La OSUG y la autocomplacencia

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La OSUG y la autocomplacencia


SOMOSMASS99

Iván Arellano Naranjo / SomosMass99

Jueves 7 de mayo de 2026


                                                                Gozo

                                                                Siento la fiebre

                                                                de esta

                                                                 luz plena.

                                                                 Recibo este día

                                                                 como el fruto

                                                                 que se dulcifica.

                                                                        - Giuseppe Ungaretti (1888-1970)


La gran mayoría de los músicos no lo sabían, que la relación con la Universidad había cambiado. La relación de subordinación desapareció. Durante los últimos años del siglo XX y los primeros del siglo XXI, la orquesta exigía de cada uno de ellos un compromiso y participación más activa. La “normalidad” de otros tiempos dejó de existir, la vida rutinaria y monótona de ir al ensayo a las diez de la mañana y regresar a casa como si nada, sin ver temas sobresalientes, terminó con José Luis Castillo. Lo habitual, lo cotidiano son las sorpresas positivas en la programación. Primero verlas en el papel y luego lo más emocionante: escuchar la música el lunes a las diez de la mañana. Se ve muy lejos acompañar a Juan Gabriel, a Lola Beltrán o al cantante o grupo de moda. Se agradece.

Esos años de 1996 al 2004 son intensos, son afortunados. Entre los músicos, en ese tiempo, existe un alto grado de exigencia y alcanzan un muy alto nivel artístico. La altura que alcanzó la OSUG se podía reconocer en el público que asistía a los conciertos. Era un fenómeno aparte palpar la satisfacción después de los conciertos. Nadie abandonaba la sala antes de terminar, los jóvenes estudiantes de entonces estaban atentos a cada concierto; hoy algunos de ellos, con maestría o doctorado, de entre 40 y 50 años de edad, en este 2026 recuerdan con nostalgia esa orquesta. La prensa especializada de esos años estaba al tanto y reconocía el deber que había adquirido la orquesta al decidir apoyar y participar en la coproducción de los festivales Callejón del Ruido, de la guitarra, piano, canto, y se preparaba para un disco compacto con las grabaciones de las obras inéditas de Silvestre Revueltas.

Y mientras más trabaja la orquesta, más trabajo tenía y más se le requería. Los números, los datos, las cifras del maestro José Luis Castillo son abrumadoras. Del momento que hablamos todavía le esperaban año y medio por delante al frente de la OSUG y aún así ya había ofrecido 14 estrenos mundiales, 9 estrenos en el continente americano, 26 estrenos nacionales, 116 estrenos en Guanajuato. Del gran número de conciertos de temporada, entre el 30 y 40 por ciento se presentaron en las unidades académicas de la Universidad de Guanajuato y en los municipios del interior del Estado.

También bajo su dirección se presentó seis veces en espacios culturales de la Cdmx, tres en Bellas Artes; participó en el Festival de Orquestas y en el 25 aniversario del Foro de Música Nueva. Hizo ballet, danza, ópera, títeres; presentó una baraja muy amplía de repertorio de música orquestal y de música de cámara, recitales, conferencias y pláticas-conversatorios, preconciertos; presentaciones de obras alemanas, húngaras, rumanas, polacas, rusas, estadounidenses, de América Latina y, claro, obras mexicanas. Toda la investigación y estudio de obras y de repertorio tenía no solo el objetivo de la música por sí misma, sino por medio de un adecuado repertorio para el instrumento orquestal, acercarse a la mayor cantidad de público posible.

Entonces, la OSUG asumía su responsabilidad hacia la creación estética que plasma y exige una Universidad como la de Guanajuato. Ante tal obligación y compromiso, José Luis Castillo no dejaba ir a la orquesta a la deriva. Antes de cada semestre iniciaba con cursos de capacitación, actualización en técnicas instrumentales. Vinieron a trabajar con los músicos colegas de primer nivel, y para mejorar la postura, aliviar y enfrentar la mala postura a que obligan los instrumentos a los atrilistas, llegaron especialistas en la “técnica Alexander”. A los cursos se invitaba especialmente a los alumnos de la Escuela de Música, a quienes se dejaba abierta la posibilidad de que conforme fueran sus avances y desarrollo pudieran ingresar a la orquesta. Se creaba así en los jóvenes la aspiración legítima de unirse a una orquesta profesional, no de estudiantes.

En conclusión: los rasgos distintivos del maestro José Luis Castillo fueron la capacidad, la calidad, la honestidad en el trabajo y el compromiso con el progreso musical y con la sociedad guanajuatense, a punto tal de rechazar y eludir de manera total el mínimo grado de autocomplacencia. Los integrantes de la OSUG cada semana se acostumbraron a presentar un mínimo de calidad ante el público, mientras el maestro cada semana trabajaba para obtener el máximo de la Orquesta Universitaria.


Foto: Vía Iván Arellano Naranjo.



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