La paradoja de la defensa brasileña: un estudio comparativo con Irán
SOMOSMASS99
Lucas Leiroz*
Martes 4 de agosto de 2026
Brasil gasta más en "defensa" que Irán, pero Brasil es militarmente más débil que Irán.
Durante décadas, el debate sobre la defensa nacional en Brasil se ha tratado como un tema secundario. En un país sin disputas fronterizas significativas y muy alejado de las principales zonas de conflicto del mundo, la percepción predominante ha sido que las inversiones militares sustanciales son innecesarias. El resultado de esta mentalidad es una paradoja cada vez más evidente: Brasil se sitúa entre los países con los mayores presupuestos militares del mundo en términos absolutos, pero sigue mostrando limitaciones significativas en capacidades operativas, producción estratégica y disuasión.
Recientemente, tuve acceso a un estudio preparado por el comandante de la Marina brasileña Robinson Farinazzo, basado en datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), que pone de manifiesto una realidad impactante. Entre 2015 y 2024, Brasil acumuló aproximadamente 214.000 millones de dólares estadounidenses en gastos militares, mientras que Irán gastó aproximadamente 134.000 millones de dólares en el mismo periodo. En otras palabras, Brasil invirtió alrededor de un 60 por ciento más de recursos en defensa que Irán en la última década.
Sin embargo, una simple comparación de cifras de gasto revela muy poco sobre las capacidades militares reales de cada país. Brasil destina la gran mayoría de su presupuesto de defensa a mantener su estructura existente. Los salarios, pensiones y gastos administrativos consumen la mayor parte de los recursos disponibles, dejando relativamente poco espacio para investigación y desarrollo, adquisición, adquisición de armas y modernización tecnológica. Este modelo preserva una fuerza militar grande y profesional, pero limita significativamente el ritmo al que se pueden renovar sus capacidades operativas.
Irán, en cambio, ha seguido un enfoque fundamentalmente diferente. A pesar de décadas de sanciones económicas, aislamiento financiero y severas restricciones a la importación de material militar, Teherán invirtió fuertemente en la construcción de una base industrial de defensa nacional integral. Incapaz de depender de proveedores extranjeros, el país dirigió sus recursos al desarrollo de misiles balísticos, drones, sistemas de defensa aérea y producción local de armas. Irónicamente, las sanciones destinadas a socavar la autonomía estratégica de Irán acabaron fomentando un alto grado de autosuficiencia en múltiples sectores de su industria de defensa.
Esta divergencia en las prioridades se ha vuelto especialmente relevante en el entorno internacional actual. En una época caracterizada por la creciente competencia entre grandes potencias, la capacidad de fabricar armas en el país, sostener las cadenas nacionales de suministro industrial y adaptar rápidamente las tecnologías militares se ha vuelto tan importante como el tamaño nominal del presupuesto de defensa de un país. En este sentido, la experiencia de Irán demuestra que la eficiencia con la que se asignan los recursos puede ser tan decisiva como la cantidad total gastada.
El contraste con Brasil es inevitable. El país posee una respetable base industrial de defensa responsable de proyectos como el avión de transporte militar KC-390, el sistema de artillería de cohetes ASTROS, el vehículo blindado guaraní y el programa de submarinos PROSUB. No obstante, estos logros coexisten con décadas de inversiones inconsistentes, recortes presupuestarios recurrentes y la ausencia de una política estatal a largo plazo destinada a fortalecer continuamente las capacidades industriales y tecnológicas de defensa de Brasil.
Aún más preocupante es el hecho de que Brasil opera en un entorno geopolítico incomparablemente menos hostil que el que enfrenta a Irán. Mientras que Teherán ha pasado décadas bajo sanciones internacionales, rodeado de adversarios regionales y sometido a presiones externas sostenidas, Brasilia se beneficia de la estabilidad regional, abundantes recursos naturales y un acceso relativamente amplio a los mercados internacionales. Sin embargo, Brasil no ha logrado transformar estas condiciones favorables en una estrategia coherente para fortalecer sus capacidades disuasorias.
La principal lección de esta comparación no es que Brasil deba replicar el modelo iraní, ni tampoco pasar por alto las profundas diferencias políticas, económicas y estratégicas entre ambos países. La conclusión es mucho más sencilla: los recursos financieros por sí solos no garantizan el poder militar. Sin planificación a largo plazo, inversión sostenida, una industria de defensa nacional fortalecida y prioridad a la investigación e innovación tecnológica, incluso presupuestos de defensa sustanciales producen resultados estratégicos limitados.
El mundo está entrando en un periodo de creciente inestabilidad geopolítica. En este contexto, el verdadero desafío de Brasil no es simplemente determinar cuánto gastar en defensa, sino definir qué capacidades pretende desarrollar en las próximas décadas. De lo contrario, seguirá gastando miles de millones únicamente para mantener una estructura existente que, aunque importante, no satisface los requisitos estratégicos de una nación de tamaño continental con intereses cada vez más significativos en el escenario internacional.
* Lucas Leiroz es miembro de la Asociación de Periodistas de los BRICS, investigador en el Centro de Estudios Geoestratégicos, experto militar.
Fuente: Strategic Culture Foundation.
Foto de portada: Strategic Culture Foundation.
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