De chihuahuas y otros alumnos

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De chihuahuas y otros alumnos

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ÚLTIMO PISO

Gwenn-Aëlle Folange Téry*

Martes 12 de mayo de 2026


Dejé de ser maestra de primaria en junio de 2002.
Son casi 24 años.
Y sigo soñando con ello.
Con ellos.
Y siempre son pesadillas.

Esa noche estaba el Chihuahua. Incapaz de escuchar, aunque se trate de una actividad que le gusta, aunque le toque la pelota en deportes, ni pasa al frente, ni está en la fila. Inteligente, absolutamente, sus ojos brillan. Y sí, son ojos de chihuahua, grandes, pestañosos, cabello negro revuelto, cuerpecito que parece que se podría romper si cae al piso, un dios en su casa y creyéndose tal en todos lados, hermoso niño, hermoso pero difícil de aguantar, no impertinente pero casi, no desagradable pero casi.

A la pesadilla llegó también una  Lebrel Afgana, cabellera brillosa al viento, ojos que se llenan de lágrimas cuando no entiende en mate, sonrisa amplia, generosa, caminar de Doña a los 9 años. Un poquitín distante, la han lastimado con burlas los que no saben quién es, quién será. La acompañaba un Alaskan Malamute, orgulloso, caminando con calma, a sabiendas de que su sola mirada impone. No da miedo, solo, otra vez, a los que no saben. Es noble, inteligente pero se da a notar en el salón, en el recreo, no cabe pues. Pasa que le pasó lo que les pasa a los perros imponentes, quienes lo acogieron en esa escuela lo catalogaron como peligroso y no pudo más que usar su etiqueta por siempre. Menos conmigo. Nos miramos a los ojos, nos medimos pues, y nos amamos.  Peleamos, ¡cuántas veces peleamos!, pero siempre presentes el uno para el otro, eso fuimos.

En esta pesadilla, caminaban en grupo un Jack Russell Terrier, mirada atenta, el único siempre listo para saltar, gran maestro de yoga hoy, un Husky, platique y platique, quien se dedica ahora  a escalar paredes peligrosas en montes perdidos y a quien había yo apodado el profeta, por su labia sin fin, sentado siempre sobre una pierna, dos Shih Tzu, una dorada, otra color marfil, temerosas de todo, pero calmadas, lindas, ordenadas.

La lista no es exhaustiva y no te diré ningún nombre, con que los puedas imaginar es suficiente.

De todos estos sólo uno no me quería, creo, el Chihuahua.

Todos con familias presentes, interesadas en sus avances, en sus emociones. Todos probablemente buenas personas ahora que son adultos.

Pero tenerlos en mis sueños, todos en el mismo lugar y momento es una pesadilla. Sobre todo si la Lebrel de repente va empujando una carriola con un bebé dentro, si vamos por una calle aledaña a la escuela, si el Chihuahua decide llamar la atención de todos los camiones de redilas que van pasando, si el Malamute se interpone, con su mirada fija, si el Russel y el Husky  saltan al dar consejos y si las Shih Tzu chillan, aterradas. 

Y  yo soy la maestra,  los debo de llevar al salón,  si es que podemos atravesar todos la avenida, juntos.

Y claro, me doy cuenta de que el salón de esta pesadilla en particular está hasta arriba de la barranca, de que hay pasar las vías del tren y un depósito de basura para llegar a su puerta, en la que, claro, hay una prefecta con cara de ¿A ver a qué horas?

Descubro entonces que el salón de clases no tiene paredes y que comparto espacio con otro maestro, uno que habla fuerte y que menosprecia mis actividades y estoy, claro, convencida de que tiene razón.

Los alumnos no caben, hay pintura fresca sobre el pizarrón, los gises no pintan y la prefecta no me va a dar más: “Ahí está su material, maestra”

 En esta pesadilla, el bebé de la carriola dejó de llorar. No sé si porque se durmió, porque murió o porque no venía al caso. Porque sí, las pesadillas tienen su lógica, tampoco se trata de soñar a lo bestia.

En otras de mis pesadillas recurrentes, debería de aparecer un pequeño Pug. Recuerdo que apenas podía respirar por contener el llanto y la ira que lo invadían, su familia era complicada. Y pongo que DEBERÍA DE APARECER porque un día él no regresó a la escuela, nadie supo, nadie hizo. Igual sus hermanos. Yo suspiré, era algo rudo convivir en él, pero con tristeza. 

Fueron varios los que desaparecieron así, y aunque eran alumnos complicados para mí, nunca nunca los sueño.

Ya no sueño tampoco con la que tan joven murió, la que estaba tan orgullosa de su nombre, “Me llamo como mi papá, decía…”

¿Será que para ellos la pesadilla no es necesaria, que estén donde estén, están en paz?

Al Malamute lo sigo frecuentando, es un hombre de bien, por fin encontró un lugar en la vida de los demás, ya nadie le tiene miedo, vamos, ni él mismo se teme.

Las Shih Tzu sé que van bien, al Husky lo veo escalar y escalar en sus fotos de Face y el Russel me acaba de caer de sorpresa en una expo, recordándome su unicidad.

La Lebrel no sé, no recuerdo su apellido, no la puedo acosar en redes.

En cambio al Chihuahua sí lo busqué, se ha vuelto un hombre igual de guapo que lo hermoso que era de niño. No sé más, de hecho no quiero saber.

Porque tal vez, sí, tal vez, él de plano me haya tenido miedo. Y porque lo seguro es que yo, nomás de verlo, me ponía de mal humor.

Sueño con mi labor de maestra todo el tiempo y siempre es pesadillezco.

Sí, ya sé, la exquisitez de explicarle algo a un niño, un joven, y ver su mirada seguirte en tus elucubraciones no tiene igual.

Pero el pánico al entrar a salones llenos de personajes duros, de niños vulnerables, de ser la que tal vez cambie su vida, para bien o para mal, sigue vivo en mí.

Miedo a cualquier perrito que se me acerque…

P.D. M. –Pre Día del Maestro-

En Francia están agrediendo maestros y prefectos a cuchillazos. Chavillos. Dentro y fuera de las escuelas. Algunos han muerto. El miedo no es alucine.

Acaba de concluir en juicio de un muchacho que a los 16 apuñaló y mató a Agnès Lassalle, su maestra de español dentro de la escuela. Un niño de 8 años llevó a su salón 3 cuchillos, con la intención de matar a su maestra. 8 años, tercero de primaria.

Esto no es Columbine, no son chicos que se quieren vengar de la sociedad o de sus pares, estos quieren matar a alguien en particular, a uno de sus maestros.

Así que Feliz Día Maestros, si siguen vivos y duermen rico. Y si no, también.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es escritora y pintora.

Foto de portada: Danil Shostak (@max010) / Unsplash.



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