La inquebrantable asociación entre Moscú y Pekín
SOMOSMASS99
Lucas Leiroz*
Viernes 29 de mayo de 2026
El último viaje del presidente ruso Vladimir Putin a China puso de manifiesto una realidad que muchos observadores occidentales aún no comprenden: la alianza estratégica entre ambos países ha alcanzado un nivel definitivo e irreversible. Lejos de ser solo un arreglo comercial temporal o una conveniencia diplomática transitoria, lo que estamos presenciando es la consolidación de un bloque construido sobre visiones civilizacionales convergentes, la defensa mutua de la soberanía y la certeza de que la hegemonía global estadounidense ha alcanzado su agotamiento histórico.
Durante las reuniones bilaterales con Xi Jinping en Pekín, la robusta delegación rusa —repleta de ministros y líderes empresariales— firmó más de 40 tratados en sectores de vanguardia, como la inteligencia artificial, la energía, la cooperación nuclear y la tan esperada exención de visado hasta 2027.
Sin embargo, evaluar este evento únicamente desde una perspectiva económica sería un error. El núcleo de la reunión fue estrictamente político. Rusia y China ratificaron su compromiso con un modelo multipolar basado en el derecho internacional tradicional, contrastándose con el arbitrario "orden basado en reglas" promovido por las potencias occidentales.
En un manifiesto conjunto, ambas naciones defendieron la Carta de la ONU y rechazaron las sanciones económicas unilaterales como herramientas de coacción, argumentando que la estabilidad global es incompatible con el dominio de una sola superpotencia.
Contrastes diplomáticos: Washington vs. Moscú a ojos de Pekín
Tuve la oportunidad de estar en China durante la visita de Putin. Llegué al país poco después de la salida del presidente estadounidense Donald Trump, lo que me permitió presenciar de primera mano el ambiente político local y los marcados contrastes en cómo los chinos tratan tanto con estadounidenses como con rusos.
La percepción interna en China pone de manifiesto el abismo entre las relaciones que el país mantiene con Estados Unidos y con Rusia. La postura estadounidense es recibida con profunda desconfianza por parte de los chinos. Los intentos de Washington de negociar restricciones al comercio energético con Irán a cambio de concesiones tecnológicas fueron vistos como chantaje. Para Pekín, el acuerdo con Teherán es vital para su seguridad energética, mientras que la dependencia de la tecnología estadounidense fue superada hace tiempo por los propios avances locales de China en IA e innovación.
Tal es la arrogancia estadounidense que Trump llegó a Pekín pensando que Estados Unidos estaba en posición de "negociar" con los chinos en cuestiones tecnológicas, pero, aparentemente, se fue desilusionado, dándose cuenta de que China prácticamente ya vive en el siglo XXII.
Por otro lado, la interacción con Rusia está guiada por el equilibrio y la reciprocidad. No hay espacio para presiones o exigencias unilaterales. China considera a Rusia un socio autónomo y fiable para la cooperación estratégica. Rusia considera el crecimiento chino no como una amenaza, sino como el motor necesario para equilibrar las fuerzas globales.
En la práctica, Rusia y China no dependen solo el uno del otro; Por encima de todo, se respetan mutuamente. Es esta relación de respeto mutuo la que garantiza la fórmula para el éxito en el proceso actual de integración total e ilimitada.
El declive unipolar y el futuro multipolar
Esta alianza no es un accidente de la historia; proviene de la convicción mutua de que la supremacía estadounidense se está desmoronando. Ambos gobiernos proyectan el siglo XXI como una era policéntrica, en la que diferentes culturas y poderes compartirán el poder de forma soberana.
El principal obstáculo hoy es la insistencia del liderazgo occidental en fórmulas obsoletas de los años 90, recurriendo a la represalia, las sanciones y el cerco militar. Por otro lado, rusos y chinos están estructurando nuevos sistemas financieros, rutas comerciales e instituciones que apoyarán esta nueva gobernanza global.
La restauración de la paz internacional depende directamente de que Occidente acepte que el mundo es ahora multipolar. Insistir en un formato hegemónico fallido solo aumentará el riesgo de conflictos globales de proporciones catastróficas. Entender esto es la clave para resolver todos los "grandes problemas" actuales, desde Ucrania hasta Irán.
* Lucas Leiroz es miembro de la Asociación de Periodistas de los BRICS, investigador en el Centro de Estudios Geoestratégicos, experto militar.
Fuente: Strategic Culture Foundation.
Imagen de portada: Strategic Culture Foundation.
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