Por Cuba
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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 1 de mayo de 2026
Desde el 1 de enero de 1959 el pueblo cubano padece el acoso del más poderoso imperio, ese que se arroga el derecho de controlar y dominar el mundo como consecuencia de un designio divino, idea a la que se oponen una parte de su sociedad y el resto de la humanidad.
La causa de tal acoso es que el pueblo cubano, a partir del triunfo de su Revolución, se sacudió la tutela imperial y decidió ser dueño de su destino, lo que le ha valido para convertirse en blanco de los ataques del imperialismo yanqui y sus lacayos que por innumerables medios han intentado doblegar a la Revolución y volver a Cuba y su pueblo a condiciones neocoloniales.
Si ejercitamos un poco la memoria, veremos que después de la Segunda Guerra Mundial ─de la que emerge Estados Unidos como potencia mundial─, salvo las luchas por la liberación e independencia de pueblos que mantenían condiciones de colonias o neocolonias, en la inmensa mayoría de conflictos bélicos, golpes de Estado (cruentos o blandos), actos que califican como terrorismo de Estado, amenazas o sanciones a países e injerencia en asuntos internos de muchas naciones, ha estado, directa o indirectamente, detrás de todo ello, la mano de ese imperio en defensa de sus intereses.
Tras la caída del campo socialista de Europa oriental y la desaparición de la Unión Soviética, al inicio de la última década del pasado siglo, se creó un escenario en el que Estados Unidos quedó como la única potencia indiscutible a nivel mundial. Los imperialistas llegaron a proclamar el «fin de la Historia», al capitalismo como el sistema económico ideal para el desarrollo de la humanidad, y a la democracia burguesa como la forma de defender la libertad y los derechos humanos.
La euforia ante tal escenario dio paso a un ambiente triunfalista entre los contrarrevolucionarios y odiadores de Cuba avecindados en Estados Unidos ─principalmente en el estado de Florida─, al grado de que hicieron planes ─y maletas─ para su regreso a la isla. Entre otras cosas, los planes contemplaban la privatización de todos los servicios sociales y la infraestructura del país, así como el establecimiento de un periodo en el cual tendrían facilidades para cazar y exterminar comunistas. Tuvieron que posponer planes y deshacer maletas, lo que acrecentó su odio, el mismo que demuestran cada vez que abren la boca o escriben algo para referirse a Cuba. Además, la condición de potencia única se evaporó con la crisis financiera internacional que se manifestó en 2007-2008.
Como los imperialistas no han podido doblegar al pueblo cubano, no obstante todo lo que han intentado, recientemente reforzaron el bloqueo económico, comercial y financiero con la imposición de un bloqueo energético, consistente en impedir a Cuba el acceso a fuentes externas para la adquisición de petróleo y sus derivados, cuyo propósito es agudizar al máximo las carencias y dificultades del pueblo para generar descontento, oposición al gobierno y «fabricar» las condiciones y pretextos que le permitan al imperialismo yanqui una intervención «humanitaria» para «liberar» a la isla.
Tal propósito no representa novedad alguna. Fue planteado el 6 de abril de 1960 y constituyó la base para implementar la expresión más cruel del acoso imperialista a Cuba: el bloqueo. En esa fecha, Lester D. Mallory, subsecretario adjunto de Estado para los Asuntos Interamericanos en el gobierno del general Dwihgt D. Eisenhower, envió a Roy R. Rubottom Jr., subsecretario de Estado Para los Asuntos Interamericanos, un memorando en el que señalaba el objetivo de las sanciones económicas que preparaban contra Cuba:
«La mayoría de los cubanos apoya a Castro. No hay oposición política eficaz […]. El único medio posible para aniquilar el apoyo interno [al régimen] es provocar el desencanto y el desaliento por la insatisfacción económica y la penuria […]. Se deben emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba […]. Una medida que podría tener un fuerte impacto sería negar todo financiamiento o envío a Cuba, lo que reduciría los ingresos monetarios y los salarios reales y provocaría el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno».
El bloqueo inició, oficialmente, el 7 de febrero de 1962, sin embargo el acoso económico, comercial y financiero, así como las acciones terroristas contra Cuba comenzaron desde el triunfo de la Revolución. En la actualidad todo ello continúa y se refuerza con nuevas sanciones, amenazas, acciones terroristas ataques mediáticos, todo con el propósito de eliminar el símbolo y el ejemplo de dignidad, soberanía e independencia en que se convirtió Cuba al triunfo de la Revolución; de ahí la importancia y la necesidad de defenderla.
En el actual contexto internacional, en el que juegan un importante papel la gravedad de la crisis estructural del capitalismo y el declive de la hegemonía de Estados Unidos, la necesidad de este país de resolver sus problemas y contradicciones internas le conduce a recurrir a amenazas, agresiones y a la guerra ─algo característico de este imperio─ para continuar, reforzar y aumentar la única manera que conoce para mantenerse: el despojo y la explotación de otros pueblos.
Por ello en estos momentos adquieren relevancia las luchas por la paz y contra la guerra, el imperialismo y el fascismo, así como la defensa de la soberanía, la independencia y la solidaridad entre los pueblos como una manera de defender la vida.
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Wikimedia Commons.
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