Con Cuba no van a poder

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Con Cuba no van a poder

SOMOSMASS99

Gastón Martínez* / SomosMass99

Lunes 24 de agosto de 2026

Gracias a Rafael Hernández y a Roberto Smith, de la revista Temas, por la invitación a presentar este libro. Yo creí que lo mío sería coloquial, laxo, y me estoy dando cuenta de que mi intervención va a ser casi solemne. Un buen amigo revolucionario, muy cubano, el compañero Oscar Pino Santos, en una ocasión nos comentó, a mi esposa Cecilia y a mí, que Temas era indudablemente de lo mejor de las revistas de ciencias sociales y de cultura; él tenía la impresión de que era una contribución muy importante. Lo comento en homenaje a Pino Santos y, desde luego, a los compañeros de Temas, en particular a Rafael, pero también a todo el esforzado equipo que saca adelante una tarea tan difícil, no de ahora, de siempre. Ha sido un trabajo fenomenal.

El libro que se presenta hoy, desde mi punto de vista, y ya lo mencionó Roberto, es una importante contribución y un homenaje al pensamiento y acción del comandante en jefe, Fidel Castro. Los temas que ahí se abordan son muy interesantes y variados; se analizan diversas facetas del pensamiento revolucionario de Fidel y los enfoques son muy ricos, por lo que recomiendo que se acerquen a su lectura. Ese pensamiento impacta al mundo y especialmente a América Latina de una manera que probablemente ustedes, desde Cuba, tal vez no tengan esa impresión, pero fue importantísimo en el mundo social y político latinoamericano. Además, no termina con su vida física, se proyecta desde hoy
hacia el futuro, por muchas razones.

A lo largo de mi vida he seguido, como muchos otros compañeros en América Latina, las transiciones y las enseñanzas de Fidel. Desde la adolescencia tuve la fortuna de ser parte de una pandilla que, después de la escuela, nos dedicábamos a vagar, a ver mucho cine negro estadounidense, el mexicano, y el magnífico cine europeo de aquella época. Entonces casi no llegaban películas latinoamericanas a México. Nos dedicamos también a discutir dizque filosofía —estábamos en secundaria—, moral no religiosa e historia; estábamos siempre en eso. En ese intercambio entre jóvenes, descubrimos a la Revolución cubana, y particularmente al Che y a Fidel, a través de nuestra simpatía por el cardenismo, por lo que se había logrado en los años 30 con el gobierno popular de Lázaro Cárdenas. Eso nos abrió una historia más apasionante que la que veíamos en la escuela secundaria.

Hablar de Fidel nos desborda. Aunque no soy un lego, y he seguido parcialmente, durante toda mi vida joven y adulta, su historia y sus ideas, confieso que me siento un poco profano en el tema. Pero con gusto respondo a la invitación de Temas.

A propósito de los diecinueve ensayos que están en el libro que nos ocupa, les quiero trasmitir, aunque sea brevemente, algunas reflexiones que me suscitan la lectura rápida de estos escritos. En un principio, pensé tratar de ver exactamente cómo enlazarlos. Desistí, porque son muy diversos. Entonces, lo que les planteo es comentar sobre algunas cosas que son, desde mi punto de vista, enseñanzas o legados, digamos, del pensamiento de Fidel. A una década de la partida y a propósito del centenario, quiero, aunque sea de manera informal, comentar como mexicano y latinoamericano hechos importantes que él abordó y nos alertó de su devenir, o sea, hacia dónde, digamos, se proyectaba esta realidad sobre todo en América Latina. Aclaro que no me adentro ni toco la situación actual de Cuba, porque no puedo estar aquí como «turista» y dar una opinión de cosas que no conozco a fondo, por ello en mi intervención trataré unas cuantas ideas y conceptos de Fidel, aplicables a todos los países del mundo.

La primera cuestión que me parece importante es la relacionada con el imperialismo. Tengo un seminario en México que se llama «Grandes problemas contemporáneos de México y el mundo», y a mis estudiantes les advierto, desde el principio, que hay dos ejes fundamentales para comprender el mundo contemporáneo: el imperialismo y la crisis. Uno de los temas centrales de Fidel, a lo largo de lo que fui apreciando, es la crisis, que ya es estructural en el capitalismo y crónica en el contemporáneo. Desde los años 80, esta se volvió, no ya un fenómeno temporal grave, sino ya es crónica, tiene un carácter global que se ha agravado, como nunca antes, en esta década posterior a la muerte de Fidel.

Fidel ha estudiado la ruptura del proceso de acumulación de capital, lo va siguiendo, digamos, y constantemente estuvo sobre ello. Durante la pandemia, esa ruptura en el mundo capitalista se va a demostrar. La crisis crónica del capitalismo se acentúa con la tendencia al estancamiento del sistema desde los años 80. Tenemos enfrente una situación en la que se hace obvio lo pronosticado por Fidel. Y además, un fenómeno acompañante, propiamente superestructural, una expresión hipertrófica del capital, que es la financiarización.

Ese fenómeno lo estudia Fidel, lo señala claramente, y ya en los últimos años del siglo XX advierte que ese crecimiento hipertrófico del capital financiero habrá de representar más adelante una catástrofe que el propio capitalismo no va a poder enfrentar. La crisis es ya crónica, decíamos, y en ella subyace la agresividad del imperialismo. En las guerras desatadas en los últimos años, el aferramiento de los
Estados Unidos en mantener su hegemonía como potencia imperialista es, digamos, la situación que estamos viviendo hace más de un siglo, pero que desde la muerte de Fidel a la fecha se ha acentuado de una manera hasta ahora inédita. Lo vemos en el trato con Europa, en la devastación de Palestina, en la guerra con Irán, etc. Para Cuba, tienen un plan abierto, a fin de tratar de doblegar al pueblo cubano; sus agresiones se convierten en permanentes, todo está programado en esa dirección.

Esos métodos son la manera que encuentra el imperialismo estadounidense para no perder la hegemonía, y ello está a la vista no solo del resto del mundo, sino de los propios norteamericanos; muchos estadounidenses están viendo que de ahí surgió este fenómeno Trump, y esta situación mundial.

Otro tema que preocupó a Fidel, y que de cierta manera está tratado en este libro, es lo relacionado con el estado de la naturaleza. Él dedicó, durante las últimas décadas de su vida, muchas horas a estudiar las causas de la depredación del planeta por las grandes corporaciones monopolistas transnacionales, particularmente la destrucción del medio ambiente en el llamado Sur global, que afecta no solo al sur, sino a todo el mundo; el antropoceno —que algunos especialistas ahora llaman capitaloceno— exacerba la destrucción de la vida, la proliferación de enfermedades raras, degenerativas, la zoonosis provocadora de las epidemias y pandemias contemporáneas, que provienen de la depredación del planeta por el capital monopolista. Fidel insistió sobre el problema, y su
preocupación consta en la última intervención que hizo ante la Asamblea del Poder Popular, en 2016, cuando gran parte de su discurso lo dedica a ese tema.

Otro asunto, entre los muchos que Fidel abordó, es el control de las nuevas tecnologías por parte de poderosos capitales, principalmente estadounidenses; problemas que en esta última década también se han agravado. Quienes dominan los principales medios de difusión en los Estados Unidos, y en casi todo el mundo, forman parte de una veintena de los hombres más ricos del mundo; por ejemplo, Elon Musk ya es dueño de Twitter (ahora X); Jeff Bezos posee The Washington Post y Twitch; Mark Zuckerberg que ya es el principal propietario de Meta, Facebook, Instagram, Whatsapp, Messenger; Rupert Murdoch es el principal accionista de Fox News, de The Wall Street Journal, y The New York
Post; Larry Ellison es dueño de CBS, ahora de Tik Tok, Paramount Pictures, Skydance, MTD, CNN, y en este momento está comprando Warner Brothers. Ellos son los oligarcas estadounidenses, y algunos socios de los países capitalistas desarrollados que se les unen, e incluso algunos ultramillonarios de América Latina y de países pobres, que se van sumando a este grupo oligarca mundial, que hoy pasean por los pasillos de la Casa Blanca. Ellos son un soporte ideológico principal del Estado militarista, financiero e imperialista norteamericano; por ahora son alfiles del gobierno de Trump, pero en cierto sentido lo trascienden, ya que algunos de ellos han concentrado gran parte de sus fortunas antes del gobierno de Trump.

Me salto algunas cuestiones, por cuestión de tiempo, que me hubiera interesado comentar, y me voy más a América Latina y particularmente al injerencismo estadounidense en ella. Ese injerecismo está presente, como nunca antes; los valores humanos, comunales, colectivos y familiares están bajo el fuego de los nuevos pensamientos conservadores, y ciertos medios, ahora, son francamente fascistas. O sea, en América Latina ese pensamiento de extrema derecha está presente de una manera evidente, los jóvenes son el objeto principal de esa ideología, dirigida especialmente a ellos. Fidel vivió y apoyó claramente la llegada de gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina; sin embargo, desde
su partida, algunos de esos gobiernos han sido derrotados, ya sea por vía electoral, a través de fraudes electorales, o por descuido y desapego de la propia izquierda, o por golpes judiciales. En particular, algunos gobiernos progresistas han cedido, ante una ultraderecha que poco tiene que ver con la neoliberal de los años 80 y los 90 del siglo XX; no ha abandonado el liberalismo económico, pero considera que el mercado, por sí solo, es insuficiente para construir una identidad política. Esta nueva ultraderecha ha lanzado una batalla cultural a imagen y semejanza del movimiento MAGA de Donald Trump, que linda con el fascismo, y ha adquirido demasiada presencia y demasiados derechos en distintos países latinoamericanos. Lo común en esta derecha es el antiprogresismo, en el que ahora se reencarna el anticomunismo, está en contra de la migración, desprecia las luchas de la mujer, es racista, clasista. estas fuerzas reaccionarias hoy, a diferencia de la derecha de hace décadas, no proponen encontrar el futuro en el mercado, sino regresar a un ilusorio orden y progreso, ahí está su debilidad.

Cuba enfrenta hoy la peor agresión de su historia, perpetrada contra su pueblo, el más solidario de nuestro tiempo, en más de medio siglo. Esa solidaridad fue impulsada siempre por Fidel Castro, quien también le aportó a su pueblo la confianza en el futuro, el optimismo en lograr la victoria. Por ejemplo, creo que fue Oscar Pino Santos quien me contó que después del desembarco del Granma, y en camino a la sierra, cuando solo quedaban pocos hombres con vida, y apenas intentaban reorganizarse, Fidel pidió un recuento de armas y cuántos combatientes quedaban, y al enterarse de que solo tenían algunas armas, en el momento dijo, con esto ya ganamos. Dicho carácter se dio igualmente con la campaña para terminar con el analfabetismo en Cuba. Esa confianza y optimismo los demuestra más allá de las fronteras cubanas. Cuando Luis Inacio (Lula) Da Silva lo visita después de haber participado, por primera vez, en las elecciones en Brasil, y le comenta con cierto desánimo que solo había obtenido un millón de votos, Fidel le dice: «Excelente, en las próximas vas a ganar»; o sea, para Fidel el llamado corto plazo o la coyuntura no define el curso de la historia, para él, a pesar de las dificultades que habrán de vivir los pueblos el curso de la historia se proyecta en su favor.

Como dije antes, hay otras cosas que hubiera querido comentar, pero ya se fue el tiempo. Solo quiero decir una cosa por último: con Cuba no van a poder, y lo digo porque de alguna manera la responsabilidad, digamos, el peso de la historia y el pensamiento revolucionario de Fidel sigue presente en este esfuerzo gigantesco del pueblo de Cuba.

¡Viva Fidel!


* Gastón Martínez es economista, sociólogo y antropólogo mexicano.

Este texto fue leído el 13 de agosto de 2026 por Gastón Martínez durante la presentación del libro Fidel al bate. Un legado crítico, editado como parte de los festejos en La Habana, Cuba, por los cien años del nacimiento de Fidel Castro.

Imagen de portada: Fidel Castro en La Habana (1978). | Foto: Marcelo Montecino / Wikimedia Commons.



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