De las tres revoluciones del pueblo: 1810, 1854 y 1910, surgen las tres constituciones: 1824, 1857 y 1917

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De las tres revoluciones del pueblo: 1810, 1854 y 1910, surgen las tres constituciones: 1824, 1857 y 1917

SOMOSMASS99

Oscar Alzaga* / SomosMass99

Martes 28 de abril de 2026


La ley ha sido siempre mi espada y mi escudo.

- Benito Juárez, 1864.


El 4 de octubre de 2024 se cumplieron 200 años de la primera Constitución de la Nación, más otros 14 años del inicio de la lucha revolucionaria por lograr la independencia definitiva de España. Fue una lucha larga y cruenta para poner fin a 3 siglos de colonización, de 1521 a 1823, y lograr configurar una nueva nación en el mundo, con un gran pasado de cuando menos 10 mil años y por alcanzar la nación su plena soberanía y libertad. 

Catorce años de lucha armada revolucionaria sin tregua ni descanso que involucró a las altas clases sociales y a las clases populares, éstas a favor de la independencia y aquellas en contra. Con muchos personajes destacados y el principal: el pueblo; dirigentes como: Hidalgo, Morelos, Guerrero, Josefa Ortiz Téllez-Girón, Leona Vicario, Mina, Quintana Roo, Matamoros, López Rayón, Guadalupe Victoria y otras y otros revolucionarios.

Nuestra versión trata de ser objetiva y apegada a la verdad pero no imparcial, porque unos fueron los conquistadores y otros los conquistados, unos los aventajados en poderosas armas y con más siglos de experiencias en guerras, y, otros, los atrasados en esos mismos aspectos. Y, claro, después de la conquista predominó la versión de los conquistadores en los tres siglos de colonialismo. No ocurre lo mismo con La visión de los vencidos. No obstante, a la derrota de la corona sobreviven muchos españoles, criollos, la iglesia, propiedades, negocios, etc., en el México soberano, libre e independiente; y con unos y otros ─conservadores y liberales─ iniciará la lucha interna en México por definir el proyecto de nación, el tipo de gobierno y su futuro.       

Pese a los altibajos de las luchas y las traiciones de algunos líderes, como Iturbide y Santa Anna (que primero luchan por la corona y contra la independencia y, después, el ver próxima la derrota de España, se pasan al bando contrario), en esos 14 años nunca se perdió el objetivo central de la revolución: alcanzar la independencia plena de la Nación, como lo definen la política e ideología de Hidalgo, Morelos, Guerrero. Mina, Juan Álvarez (1854) y Juárez con la Constitución de 1857 y hasta 1860, cuando los liberales logran la derrota de los conservadores. Pero los conservadores, derrotados, buscaron la venganza acudiendo a Francia y a Napoleón III para pedirle que dominara a México y que Maximiliano fuera su emperador. Lo que alcanzan ─pese al triunfo del 5 de mayo─ al incrementar el ejército y las armas de Francia en México (1862 a 1867), cuya derrota definitiva se produce con el fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía (19 de junio de 1867).

Juárez dirigió con maestría la guerra contra Francia, optando por la guerra de guerrillas, por las ventajas que ofrecía; mientras que Santa Anna fue derrotado en la guerra contra Estados Unidos (EU), de 1846 a 1848, pese a que en aquellos años era más poderosa Francia que EU.   

La Constitución de 1824

El legislativo constituyente de 1824 estableció los principales derechos de la nación: independencia, soberanía, libertad, integración federal y autodeterminación; de la ciudadanía: la igualdad de todos, las libertades, la instrucción escolar obligatoria, reconoció como única la religión católica, entre otros aspectos. Pero la confrontación entre conservadores y liberales por el modelo de nación al que aspiraba cada uno los desgastó en luchas internas.  

Sería hasta 1857 cuando se logre separar a la Iglesia del Estado y se pongan límites a sus funciones políticas, administrativas, educativas, de jueces y verdugos: “a nombre de Dios y el Derecho Divino”, y algunas del Estado. Tal fue el caso de la muerte de Hidalgo, Morelos, Allende ─y otros─ que después de juzgarlos la iglesia, fueron decapitados y como escarmiento para el pueblo, fueron colgadas sus cabezas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas durante 11 años.

Un largo proceso llevó a la separación definitiva de la Iglesia del Estado: la Ley Juárez (1855), que suprimió el fuero eclesiástico y el militar; siguió la Ley Lerdo (1856), sobre la desamortización de los bienes; la Ley Iglesias (1857), acerca de los aranceles para el cobro de derechos y obvenciones de la iglesia; hasta llegar a la libertad de cultos en la Constitución de 1857, que provocó la guerra de 3 años.

Esos años y los posteriores fueron muy difíciles porque una reducida clase opulenta, que se sentía heredera de la decadente España y de sus taras, junto con el viejo ejército y la iglesia, tres instituciones clasistas y racistas, lucharon por conservar sus privilegios y por volver la independencia de la nación un botín, que querían para ellos. En 1836 los conservadores trataron de desvirtuar la Constitución de 1824 con las llamadas 7 Leyes y el Supremo Poder Conservador. Por otro lado, se formó la corriente heredera de esos 14 años de revolución, los liberales. Entre unos y otros serían los principales conflictos políticos, jurídicos y luchas sociales por definir el nuevo Estado federal, sus derechos y metas. Con nuevos traidores como Comonfort contra los liberales se levantan, encabezados por Juan Álvarez.


“Para construir el país con el que sueñan los liberales ─herederos de José María Luis Mora y Valentín Gómez Farías y alumnos de los institutos estatales que fundó la Constitución de 1824─ es necesario arrasar el pasado, destruir la herencia de la colonia. A esa tarea dedican todas sus fuerzas los políticos de la generación de 1857, la mejor generación que ha nacido en México”. 
- José Emilio Pacheco. Poesía Mexicana de 1810-1914. Ed. 1979.

El 5 de febrero de 1857 se pacta la Constitución liberal que profundiza los derechos y libertades de la nación y ciudadanos. Con el Plan de Ayutla de 1854 inicia la revolución contra los conservadores y contra la dictadura de Santa Anna, hasta triunfar en 1860 y volver plena la vigencia de la Constitución de 1857. Los conservadores, la iglesia y el viejo ejército se levantaron a defender a la iglesia y sus taras ─con el Plan de Tacubaya─, asesinando a liberales y excomulgando a los que apoyaran la Constitución, con la traición de Comonfort. 

Al ser derrotados los conservadores acuden al extranjero a pedir a Francia que domine el país y ponga como emperador a Maximiliano. Por lo cual la guerra continuaría de 1862 a 1867, por la intervención militar de Francia ─con Maximiliano como emperador del país─, hasta la brillante victoria sobre los militares invasores, expulsarlos del país y derrotar a los traidores conservadores.

El siglo XIX tuvo dos invasiones militares extranjeras: la norteamericana de 1846 a 1848 y la francesa de 1862 a 1867, ambas deben estudiarse y compararse. En el primer caso, porque al estar al frente del país los conservadores y traidores ─y como jefe, Santa Anna─, lo dividieron y fue derrotada toda la nación; en cambio, los liberales, con Juárez a la cabeza, unificaron al pueblo en contra de los enemigos extranjeros y nacionales. 

Nos recuerda José Emilio Pacheco:

“Juárez y su grupo emprenden la reforma social con el objeto de lograr la democracia y el desarrollo económico. Gran parte de lo confiscado a la Iglesia para financiar el progreso tiene que gastarse en la guerra, primero contra los conservadores, luego contra el ejército de Luis Bonaparte y las tropas del archiduque Maximiliano. Nada tan diferente al país de Santa Anna, derrotado en 1847, como el México de Juárez, victorioso en 1862 y en 1867. La tarea a que se enfrentaron los liberales no es reconstruir lo que nunca ha existido: fue inventar una nación sobre las ruinas dejadas por sesenta años de guerra”.

Los grandes triunfos del pueblo que encabezó Juárez, fueron: la derrota de los conservadores de 1860, en Calpulalpan; la derrota de los franceses y conservadores en 1862, en la batalla de Puebla y la derrota de los conservadores y la expulsión del país del ejército francés, en 1867. Rematados épicamente, europeos y conservadores, en el Cerro de las Campanas. 

Así, las tres Constituciones: 1824, 1857 y 1917, fueron precedidas de respectivas revoluciones: la de 1810 a 1823, la de 1854 a 1867 ─de 13 largos años para un pueblo armado, aunque fuera con palos, y sobre quienes se articuló la lucha y resistencia heroicas de la guerra de guerrillas, y la de 1910 a 1917. En afecto, Juárez promovió la unidad de los mexicanos contra los invasores, junto con la guerra de guerrillas. Aunque éstas hoy sean poco conocidas y estudiadas, fueron una gran experiencia y la base del triunfo sobre un ejército mucho más poderoso.  

Luego que fracasó el intento de invasión al país, por tres naciones –Inglaterra, Francia y España─, con el pretexto de que México debía prestamos no pagados. Juárez logró negociar esas reclamaciones en el Tratado de La Soledad en febrero de 1862 y quedó sola la nación francesa.


La guerra de guerrillas, única defensa real y efectiva contra el invasor poderoso: la única invencible.
- Benito Juárez (1862).

Pero los franceses, con el pretexto de la solicitud de apoyo de los traidores conservadores, deciden invadir México (con un ejército más poderoso que el yanqui de 1846 a 1848, cuando perdió el país la mitad del territorio). Iniciaron la guerra en mayo de 1862 con la estruendosa derrota del 5 de mayo en Puebla. Pero los franceses redoblaron sus tropas y avanzaron mucho. Con la caída de Puebla, en 1863, Juárez cambio la táctica de los republicanos, dice A.B. Belenki (La intervención extranjera en México 1861-1867. Ediciones de Cultura Popular, México, 1975, pp. 117,125, 126, 136): 

“Ahora rehuían las grandes batallas, se evitaba quedar cercados en las ciudades y, por el contrario, se obligaba al enemigo a extender sus fuerzas para para poder caer así sobre pequeñas guarniciones francesas aisladas”.

“La fuerza de las guerrillas consistía en que contaba con el apoyo de la mayoría absoluta en todo el país y en primer término de las clases trabajadoras. (…) Los guerrilleros por lo general, conocían de antemano los movimientos de los franceses, pues éstos estaban completamente rodeados de gentes del pueblo que colaboraban con las Guerrillas”.

“Haciendo frente a un enemigo muy superior militarmente, retrocediendo de ciudad en ciudad (durante los años que duró la intervención, la Republica tuvo seis capitales), estando a veces a un paso de la muerte. El presidente Juárez no depuso jamás las armas, no accedió nunca a un compromiso con el enemigo. Rechazó con energía y desprecio todas las proposiciones de paz de Maximiliano”.

En la Revolución de 1910 surgen las demandas laborales y agrarias, que en la Constitución de 1917 se vuelven derechos, pero será en la lucha de las y los trabajadores del campo y ciudades cuando ambos derechos se vuelvan realidades.

La nación se consolidó como Estado independiente y de libertades con Juárez, pero los años siguientes fueron turbulentos, sobre todo por las reelecciones de Porfirio Díaz, vueltas una dictadura a partir de 1880 cuyo primer paso fue prohibir la prensa libre y la libre organización de la oposición política. Es decir, sus primeras acciones fueron en contra de la Constitución de 1857, apoyándose en la fuerza del ejército y convirtiendo a éste en la “columna vertebral” de la dictadura, lo que con la prohibición de las libertades ciudadanas fueron soporte de la dictadura que ejerció Porfirio Díaz hasta 1911. 

Cuando surgen los sindicatos y las huelgas modernas (1905), pero sobre todo la de Cananea (1906) y Río Blanco (1907), Díaz emite el laudo del 4 de enero de 1907, que prohíbe las huelgas y los sindicatos, todo a favor del paro patronal textil ─y en general de toda la patronal─, pidiéndo a éstos que reanuden labores a partir del 7 de enero de 1907, el mismo día de la huelga obrera de Río Blanco y otras empresas de la zona de la represión. Se calcula cerca de 200 obreros muertos en Río Blanco y otras empresas, que fueron trasportados y arrojados al mar.

Todos estos antecedentes –y muchos más─ crean el descontento social en casi todo el país, que generará la Revolución de 1910. Desde 1902 surge la organización radical de los liberales anarquistas de los Flores Magón (a los que no hay que confundir con los anarco-sindicalistas de la Casa del Obrero Mundial y otros, porque los Flores Magón fueron anarco-revolucionarios y formaron la organización más coherente e influyente en esos años de la lucha revolucionaria). Bajo el régimen porfirista se consolidó el capitalismo en nuestro país, la oligarquía nacional y extranjera y el creciente germen de la Revolución. Un capitalismo sí, pero subdesarrollado y dependiente del capital extranjero, más de Estados Unidos.  

Más popular y de alcance nacional se hizo la revolución tras el asesinato de Madero por Huerta ─otro traidor y asesino─ en 1913, que radicalizó la revolución e involucró más al pueblo. Con las tropas de Carranza, Villa y Zapata se levanta México. De los tres el más impactante fue Villa, al bajar en 1914 desde Juárez a Torreón y Zacatecas ocasionando las derrotas más severas al ejército de la dictadura, en esos años en manos de Huerta. Será en Zacatecas la gran derrota del ejército y la gran victoria del pueblo, justo donde Huerta pensaba triunfar, porque esperaba a Villa desde lo alto de los cerros de Zacatecas con cañones y ametralladoras, para acabar con las tropas de Villa. Pero ¡oh, sorpresa!, con la fuerza y disciplina de las tropas villistas y la estrategia de Felipe Ángeles, triunfa Villa. Y Huerta sale del país.

La derrota del ejército de la dictadura, en 1914, abre las puertas a la Constitución de 1917, la primera Constitución social del mundo, la que funda en ese rango el derecho del trabajo en el artículo 123 y, bien visto, forja al cardenismo de 1934 a 1940. En el Constituyente de Querétaro juega un papel influyente Francisco Múgica, más que Carranza, el promotor inicial de la Constitución de 1917. 

Lo señaló Cárdenas en la tumba de su amigo Múgica, el 13 de abril de 1954:

“En la forja de nuestra Constitución, Múgica no abandonó la proa en las horas de máxima responsabilidades, y con profundo concepto de la dignidad humana, respaldó la legislación protectora de los trabajadores y el reconocimiento de los derechos de la mujer.” (…) Los constituyentes de 1917 elevaron a la categoría de Ley Suprema los postulados fundamentales de la Revolución Mexicana: el nacionalismo en nuestra economía, la reforma agraria y los derechos de la clase obrera; y se empeñaron en liberar la conciencia de nuestra niñez y de la juventud de las cadenas de la intolerancia y de los fanatismos, abriendo la inteligencia a todos los horizontes de la verdad científica, para crear una positiva conciencia nacional.         

“De ahí que pueda afirmarse que el derecho del trabajo es en México, en sus orígenes, obra del Estado; más tarde, sin embargo, según veremos, el papel principal corresponde a las organizaciones obreras”.   

 Mario de la Cueva, Derecho Mexicano del Trabajo. Tomo I, p.117. Orígenes del art. 123 de la Constitución de 1917.  

En efecto, no bastó la promulgación de la Constitución de 1917 para que los derechos plasmados en ella se cumplieran ni que aparecieran en letra de molde para que los patrones la cumplieran. Un año después, en 1918 ─y aun en 1919─, la mayoría de los nuevos derechos no los cumplían los patrones ni gobiernos federales ni locales, pese a la existencia de la CROM, desde 1918; tuvieron que ser los obreros de Monterrey los primeros que hicieran huelgas generales para exigir la aplicación de los salarios mínimos y la jornada máxima de 8 horas diarias. Lo mismo ocurrió en 1931 cuando se reglamente el artículo 123 de la Constitución y surge la Ley Federal de Trabajo, en la que aparece que el 7º día será de descanso pagado. Los patrones se negaron a cumplir con la Ley y los trabajadores tuvieron que hacer protestas, paros, huelgas y manifestaciones para que cumplieran.

El cardenismo, de 1934 a 1940, fue la segunda etapa de la lucha de clases más vigorosa del país en el siglo XX, después de la Revolución de 1910. En la Revolución, los actores centrales fueron los campesinos y jornaleros; en el cardenismo, serían los obreros. En ambas etapas estarían las clases laborantes del campo y la ciudad, y muchos creemos que la revolución de 1910 se reanudó en 1934 hasta 1940. El mayor número de huelgas y las más importantes se realizaron en ese sexenio. Las luchas obreras y agrarias precedieron la gran obra cardenista 

Las tres revoluciones acreditan una nación en lucha casi permanente en dos siglos y lo que va del siglo XXI, las tres exhiben una enorme experiencia histórica no bien aprovechada y recuperada por la conciencia nacional, pero que indudablemente forman parte del patrimonio nacional político e ideológico del pueblo mexicano.

Escuchemos bien a Benito Juárez:

“Mexicanos: el gobierno vuelve hoy establecer su residencia en la Ciudad de México, de la que salió hace cuatro años (…) Con la segura confianza de que el pueblo mexicano lucharía siempre sin cesar contra la inicua invasión extranjera, en defensa de sus derechos y libertad (…) Lo han alcanzado los buenos hijos de México, combatiéndolos sin auxilio de nadie, sin recursos, sin los elementos necesarios para la guerra. Han derramado su sangre con sublime patriotismo, arrostrando todos los sacrificios, antes que consentir en la pérdida de la República y de la Libertad.” 

“Ha cumplido el gobierno el primero de sus deberes, no contrayendo ningún compromiso en el exterior, ni en el interior, que pudiera perjudicar en nada la independencia y soberanía de la República, la integridad de su territorio o el respeto debido a la Constitución y sus leyes. (BJ, 1867).


* Oscar Alzaga. Abogado del Sindicato Minero y la CIT, miembro de la ANAD, ALAL y AIJD.

Imagen de portada: UNAM.



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