La riqueza guatemalteca

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La riqueza guatemalteca

SOMOSMASS99

Emma Aguado* / SomosMass99

Miércoles 27 de mayo de 2027

Hace no más de una semana, regresé de un viaje relámpago a la ciudad de La Antigua, Guatemala. No había pisado ese lugar desde hacía diez años y lo que entonces fue un trayecto disfrutable desde la ciudad de Guatemala hasta mi destino, ahora fue poco menos que una tortura. En 2016 la población de ese país se calculaba en 15.8 millones de habitantes, que aumentó para 2026, pese a las migraciones masivas, a 18.3 millones de habitantes, según datos oficiales emanados de su Instituto Nacional de Estadística. ¿Y qué significa esto? Según lo entiendo: más vehículos, más gente buscando trabajo, más movimiento concentrado en la gran urbe. Danilo, el taxista que me llevó a mi lugar de hospedaje en La Antigua, me comentó que en los últimos años la ciudad había registrado un aumento considerable de autos debido a que la gente que vive en las zonas conurbadas trabaja en Guatemala, la ciudad. ¿Y cuál es su trabajo?, pregunté interesada, “ah, pues de obreros”, me contestó con el tono amabilísimo de los guatemaltecos mientras pasábamos una especie de bodega desde donde se asomaba un hombre con un rifle (imagen que, dicho sea de paso, se repitió mucho en el transcurso de mi viaje: hombres armados asomando por puertas y ventanas de negocios inciertos). Y es verdad, Guatemala en términos de movilidad se volvió un caos casi a todas horas. De acuerdo a reportes de los taxistas consultados, no hay manera de salir de un atascón de vehículos, sobre todo en horas pico.

La creciente sobrepoblación en Guatemala se podría explicar por la oferta de trabajo. En Violencia hacia las mujeres trabajadoras de la industria maquiladora en Guatemala, publicada por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), se menciona que después del conflicto armado y los acuerdos de paz, se firmaron contratos con empresas trasnacionales que prometieron trabajo a miles de guatemaltecos con el fin de sacarlos de la pobreza. Lo que ha sucedido desde entonces es que muchos guatemaltecos (sobre todo mujeres con perfil de jefas de familia, mayas, jóvenes en su mayoría) forman parte hasta el día de hoy de maquilas que explotan sus cuerpos sin posibilidad de sindicalizarse, recibiendo pésimos salarios. Mucha, muchísima gente concentrada en un solo lugar, viviendo una vida apurada, estresante, con horarios extensos y, como el propio Danilo, con varios trabajos a la vez (él es campesino y taxista) porque un solo trabajo no da para mantener a la familia.

Una vez que arribé a mi destino, tuve que lidiar con la devaluación del peso mexicano frente al quetzal (por cada doscientos pesos de super en Guatemala, se debe pagar el doble en moneda mexicana), una sorpresa para muchos mexicanos que piensan que el país vecino es barato para el turista. Cambiar un billete de 500 pesos resulta trágico: algunos ofrecen 172 quetzales a cambio, otros, como el mismo Elektra, propiedad de un mexicano, ofrece 70 quetzales. México está presente en ese país de las maneras menos propias, pensé mientras hacía recuento de todas las marcas mexicanas que había visto: Bimbo, Herdez, Claro, Elecktra...

Más allá de estos avatares, llegué al V Congreso Internacional de Estudios de Literatura y Oralidades con sede en El Colegio Mayor Santo Tomás de Aquino, propiedad de la Universidad de San Carlos de Guatemala, para hablar de las mujeres denominadas brujas que escaparon a la prisión de la Inqusición en tres leyendas. A ese lugar también acudieron diversos especialistas de México, Portugal, Costa Rica, San Salvador y Guatemala. Un remanso para esas cotidianidades y apuros que me recibieron. Escuché historias maravillosas del pueblo guatemalteco, como esa de la abuela que era tan buena que por las noches acostaba las sillas y los sombreros para que descansaran. Me platicaron del Sombrerón, del Cadejo, de La Tatuna, tres leyendas que forman parte del acervo tradicional de este lugar. Se asomó la reflexión acerca de los efectos nocivos de la colonización y… de la actual. Se habló de lo ocurrido con la llegada de los españoles, pero también de la resistencia, en pleno 2026, del pueblo xinkua ante embates mineros: empresas depredadoras que quieren acabar con sus entornos habitados por Los Dueños, hermosos seres que protegen la riqueza de las montañas en cuyo interior se resguarda el maíz, el agua, las semillas, el sustento para la comunidad.

Guatemala es un pueblo rico en tradiciones orales, repleto de historias que dan sentido a su vínculo con la naturaleza, pese a mantener un Estado débil y una endeble economía que no es capaz todavía de dar seguridad a la mayoría. Es un país de gente educada, amable, que a veces sale de su país para encontrar la peor cara del mexicano, que le desprecia en su paso por nuestro territorio. Y duele verlos así, sobre todo conociendo el suelo tan hermoso del que proceden. No hace mucho conocí a una guatemalteca que vive temporalmente en la Casa del Migrante en San Luis Potosí. Es joven, inteligente, madre de dos preciosos hijos, pequeños, con quienes viajó hasta nuestro país. Le pregunté sobre su situación migratoria y su vida en México en comparación con Guatemala. Me dijo que no podía dar marcha atrás, que emigraba de una zona, en la capital de Guatemala, en donde persiste la violencia, el peor lugar para ver crecer a sus hijos. Extraña a su abuela, de quien aprendió a cocinar maravillas culinarias como el pollo en pipián. Y me habló de La Llorona, porque igual que en México, es una de las leyendas más conocidas en el país centroamericano. Su abuela contaba que por la noches era peligroso dejar ropa de bebés o niños pequeños colgada en el tendedero, porque el ánima en pena de la mujer arrepentida de asesinar a sus hijos toma las prendas para enjugar sus lágrimas, lo que no es buen augurio para los niños. Así que, a la fecha, esta guatemalteca sigue guardando lo que aprendió de su abuela como un tesoro y evita dejar la ropita de sus niños a expensas de la noche y sus criaturas, que las hay de todo tipo… bien lo sabe ella.


* Emma Aguado es periodista y escritora mexicana, de Acámbaro, Guanajuato.

Imagen de portada (ilustrativa): La Antigua, Guatemala. | Autor: Pedro Szekely / Wikimedia Commons.



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