Defender la vida
SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey* / SomosMass99
Viernes 25 de septiembre de 2026
En una época en la que prácticamente todo se ha convertido en mercancía y es objeto de especulación y explotación en pos siempre del poder económico y la máxima ganancia, todos los problemas, desequilibrios y contradicciones que esa situación genera actúan de manera sinérgica contra el medioambiente (natural ─físico y biótico─, social, económico y cultural) y nos conducen a un punto de no retorno a partir del cual de nada valdrán las reflexiones sobre lo que hemos dejado de hacer, de las múltiples «cumbres» en las que se promovieron acciones y medidas que únicamente favorecieron a quienes históricamente han sido los causantes del actual desastre ecológico global, ni las acciones que se emprendan para evitar un futuro que no obstante previsible, fuimos incapaces de evitar.
Lo anterior deja ver que la manera de producir y las formas actuales de propiedad han contribuido enormemente a conducir a la humanidad hasta el punto en que se encuentra, muy cerca del que no habrá retorno a condiciones previas.
Debido a ello han surgido teorías en las que se plantea que nuestro planeta transita por una nueva etapa geológica. Algunos le llaman antropoceno, para señalar que los cambios ocurridos han sido provocados por la humanidad misma. Esta denominación pareciera distribuir entre todo el género humano, en igual medida, la responsabilidad de la grave crisis ambiental presente y, de alguna forma, encubre a quienes son los mayores causantes de ella; por esa razón otros la denominan capitaloceno, designación que muestra a quienes tienen mayor responsabilidad en el desarrollo de tal crisis: el sistema capitalista y sus clases dominantes.
A quienes «preocupados» por una de las más peligrosas manifestaciones de esta crisis, el cambio climático, han llamado a adaptarse a sus efectos ─posición que muestra su negativa a renunciar a métodos y mecanismos que les producen enormes ganancias─ habría que peguntarles: ¿cómo adaptarse a una repentina y severa inundación producida por el deshielo de un glaciar?, o a quienes habitan territorios insulares en peligro de desaparecer, ¿cómo adaptarse a la inevitable subida del nivel de los océanos?, por poner solamente dos ejemplos.
La crisis ambiental ─una de las componentes de la crisis estructural del sistema capitalista─ muestra quien realmente es el enemigo de la humanidad: el capitalismo, sistema depredador del hombre y la naturaleza.
También muestra la incapacidad de las fuerzas llamadas progresistas o de izquierda para, una vez en el gobierno, resolver de fondo los graves problemas de la sociedad, así como para eliminar sus causas. En el mejor de los escenarios un buen número de esos gobiernos han intentado retornar a un Estado de bienestar ─que en otras circunstancias históricas le funcionó, brevemente, al capitalismo─ y dejaron intactas las estructuras del poder económico, las que obstaculizaron y sabotearon proyectos favorables a los pueblos y, después de cierto tiempo, utilizando campañas de denuestos y mentiras, las fuerzas de derecha y ultraderecha retomaron el poder político, logrando en ocasiones mediante elecciones lo que antes obtenían con golpes de estado o argucias judiciales.
Sin embargo, además de los errores u omisiones de los gobiernos progresistas o de izquierda, también habría que considerar la escasa o nula participación popular, debida principalmente a un sometimiento ideológico a la clase dominante, condición que propicia la atomización y desvinculación en los diferentes sectores del pueblo, haciéndolos presa ─hasta cierto punto, fácil─ de sus campañas de mentiras y falsas promesas.
Lo anterior deja ver la importancia de las luchas populares y la vinculación entre ellas. Tal vinculación se alcanza mediante la identificación del enemigo común a todas ellas, ya sea en su versión local o internacional: el capitalismo y su sector hegemónico, la oligarquía.
Nuestras luchas, por muy disímbolas que parezcan, en el fondo siempre aparece el enemigo común y sus representantes de carne y hueso. Identificándolos habremos dado el primer paso para vincularnos, unir esfuerzos y avanzar hacia una sociedad cada vez menos injusta, menos desigual y más libre y digna.
Vaya esta reflexión, con mi modesta solidaridad, al pueblo y compañeros de San Miguel Allende, Guanajuato, en su lucha por la defensa de Charco del Ingenio, como parte de la lucha más amplia por un ambiente sano, una vida digna y un México mejor.
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato; del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba; y del colectivo México Libre, Justo y Soberano.
Foto de portada: Cibao Aldía.
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