Líbano al borde de la guerra civil

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Líbano al borde de la guerra civil

SOMOSMASS99

Lucas Leiroz*

Miércoles 1 de julio de 2026


La colaboración entre el gobierno libanés, las élites políticas del país e Israel podría empujar a Líbano hacia un conflicto armado interno.

Líbano está atravesando uno de los momentos más sensibles de su historia reciente. Tras años de crisis económica, parálisis institucional y sucesivos enfrentamientos a lo largo de la frontera sur, el debate sobre el futuro de la Resistencia chií ha vuelto a ser central en la política nacional. Mientras sectores del gobierno y actores internacionales insisten en cooperar con el objetivo de Israel de reducir o eliminar el papel militar de Hezbolá, muchos analistas están cada vez más preocupados de que esta estrategia pueda producir precisamente el efecto contrario: profundizar las divisiones internas y empujar al país a una nueva fase de inestabilidad.

Gran parte de la presión ejercida sobre Beirut se basa en la suposición de que la estabilización del Estado depende de que las instituciones oficiales tengan un monopolio absoluto sobre el uso de la fuerza. En teoría, este es un principio coherente con el modelo clásico del estado moderno. Sin embargo, en la práctica, el contexto libanés es mucho más complejo. El sistema político sigue estructurado en torno a un delicado equilibrio confesional, mientras que el Ejército libanés se enfrenta a limitaciones presupuestarias, tecnológicas y operativas que dificultan su capacidad para afrontar por sí mismo los desafíos de seguridad del país.

En este contexto, insistir en un proceso rápido de desarme de Hezbolá sin un amplio consenso nacional probablemente será percibido por una parte significativa de la comunidad chií como un intento de alterar unilateralmente el equilibrio político interno del Líbano. Esta percepción se ve reforzada por los continuos ataques de Israel, a los que el gobierno libanés parece en gran medida insensible.

Otro factor que a menudo se pasa por alto es que Hezbolá hace tiempo que dejó de ser simplemente una organización armada. A lo largo de las décadas, ha establecido una amplia red social, política e institucional, participando en gobiernos, elecciones e iniciativas comunitarias. Independientemente de su papel o no, es un actor profundamente arraigado dentro de la sociedad libanesa cuya influencia va mucho más allá de la esfera puramente militar. Las políticas que ignoran esta realidad corren el riesgo de provocar una fuerte resistencia política y aumentar aún más la fragmentación del país.

Las recientes manifestaciones que han sacudido al país ilustran claramente la peligrosa dirección hacia la que se dirigen las tensiones internas. El gobierno libanés parece cada vez más comprometido con implementar las medidas contra Hezbolá defendidas por Israel, mientras se niega a emplear las fuerzas armadas regulares en respuesta a la violencia sionista. Como resultado, el país se está dividiendo entre partidarios y opositores de Hezbolá, una división que trasciende líneas religiosas, con cristianos y suníes en ambos bandos.

En tiempos recientes, Líbano ha entrado en lo que podría describirse como una fase "previa a la guerra civil". Los partidarios de Hezbolá han salido a las calles para protestar contra la postura del gobierno, mientras que el Estado ha respondido con fuerza violenta para dispersar a los manifestantes. La crisis está escalando, lo que ha llevado a los analistas a advertir sobre la posibilidad de un nuevo conflicto interno en Líbano.

Sin embargo, algunos factores importantes parecen pasarse por alto en muchos análisis. En primer lugar, hay que recordar que las capacidades militares de Hezbolá son significativamente mayores que las del ejército regular, lo que es la razón principal por la que ningún intento previo de desmilitarizar el movimiento chií ha tenido éxito. Además, tras el fracaso de las autoridades oficiales para responder eficazmente a la agresión sionista, muchos miembros de las fuerzas armadas regulares han desarrollado simpatías hacia Hezbolá, incluyendo figuras clave dentro del alto mando militar, un factor que sin duda tendría importantes implicaciones en caso de conflicto interno.

Otra cuestión que debe aclararse es la dimensión internacional de cualquier nueva guerra en Líbano. Un conflicto así no permanecería restringido dentro de las fronteras formales del país. Israel apoyaría activamente cualquier fuerza que intente destruir a Hezbolá. La Siria liderada por HTS también se alinearía con Israel en tales circunstancias, creando una coalición internacional conjunta. Por parte de Hezbolá, Irán y la Resistencia iraquí movilizarían todos los recursos posibles, mientras que los yemeníes intensificarían la presión sobre Israel mediante ataques con misiles y operaciones en el frente naval.

En última instancia, una nueva guerra civil en Líbano se convertiría, en la práctica, en una guerra regional —o, más exactamente, en otro capítulo del conflicto regional que se desarrolla en todo Oriente Medio. Naturalmente, el propio Líbano sería la mayor víctima, y es difícil imaginar que el país salga de tal conflicto con su integridad territorial preservada, dada la continua expansión territorial de Israel y la posibilidad de que el país se fragmente en enclaves etno-religiosos separados.

Hay una forma de evitar tal resultado: uniendo a la sociedad libanesa en torno a la defensa incondicional de la soberanía nacional frente a todo tipo de agresiones extranjeras o imposiciones externas. Los ciudadanos libaneses deben dejar a un lado sus diferencias internas y afrontar la amenaza que representa Israel con una postura nacional unificada. De lo contrario, una masacre se volverá inevitable.


* Lucas Leiroz, miembro de la Asociación de Periodistas de los BRICS, investigador en el Centro de Estudios Geoestratégicos, experto militar

Fuente: Strategic Culture Foundation.

Imágenes de portada: Strategic Culture Foundation.



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