La trinchera yanqui

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La trinchera yanqui

SOMOSMASS99

Alfonso Díaz Rey* / SomosMass99

Viernes 28 de agosto de 2026

Dos de los argumentos de que se vale el imperialismo estadounidense para ejercer y afirmar su control y dominio sobre este continente es la lucha contra el tráfico de drogas y el narcoterrorismo.

Con esa excusa bombardeó Venezuela y secuestró a su presidente, aunque en los hechos y con el cinismo y desfachatez que caracterizan a la actual administración en Washington se conoció el motivo de tal agresión: el petróleo.

De similar manera, la guerra que Estados Unidos ─en alianza con Israel─ emprendió contra Irán desde el 28 de febrero de este año, no persigue ninguna defensa de derechos humanos ni evitar que el país islámico fabrique armas nucleares, sino apoderarse de su riqueza en hidrocarburos.

Con el control de las reservas y producción petrolera de las monarquías del Golfo Pérsico, de Irak, Libia, Venezuela e Irán, Estados Unidos podría obstaculizar el abasto de este tipo de energético a China y debilitarla, en su intento por recuperar parte de su menguada hegemonía y eliminar la competencia del gigante asiático.  

Tal pérdida de hegemonía, producto de la crisis estructural y permanente que de manera general vive el sistema capitalista y, de modo particular Estados Unidos, se agudizó tras el breve tiempo que transcurrió después de la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista de Europa oriental, lapso en el que la potencia imperialista alcanzó su máxima hegemonía y creyó cumplido su Destino Manifiesto.

Sin embargo, la agudización de la crisis y la acumulación de contradicciones internas y a nivel internacional, la irrupción de China en los ámbitos económico, educativo, tecnológico, científico y militar, entre otros, así como avances de otros países ─principalmente asiáticos─ y la recuperación de Rusia tras la disolución de la URSS, ello, entre otras cosas, condujo a que a Estados Unidos le durara poco el  «gusto» de presumir como potencia hegemónica unipolar e indiscutible, de 1992 a 2005, ya que desde mediados de la primera década del nuevo siglo estaban presentes los síntomas de la crisis financiera que plenamente se manifestó en 2008.

En busca de recuperar su hegemonía Estados Unidos ha enfocado sus esfuerzos por doblegar a dos de sus principales enemigos: China y Rusia, quienes en el terreno militar cuentan con capacidades para enfrentarlo. Despliega una guerra comercial contra China, país que le ha superado en multitud de aspectos en los que antes la potencia imperialista era ampliamente dominante, por ello trata de controlar las zonas de mayor producción y más grandes reservas de petróleo, para obstaculizarle el suministro de ese energético y afectar su economía, crecimiento y desarrollo. Con Rusia, lleva a cabo una guerra «por encargo» (proxi) combinada con sanciones económicas y comerciales para debilitarla, objetivo tampoco alcanzado.

No obstante, su inobjetable poderío económico y militar, el imperialismo yanqui ha sido, hasta ahora, incapaz de controlar Irán y su petróleo; por el contrario, ha causado serias dificultades a países dependientes de la importación de petróleo y otros derivados de los hidrocarburos debido a que Irán controla el estratégico Estrecho de Ormuz, vía marítima por donde pasan importantes cantidades de petróleo, gas, fertilizantes y otros productos.

Dado que Estados Unidos ha fallado en su objetivo de debilitar a China y a Rusia y, además, debido a su guerra proxy en Europa y su aventura en Irán ha experimentado una merma en su arsenal bélico que le ha llevado seriamente a considerar un enfrentamiento militar con sus principales enemigos.

Por ello ha decidido atrincherarse en este continente, concretamente en Latinoamérica y el Caribe, zonas que desde el surgimiento de la Doctrina Monroe (1823) considera su patio trasero

Con el empleo del más descarado injerencismo interviene en nuestros países para controlar elecciones e instalar gobiernos sumisos a sus intereses y apoderarse de recursos y materiales estratégicos que requiere para fortalecerse económica, tecnológica y militarmente. 

En este contexto, el ya añejo acoso y hostilidad contra la Cuba se ha exacerbado con el actual gobierno yanqui que trata a toda costa de destruir a la Revolución. Y no porque la isla posea enormes recursos sino porque con el triunfo revolucionario inició una vía independiente y soberana para construir su futuro y obtuvo logros y avances que mostraron la posibilidad de construir una forma de sociedad más libre y justa que la que históricamente nos han impuesto las potencias imperialistas; todo ello bajo el acoso, amenazas, sanciones y ataques del país más poderoso que haya existido en este planeta.

El símbolo y ejemplo de dignidad y soberanía en que se convirtió Cuba fue la ofensa más grande que pueblo alguno pudo hacerle al imperio, de tal manera que desde el mismo triunfo de la Revolución Estados Unidos ha tratado de regresar a la Mayor de las Antillas a la condición de neocolonia que tenía antes del triunfo revolucionario.

Por ello a los pueblos latinoamericanos y caribeños nos urge encontrar las formas de enfrentar al imperialismo para evitar ser el patio trasero del Norte revuelto y brutal que nos desprecia. La defensa de Cuba es indispensable para lograrlo.

Como pueblos tenemos por delante la realización de esfuerzos por organizarnos, alcanzar la unidad y lograr la solidaridad y cooperación tales que nos permitan construir sociedades cada vez menos injustas, más libres y plenamente soberanas


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato; del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba; y del colectivo México Libre, Justo y Soberano.

Imagen de portada (ilustrativa): Tanque Abrams de los Estados Unidos durante su invasión a Irak. | Foto: Wikimedia Commons.



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