El eje Washington-Tel Aviv en América Latina: Joseph Humire y la Nueva Doctrina de Contrainsurgencia
SOMOSMASS99
Valeria Duarte Galleguillos*
Jueves 1 de octubre de 2026
La Doctrina de Seguridad Nacional de EE. UU. ha sido desplegada una vez más en América Latina y el Caribe en un ejercicio de continuidad histórica que evoca los años más oscuros del continente. La premisa central del documento que estructuró el control militar sobre la región durante el siglo XX —basada en la militarización estratégica y la aniquilación del llamado enemigo interno— se está reviviendo hoy bajo la bandera del llamado Escudo de las Américas.

Apoyándose en la financiación de la Red de Policía de la Organización de Estados Americanos (OEA) y en la reactivación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, Washington está reconfigurando una arquitectura geopolítica de tutela militar que sustituye el antiguo espectro del comunismo por el espectro del narcoterrorismo y la amenaza transnacional.
En la cima política de este marco institucional está Pete Hegseth, jefe del Departamento de Guerra de EE. UU., pero el ejecutor operativo sobre el terreno es el boliviano, José Miguel Humire—o, como prefiere que le llamen, "Joseph M. Humire"—Subsecretario Adjunto de Guerra para las Américas.
Presentada en los círculos ultraconservadores de Washington como una ferviente defensora de la seguridad del hemisferio occidental, la biografía de Humire resume la amalgama de militarismo, inteligencia y redes legales que sustentan la intervención extranjera en la región.
De los Andes al Pentágono
Nacido en Bolivia y de ascendencia quechua, su trayectoria profesional le llevó desde las filas del Cuerpo de Marines en la Guerra de Irak y los ejercicios navales de Unitas hasta el liderazgo del Center for a Secure Free Society, un think tank compuesto por exmilitares centrado en contrarrestar la presencia de potencias rivales en América Latina.
A este contexto se suma su papel activo en la Federalist Society, una influyente organización de juristas conservadores vinculados al Tribunal Supremo de EE.UU., y su participación en la delegación estadounidense durante la investidura del presidente colombiano Abelardo de la Espriella, país donde permaneció para consolidar acuerdos regionales de seguridad.
Despliegue militar territorial
Los paralelismos entre este despliegue contemporáneo y la histórica Operación Cóndor son evidentes en la dinámica de las operaciones sobre el terreno. Mientras que en las décadas de 1970 y 1980, las dictaduras civil-militares perpetraron el terrorismo de Estado bajo el pretexto de la Doctrina de Seguridad enseñada en la Escuela de las Américas, la estrategia actual persigue el mismo objetivo de contención política pero ahora mediante la cesión de soberanía policial y militar por parte de países del Sur Global. Estas medidas ya se están implementando con un alto grado de subordinación y control territorial por parte de Washington.
En Bolivia, el ministro del Interior Marco Antonio Oviedo confirmó el despliegue de dos unidades policiales de élite, entrenadas por instructores estadounidenses, en lugares fronterizos estratégicos como Santa Ana en Beni y el tramo entre San Ignacio y San Matías en Santa Cruz.
Presentada en círculos ultraconservadores de Washington como una ferviente defensora de la seguridad en el hemisferio occidental, la biografía de Humire resume la amalgama de militarismo, inteligencia y redes legales que sustentan la intervención extranjera en la región.
En Colombia, Medellín fue designada como sede principal del Escudo de las Américas por iniciativa de Abelardo de la Espriella y el alcalde Federico Gutiérrez, reviviendo la lógica contrainsurgente mediante el Plan Patriota 2.0 y un nuevo centro regional de entrenamiento.
Ecuador, bajo Daniel Noboa, ha abierto sus puertas sin obstáculos a incursiones terrestres directas de las fuerzas militares estadounidenses, subordinando cualquier acción unilateral a decisiones ejecutivas de la Casa Blanca. Como declaró Humire durante su visita al país andino.
El "Factor Irán" y la convergencia con la inteligencia israelí
La trayectoria intelectual y política de Humire ha girado en torno a la construcción de una narrativa específica: la estigmatización de la República Islámica de Irán y la milicia de Hezbolá como amenazas existenciales en el continente. La piedra angular de este discurso encuentra su máxima expresión en la publicación *La estrategia de penetración de Irán en América Latina*, un texto coescrito por Humire e Ilan Berman, un analista influyente vinculado a agencias de inteligencia estadounidenses e israelíes como el Mossad.
Esta alianza entre think tanks ultraconservadores y la inteligencia exterior israelí ha buscado vincular por la fuerza a los gobiernos progresistas y de izquierdas de la región con el extremismo islámico, creando un marco para justificar la interferencia extranjera.
El caso AMIA
El uso instrumental de esta narrativa fue especialmente evidente en Argentina a través del caso AMIA—la explosión de coche bomba dirigida a la Asociación Mutua Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires en julio de 1994—y la investigación liderada por el fallecido fiscal Alberto Nisman.
Humire utilizó los informes de Nisman en múltiples apariciones ante el Congreso de EE.UU.—convocado por legisladores republicanos como Ileana Ros-Lehtinen y Jeff Duncan—para defender la idea de que existía una red encubierta respaldada por Irán con bases operativas en varios países sudamericanos.
Tras la muerte del fiscal en 2015, y basándose en informes periodísticos no verificados publicados por medios como la revista brasileña Veja, el operativo boliviano-estadounidense sugirió al Capitolio la existencia de supuestos acuerdos nucleares triangulares entre Buenos Aires, Caracas y Teherán. Esta persistente campaña mediática y judicial buscaba deslegitimar al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y promover el aislamiento internacional del bloque regional.
Bolivia y Venezuela
Las maniobras de interferencia asociadas a Humire tienen una larga historia documentada que va más allá del ámbito analítico para implicar desestabilización directa. En junio de 2006, durante el primer año de Evo Morales en el cargo, Humire fue visto en Santa Cruz de la Sierra junto a personal militar estadounidense que intentaba hacerse pasar por estudiantes, en un momento marcado por movimientos separatistas en el este de Bolivia.
Años después, en 2014, opositores al gobierno del MAS (Movimiento hacia el Socialismo), como Norma Piérola y Marcelo Antezana, se reunieron con Humire en Washington para solicitar apoyo financiero y político bajo los auspicios del senador John McCain.
La estructura del Escudo de las Américas revela una dinámica aún más profunda que la interferencia tradicional estadounidense: la externalización y triangulación de la seguridad regional a través de la inteligencia militar israelí.
En el contexto venezolano, el analista desempeñó un papel activo en la guerra psicológica y mediática destinada a aislar diplomáticamente a la Revolución Bolivariana, argumentando que la alianza del bloque ALBA con Teherán amenazaba la seguridad nacional de Washington.
Un puente entre Washington y Tel Aviv
La estructura del Escudo de las Américas revela una dinámica aún más profunda que la interferencia tradicional estadounidense: la externalización y triangulación de la seguridad regional a través de la inteligencia militar israelí.
Operativos como Joseph Humire encarnan este mecanismo híbrido en el que la doctrina del Pentágono se basa en la metodología de contrainsurgencia de Tel Aviv. Al exportar el modelo del "enemigo interno" y enmarcar la política sudamericana en el contexto de la "lucha contra el terrorismo" en Irán, Washington e Israel están convirtiendo América Latina en un laboratorio de defensa secundario.
En esta nueva arquitectura de control, figuras con vínculos directos con agencias de inteligencia extranjeras no solo moldean las políticas de seguridad locales, sino que también socavan la soberanía nacional al subordinar las fuerzas armadas de la región a un eje militar transnacional que responde estrictamente a intereses geopolíticos fuera del continente.
* Fuente: Internacionalista 360º
Fotos de portada e interiores: Vía Internacionalista 360º
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