca filiación nazista son utilizados por el Estado para reprimir a la población con ascendencia y cultura rusas.

Habría que considerar que hasta el presente, el neofascismo no ha logrado conformar movimientos de masas ─similares a los del nazismo alemán o al fascismo italiano previos a la Segunda Guerra Mundial─ en los que se apoye para tomar y mantener el poder político; más bien utiliza, de manera general, la superestructura del Estado e instrumentos en poder de la burguesía (como los aparatos jurídico y legislativo, el sistema educativo, los medios de difusión y [des]información, los mecanismos represivos del Estado burgués o los que crea para dominar mediante el terror, por citar algunos). 

Con respecto a lo anterior y dada su estrecha vinculación con las relaciones de producción dominantes, mención especial merece el sistema educativo, mecanismo mediante el cual se transmite, difunde ─y de cierto modo se impone─ una visión del mundo y la realidad favorable a los intereses del capital, con la finalidad de crear consenso, legitimidad y una situación de conformidad social que permitan a la clase dominante ejercer y mantener su hegemonía. Mas en la educación, además de la escuela, directa o indirectamente intervienen otros factores, entre los que pueden citarse: la religión, las tradiciones, la ideología dominante, la publicidad, los medios de difusión ─prensa, radio, televisión, cine, redes sociales─, cierto tipo de organizaciones sociales, culturales, deportivas y sindicales, factores que en conjunto contribuyen a la construcción de una visión del mundo y la realidad.


Notas:

[8]  Surgió en la época de la primera posguerra del pasado siglo, cuando se gestaba la crisis capitalista que estalló en 1929. En esa época se debatían dos posiciones para enfrentar la crisis: una, sustentada en las teorías económicas de John Maynard Keynes (1883-1946) y la otra, en las de Friedrich Hayek (1899-1992). Keynes sostenía que la intervención del Estado era necesaria para corregir las deficiencias del sistema; Hayek proponía eliminar la intervención estatal en la economía y dejar que las fuerzas del mercado se encargaran de esas correcciones. Las condiciones políticas y económicas y evitar la agudización de la lucha de clases operaron en favor de la posición de Keynes.

Concluida la guerra, y ante la necesidad de restaurar la enorme destrucción que provocó, en un breve periodo conocido como del Estado Benefactor se dieron ciertos avances en conquistas laborales y políticas sociales, acompañadas por el reforzamiento de la ideología burguesa que presentaba al capitalismo como un sistema de generación constante de bienestar; sin embargo, las leyes objetivas que lo rigen, sus contradicciones y la realidad sacaron a flote sus limitaciones, lo que dio aliento nuevamente a las ideas de Hayek, aún vivo, que se habían mantenido al acecho y desarrollándose en círculos académicos. La crisis que venía gestándose en la segunda posguerra, que se manifestó en la segunda mitad de la década de los sesenta del pasado siglo y afecto todas las estructuras del sistema capitalista, dio paso a la teoría de Hayek para enfrentarla, por lo que, dadas las circunstancias, recurrió a la única forma posible: la mayor explotación de la naturaleza, los pueblos y los trabajadores. Y se implantó el neoliberalismo.

[9] Sólo para ejemplificar, la administración Trump mantuvo una permanente e intensa intromisión en el reciente proceso electoral hondureño que culminó con el indulto al expresidente Juan Orlando Hernández, condenado en Estados Unidos a 45 años de prisión por narcotráfico y posesión ilegal de armas. Esta acción fue calificada por la abogada Ana Pineda (directora ejecutiva de la Fundación Sin Fronteras) como un “trueque cínico” y un “acto intervencionista” que constituye una violación flagrante de “la soberanía popular y la autodeterminación”.


Por un México Justo, Libre y Soberano

Alfonso Díaz Rey, Agustín Ramírez Agundis, Manuel de la Torre Rivera, Eduardo Ocampo, Magdalena Galindo, Carmen Galindo, Cecilia Madero, Gastón Martínez Rivera, Ana Francisca Palomera, Sandra Céspedes Cruz, Rosa Elena López Escalera, Miguel Ocampo, Fernando Ruiz Noriega, Ignacio López Amezcua, Ignacio Medina.

Imagen de portada (ilustrativa): Asalto de simpatizantes de Donald Trump al Capitolio, Washington D.C., el 6 de enero de 2021. | Foto: Tyler Merbler / Wikimedia Commons.



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