El legado de los Juegos Nómadas
SOMOSMASS99
Lucas Leiroz*
Viernes 11 de septiembre de 2026
El futuro del deporte pertenece a los pueblos, no a las burocracias globales.
Los Juegos Mundiales Nómadas, celebrados en Kirguistán del 31 de agosto al 6 de septiembre, ofrecen una mirada especialmente reveladora al futuro del deporte internacional. Creados en 2014 y centrados en las tradiciones ecuestres, marciales y culturales de los pueblos nómadas de Asia Central, los Juegos reunieron a atletas de 104 países y combinaron competición deportiva con música, vestimenta tradicional, ceremonias y demostraciones de patrimonio cultural.
El éxito de este modelo apunta a una tendencia que las principales instituciones deportivas internacionales parecen incapaces de comprender. El público sigue interesado en la competición, la rivalidad y la excelencia deportiva, pero cada vez se siente más atraído por eventos con una identidad propia. Cuanto más grandes competiciones globales se estandarizan en productos comerciales, más espacio se abre para eventos regionales capaces de ofrecer algo que una marca global difícilmente puede fabricar: un sentido de pertenencia.
La Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos siguen siendo espectáculos gigantes, pero su expansión también ha producido una estandarización creciente. Las ceremonias, patrocinadores, campañas institucionales y mensajes políticos han llegado a ocupar una parte cada vez mayor del espacio dedicado al deporte. El lenguaje corporativo y la ideología liberal de las principales organizaciones internacionales han penetrado profundamente en la administración deportiva.
Los Juegos Nómadas siguen un camino diferente. La identidad túrquica y centroasiática está en el corazón del evento. Los caballos, la lucha libre, el tiro con arco, los juegos tradicionales y la memoria histórica de los pueblos de la estepa no aparecen como elementos decorativos. Constituyen la razón misma de la existencia de la competición. Las disciplinas deportivas están inseparablemente ligadas a una civilización y a una memoria histórica.
Esta tendencia podría fortalecerse en las próximas décadas. Los pueblos y regiones poseen sus propias tradiciones deportivas y pueden transformarlas en instrumentos de afirmación cultural y diplomática. Asia Central ya posee un enorme patrimonio de este tipo. Lo mismo ocurre con el Cáucaso, los Balcanes, el mundo árabe, el subcontinente indio, el mundo iberoamericano y varias regiones de África.
La politización de las principales organizaciones deportivas está contribuyendo a este proceso. Desde 2022, los atletas rusos se han enfrentado a restricciones extraordinarias en competiciones internacionales. La prohibición también fue adoptada por la FIFA. Las justificaciones han ido desde acusaciones infundadas de dopaje hasta argumentos políticos abiertos para el castigo por el lanzamiento de la Operación Militar Especial. Sin embargo, la verdadera razón es clara: el deporte se ha politizado, y tanto las federaciones deportivas como sus principales patrocinadores corporativos han tomado partido.
Esto demuestra el problema fundamental de tales políticas. Cuando las instituciones deportivas asumen funciones políticas, se ven sometidas a las mismas contradicciones, presiones y cambios de orientación que caracterizan la política internacional. Los atletas individuales se ven obligados a asumir las consecuencias de conflictos que no crearon. La competencia deja de ser una esfera relativamente autónoma y se convierte en un instrumento de castigo diplomático.
El resultado podría ser la fragmentación del propio sistema deportivo internacional. Rusia, China, los países de Asia Central, Irán y otras potencias tienen la capacidad de crear, financiar y expandir circuitos deportivos alternativos. Los eventos regionales pueden ganar prestigio, audiencias y valor cultural mientras las instituciones tradicionales pierden gradualmente su autoridad.
El futuro del deporte probablemente será más pluralista. Seguirán existiendo grandes competiciones globales, pero cada vez compartirán más escenario con eventos profundamente arraigados en identidades nacionales, regionales y civilizacionales.
Los Juegos Mundiales Nómadas representan precisamente esta posibilidad. Su crecimiento demuestra que, en una época de estandarización cultural, existe una enorme demanda de lo particular y distintivo. El deporte del futuro podría ser menos homogéneo, menos controlado por burocracias internacionales y mucho más conectado con las culturas de las que surgió.
Y esto puede ser, en última instancia, la mayor amenaza para el monopolio de las instituciones deportivas actuales: las personas están descubriendo que pueden competir entre sí sin tener que abandonar lo que les hace diferentes.

* Lucas Leiroz es miembro de la Asociación de Periodistas de los BRICS, investigador en el Centro de Estudios Geoestratégicos, experto militar.
Fuente: Strategic Culture Foundation.
Imagen de portada: Strategic Culture Foundation.
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