La izquierda, los sindicatos y las organizaciones de masas: de la necesidad histórica a los retos de la renovación en los países del Sur (Irak como modelo)

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La izquierda, los sindicatos y las organizaciones de masas: de la necesidad histórica a los retos de la renovación en los países del Sur (Irak como modelo)

SOMOSMASS99

Rezgar Akrawi* / SomosMass99

Viernes 29 de mayo de 2026

La mayoría de los países de Oriente Medio y del Sur Global que operan bajo regímenes autoritarios comparten una única crisis estructural, cuya esencia es la fragmentación y debilidad agudas y crónicas que afligen a las organizaciones de masas, los sindicatos, los movimientos feministas y los cuerpos estudiantiles, extendiéndose aún más para socavar la coordinación entre las propias fuerzas de la izquierda. Esta no es una situación exclusivamente iraquí; es un fenómeno recurrente en contextos comparables, que encuentra en la experiencia iraquí su expresión más transparente.

Los regímenes autoritarios generaron condiciones opresivas que empujaron a las fuerzas de izquierda a adoptar formas organizativas estrictamente centralizadas bajo el peso de la represión y la persecución, lo que dio lugar a un enfoque basado en la creación de sindicatos y organizaciones de masas clandestinos y, en ocasiones, semipúblicos, estrechamente vinculados a formaciones políticas, a expensas de su independencia y de su capacidad para abarcar sectores sociales más amplios.

La imparcialidad exige reconocer que este enfoque no fue erróneo en todas las circunstancias; desempeñó un papel fundamental e innegable en fases históricas específicas, cuando la centralización organizativa era una necesidad impuesta por la realidad represiva. Sin embargo, los tiempos han cambiado radicalmente en la era de la revolución digital.

Las masas de hoy, y especialmente las nuevas generaciones criadas en una cultura de acceso instantáneo a la información, organización horizontal y participación directa en la toma de decisiones, ya no están dispuestas a servir como material de movilización al servicio de una agenda partidaria predeterminada. Es por esta razón que el presente documento busca abrir un debate serio en torno a la revisión del modelo del sindicato afiliado y la organización de masas lealista, y explorar un modelo alternativo.

De la afiliación orgánica a la independencia

Después de 2003, la mayoría de las formaciones de izquierda se mostraron dispuestas a mantener y establecer sus propios sindicatos, federaciones y organizaciones, lo que dio lugar a un panorama de masas caracterizado por energías dispersas, una proliferación de nombres y una disminución de la eficacia real.

Un sindicato vinculado a una organización concreta tiene verdaderas dificultades para abarcar a los trabajadores manuales e intelectuales en toda su diversidad intelectual, étnica y religiosa. Una organización feminista vinculada a un partido específico tiene dificultades para atraer a mujeres de diferentes procedencias políticas. Un sindicato estudiantil se transforma gradualmente en un escenario de maniobras entre partidos.

Una experiencia personal que viví en el verano de 1992 revela la profundidad de esta situación, cuando nos reunimos con compañeros de la izquierda y con desempleados para construir un sindicato para los desempleados en la Región del Kurdistán. Algunos compañeros propusieron una declaración saturada de lenguaje ideológico, y yo no estuve de acuerdo con ellos, argumentando que lo que buscábamos era la construcción de un sindicato para todos los desempleados, de cualquier persuasión y orientación. Esa cuestión fundamental, planteada en el verano de 1992, sigue estando en el centro de la misma situación que estamos discutiendo hoy.

La debilidad de la coordinación y sus repercusiones

Existe una dolorosa paradoja que merece reflexión: la izquierda plantea el lema de la unidad entre las masas trabajadoras, pero este enfoque organizativo ha llevado inadvertidamente a la dispersión de los esfuerzos y al debilitamiento del movimiento sindical y de masas sobre el terreno.

La fragmentación masiva que observamos en el panorama sindical refleja en parte una fragmentación política previa, que se manifiesta en la multiplicidad de formaciones de izquierda y en la divergencia de sus posiciones, una divergencia que es natural y legítima en sí misma, ya que la compleja situación iraquí, regional y global da cabida a diferentes interpretaciones de izquierda.

Sin embargo, cuando esta divergencia se transforma en conflicto y resentimiento que debilita el trabajo conjunto, proyecta su pesada sombra sobre todo el ámbito de masas y desvía las energías de la izquierda, alejándolas de la construcción de la fuerza popular para desperdiciarlas en batallas internas que no benefician a nadie más que a los enemigos del cambio.

La falta de coordinación también ha generado un patrón de competencia dentro del mismo círculo de masas, en lugar de una expansión hacia nuevos sectores sociales. El mapa de masas ha seguido teniendo un alcance limitado a pesar de la multiplicidad de organizaciones, porque esta multiplicidad no siempre condujo a una división del trabajo ni a dirigirse a diferentes segmentos de la sociedad; más bien, condujo a solapamientos y repeticiones dentro del mismo territorio.

Lecciones de experiencias sindicales efectivas

La experiencia histórica revela que los sindicatos progresistas independientes y eficaces fueron un factor fundamental en el cambio social y político, y que su fuerza derivaba de su arraigo en la base de la clase trabajadora, más que de su afiliación a un partido u otro.

En Túnez, la Unión General del Trabajo de Túnez desempeñó un papel fundamental en el derrocamiento de la dictadura en 2011. En Sudáfrica, el Congreso de Sindicatos Sudafricanos demostró que un sindicato independiente fuerte puede servir como frente para la defensa de los derechos laborales sin disolverse en ningún partido.

En Brasil, se desarrolló un movimiento sindical independiente que dio origen al Partido de los Trabajadores, el cual llegó al poder. En Dinamarca, los partidos de izquierda trabajan dentro de los sindicatos independientes existentes, adquiriendo una influencia social más profunda.

Desafíos estructurales

A lo anterior hay que añadir desafíos estructurales más profundos, entre los que destaca la naturaleza rentista de la economía iraquí. El petróleo representa aproximadamente el 90 por ciento de los ingresos del presupuesto general, lo que hace que la mayoría de los trabajadores sean empleados públicos vinculados al Estado por una relación de dependencia directa que limita el margen para su organización independiente. Esto quedó claramente de manifiesto durante las protestas de octubre de 2019, cuando los sindicatos fueron incapaces de convertir el impulso de la calle en huelgas organizadas.

A esto se suma el papel de algunos organismos donantes internacionales en el refuerzo de modelos de sociedad civil que marginan a los sindicatos progresistas, junto con el fortalecimiento del fenómeno de la personalización, que hace que la continuidad de una organización quede en manos de individuos concretos.

Hacia una izquierda popular renovada

La ausencia de sindicatos y organizaciones fuertes e independientes ha debilitado a la izquierda de formas que van más allá de lo visible, ya que se encontró en un doloroso vacío organizativo cuando llegaron los momentos decisivos de protesta.

La revolución digital ha redefinido el mapa del poder y la influencia, y los movimientos de protesta han revelado que la organización horizontal y flexible es capaz de generar una vasta energía movilizadora que las estructuras excesivamente centralizadas son incapaces de producir.

El camino hacia una unidad genuina pasa por dos vías complementarias. La primera es la participación colectiva en la construcción de sindicatos progresistas independientes y fuertes, y de organizaciones de masas que reúnan a todos, independientemente de sus afiliaciones intelectuales, étnicas, religiosas o partidarias. La segunda es la coordinación y el trabajo conjunto a nivel político a través de diversos marcos de alianza como pasos graduales hacia la construcción de un marco de izquierda progresista amplio y unificado.

La verdadera fuerza de la izquierda reside no solo en sus propuestas intelectuales, sino en su capacidad para construir instituciones progresistas independientes arraigadas en la vida cotidiana de la gente, y para transformar sus energías sociales en una fuerza genuina de cambio que abra el camino hacia la alternativa socialista democrática.


* Rezgar Akrawi es un escritor e investigador de izquierda especializado en tecnología, inteligencia artificial, la revolución digital y el desarrollo del pensamiento y la práctica de izquierda contemporáneos en respuesta a estas transformaciones. Trabaja como experto en desarrollo de sistemas y gobernanza electrónica, y es un teórico del concepto de la “izquierda electrónica”.

Este artículo ha sido elaborado por Globetrotter.

Imagen de portada: Grado Cero Prensa.



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