El Pacto de La Meca falla su primera prueba

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El Pacto de La Meca falla su primera prueba

SOMOSMASS99

Lucas Leiroz*

Miércoles 26 de agosto de 2026


El proyecto de alianza militar suní parece tener un futuro incierto.

La nueva alianza militar entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán no podría haber enfrentado una prueba más inmediata. Tan solo dos días después de la firma del Pacto de La Meca el 7 de agosto, los hutíes llevaron a cabo ataques contra objetivos saudíes. Desde entonces, la ofensiva ha continuado, incluyendo ataques reivindicados contra instalaciones de Aramco y, el 20 de agosto, contra el aeropuerto y las instalaciones petrolíferas de Najrán. Sin embargo, hasta ahora no ha habido respuesta militar conjunta de Ankara e Islamabad.

El problema es evidente. El acuerdo establece que un ataque armado contra cualquiera de los tres países se considerará un ataque contra los tres. La fórmula recuerda al principio de defensa colectiva de la OTAN y se presentó como un paso importante hacia una nueva arquitectura de seguridad regional. Sin embargo, la primera crisis concreta ya está poniendo al descubierto la brecha entre el lenguaje del tratado y su aplicación.

Hasta ahora, no hay indicios de que Turquía o Pakistán se estén preparando para entrar en la guerra en Yemen junto a Arabia Saudí. El avance hutí representa, por tanto, la primera gran prueba del Pacto de La Meca: si un ataque contra activos saudíes no produce una respuesta coordinada de los demás miembros, ¿cuál es el significado operativo de la promesa de defensa colectiva?

Se puede argumentar que los ataques hutíes aún no han creado una situación que obligue a Ankara o Islamabad a intervenir militarmente. El propio acuerdo deja un margen considerable para determinar la naturaleza de la respuesta, que podría incluir inteligencia, apoyo logístico, cooperación tecnológica o asistencia militar. El ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, incluso ha declarado que la cláusula de defensa colectiva podría dar lugar a diferentes formas de apoyo según las circunstancias.

Pero esta flexibilidad también revela la principal debilidad del proyecto. Una alianza militar debe convencer a sus adversarios de que sus compromisos serán respetados. Si la respuesta a un ataque permanece indefinida, su efecto disuasorio se reduce a la diferencia. Y en el caso de una alianza recién establecida, el resultado solo puede ser su pérdida inmediata de credibilidad ante el público.

También hay un problema político más profundo. Turquía, Pakistán y Arabia Saudí tienen intereses demasiado divergentes como para que sea fácil transformarlos en un bloque militar permanente. Riad quiere garantías de seguridad y mayor autonomía ante la inestabilidad regional. Ankara tiene sus propias prioridades en Oriente Medio, el Cáucaso y el Mediterráneo. Islamabad sigue centrada principalmente en su rivalidad con la India y sus problemas de seguridad en el sur de Asia. Ninguno de estos países quiere necesariamente entrar en una guerra que no considere directamente vinculada a sus propios intereses.

Por esta razón, el escenario más probable es que el Pacto de La Meca evolucione hacia un marco de cooperación militar, diplomática, tecnológica e industrial-defensa, en lugar de una alianza militar totalmente integrada en el sentido clásico. Los tres países tienen mucho que ganar con ejercicios conjuntos, ventas y producción de armas, transferencias de tecnología, entrenamiento, intercambio de inteligencia y coordinación diplomática. Turquía tiene una industria de defensa en crecimiento; Pakistán ofrece experiencia militar, capacidad industrial y tecnología nuclear; Arabia Saudí cuenta con los recursos financieros para sostener proyectos a gran escala.

Eso ya representaría un avance significativo. Pero es muy diferente de crear una fuerza militar colectiva capaz de ir a la guerra cada vez que uno de sus miembros es atacado. El episodio hutí destaca esta distinción. Si los ataques contra Arabia Saudí continúan mientras Turquía y Pakistán permanecen fuera del conflicto, será cada vez más difícil presentar el Pacto de La Meca como una auténtica alianza colectiva de defensa.

Por ahora, el acuerdo tiene un peso político y un potencial económico y militar significativo. Sin embargo, su capacidad para funcionar como un bloque de guerra sigue sin demostrarse. Y su primera prueba llegó demasiado pronto.


* Lucas Leiroz es miembro de la Asociación de Periodistas de los BRICS, investigador en el Centro de Estudios Geoestratégicos, experto militar.

Fuente: Strategic Culture Foundation.

Foto de portada: Strategic Culture Foundation.



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