Los zarpazos de la bestia
SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey* / SomosMass99
Viernes 21 de agosto de 2026
El colmo del cinismo, hipocresía y mendacidad es que el gobierno de Estados Unidos niegue que exista un bloqueo contra Cuba y, por otro lado, uno de quienes esa postura sostienen, el secretario de Estado, Marco Rubio, en referencia a las sanciones de su gobierno a la isla declare que «lo que intentamos enseñarles es que no hay escapatoria».[1]
Envalentonado el imperio con el «éxito» de su aventura en Venezuela, en la que secuestró al presidente Nicolás Maduro, se lanzó a otra ─en complicidad con Israel y hasta ahora fallida─ en Irán. Su objetivo, como ya tenía el control de los otros países productores de petróleo en el Golfo Pérsico y en el contexto de su decadencia, era controlar a otro importante productor de hidrocarburos, para afectar el suministro de este energético a China, todo por recuperar su menguada hegemonía y su obsesión por el dominio mundial.
En medio de esas aventuras, el gobierno de Estados Unidos no ha cejado en su añejo intento por derrotar a la Revolución cubana y ha exacerbado su acoso a la isla con más sanciones, un bloqueo energético y amenazas de invasión. En este intento el imperialismo yanqui despliega, además, una guerra cognitiva contra Cuba, con la que pretende, precisamente, imponer la narrativa de que los problemas que padece son causados por la ineficiencia del gobierno y su sistema político-económico y no al acoso, sanciones, agresiones y al bloqueo ─que para los odiadores de la Revolución no existe─ que padece el pueblo cubano desde el triunfo de la Revolución.
Tal visión de los imperialistas yanquis niega su culpabilidad en los problemas de la Mayor de las Antillas, así como el papel que desempeñó el memorando secreto[2] de Lester D. Mallory ─Vice Secretario de Estado Asistente para los Asuntos Interamericanos─, quien el 6 de abril de 1960 sentaba los fundamentos del bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos impuso oficialmente a Cuba el 3 de febrero de 1962 mediante la Orden Ejecutiva 3447, firmada por el presidente Kennedy, con la que se formalizó el «embargo» del comercio entre Estados Unidos y Cuba.
Tal medida y la legislación creada para sustentarla tienen, como todo mundo sabe, aplicaciones e implicaciones extraterritoriales, es decir, que afectan a otros países en sus relaciones comerciales y diplomáticas con Cuba, lo cual contribuye a agravar los efectos del acoso imperialista, además de violar la soberanía de muchos países.
Dado que durante más de 67 años esa política de acoso, no obstante las grandes dificultades y daños que ha causado al pueblo cubano, no ha logrado su objetivo, el gobierno yanqui, desde la primera administración de Donald Trump, la ha recrudecido al grado de catalogar a Cuba como una amenaza «inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional de su país, excusa para el despliegue de las más variadas formas de agresión, con acciones típicas de una guerra, contra la isla caribeña.
Todo ello sucede por el simple hecho de que a partir del triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, el pueblo cubano rompió las cadenas del neocolonialismo que lo ataban al imperio yanqui y, en ejercicio de su soberanía, decidió ser el dueño de su presente y futuro. Ese fue su grave «error», enfrentar al poderoso y decidir caminar por una vía diferente de la que el imperio señalaba a los pueblos bajo su control, convirtiéndose en ejemplo de resistencia, dignidad y soberanía.
Y el imperio, sintiéndose con el derecho de imponer sus reglas sobre los pueblos y territorios de este continente, resultado de su supremacismo y racismo reforzados por la «Doctrina Monroe» y la «Doctrina del Destino Manifiesto», utiliza su poder e injerencismo para imponer gobiernos dóciles en los países de esta zona del mundo y para presionar de diferentes formas a los que aún tienen gobiernos que no se pliegan totalmente a sus designios.
Y como Cuba, un pequeño país subdesarrollado, con escasos recursos naturales muestró que es posible sacudirse la tutela del imperio y lograr beneficios y avances para su pueblo, por ello se convirtió en un mal ejemplo que debe ser eliminado, por haberse convertido en un obstáculo a la «libertad» y la «democracia» que le conviene imponer a Estados Unidos para ejercer su dominio total en este continente.
Por ello es tarea urgente de nuestros pueblos encontrar las formas de organización y la unidad que le permitan enfrentar al decadente imperio y aspirar a que cada vez más pueblos latinoamericanos y caribeños puedan decidir su destino por sí mismos.
Notas:
[1] La Jornada, 8 de agosto de 2026, p. 17
[2] «La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno».
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato; del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba; y del colectivo México Libre, Justo y Soberano.
Imagen de portada: Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos. | Caricatura: DonkeyHotey Flickr.
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