La OSUG y las pancartas

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La OSUG y las pancartas

SOMOSMASS99

Iván Arellano Naranjo

Jueves 9 de julio de 2026


                                                    Epitafio a un pecador

                                                       Gusanos de la tierra

                                                     Comen el cuerpo que este mármol cierra;

                                                     Mas los de la conciencia en esta calma,

                                                     Hartos del cuerpo ya, comen el alma.

- Francisco de Quevedo y Villegas.


Para cuando aparecen las pancartas afuera del Teatro Juárez, después del concierto que dirige Enrique Bátiz, los músicos y parte del público ya estaban al tanto de las faenas del director principal invitado y de que su intento no era ni mejor ni peor que el anterior. En el año 2006, el público interesado en la música de concierto conoce bastante bien quién es el director de orquesta Enrique Bátiz. Así que al final del concierto aparece un grupo de personas asiduas a la música de concierto con cuestionamientos a la calidad de las presentaciones con pancartas en las escalinatas de entrada al Juárez. Decían: “Bátiz es un estafador: 120 000 pesos por dos conciertos”, “Bátiz, la batuta más lepera de México”, “Bátiz es un saqueador”.

Estamos en el Festival Internacional Cervantino de 2006. Hay prensa cubriendo el concierto y, entre ellos, podemos ver a Lázaro Azar, periodista y crítico de cabecera del también director de la Orquesta Sinfónica del Estado de México. Afirma el señor Azar que “si se trata de tener una buena orquesta, hay que apretar tuercas y no a todo el mundo le gusta que le digan afina”. Buen chiste del crítico. Claro es que está muy de lejos de lo que es ser un músico de orquesta sinfónica y que cuando hace acto de presencia en algún ensayo, sobre todo de la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM) le pasan de noche las verdades de las denuncias de maltrato y humillaciones que inflige el director a los atrilistas cuando prepara un ensayo y, todavía más, la calidad del resultado final.  

Lázaro Azar entiende de apretar tuercas, mientras que el público que entiende y le gusta la música denuncia en los medios locales la falta de repertorio adecuado, pues juzgan que la orquesta esta atrasada, no avanza, toca clásico y casi nada moderno, que deja al descubierto una programación muy sobada en todos lados, muy al estilo del director que no aporta nada nuevo: “Da flojera ir a un concierto a escuchar eso”, comentan.

El panorama es deprimente y desolador. Las personas que acuden normalmente al Templo de la Compañía -donde en ciertas ocasiones ensaya la orquesta-, ya sean católicos, guías de turistas o maestros que acompañan a sus alumnos, son testigos involuntarios de las bromas de mal gusto, de comentarios racistas, sexistas. Llega a decir que “arrea” a los músicos como animales. Es difícil para ellos entender que los integrantes de la OSUG no levanten la voz y que se vean ya acostumbrados al trato irrespetuoso y soez como parte de su rutina de trabajo.

Los periodistas ven una respuesta entusiasta que desborda aplausos sostenidos y conmovidos. De parte de los sinfónicos, existen versiones de que los gestos de Bátiz respecto a la música son irrelevantes, que no hace falta tener más ensayos sino ensayar mejor, menos gritos a cambio de atención a la música de los programas. Señalan que a la orquesta cada vez le falta más exactitud y presenta más problemas en la afinación. Apenas es una sombra de los resultados que se obtenían, a lo mucho, dos años atrás.

El dinero es un problema serio por evidente. El director principal (no es titular) recibe, como la aclara él mismo, $80 000.00 por dos conciertos al mes. En cambio, la administración sabe que el maestro tiene a su esposa como gerente y cobra como gerente, aunque en raras ocasiones se le vea por la oficina. Eso sí, el sueldo le llega directa y puntualmente a Bátiz.

Seis años después sale como vino: por la puerta de atrás. Durante esos años no realiza convocatorias ni exámenes de ingreso a la orquesta. Invita a alrededor de 10 músicos, que obtienen plaza sin presentar audición de ingreso. Antes, realiza dos giras con la OSUG: la primera a China y la segunda a Egipto (de muy bajo nivel artístico las dos). Poco tiempo antes llevó a esos mismos países a la OSEM, con la que realiza de forma regular giras a Estados Unidos. Incluso, posee una agencia de viajes que oportunamente vende los planes de viaje a las dos orquestas. El primer cargo que tuvo en Guanajuato fue el de asesor musical. No tuvo, en cambio, la suerte de que alguien de sus amigos le aconsejara la manera de tratar a los funcionarios del gobierno del estado y de la Universidad. Así que se le fueron sumando maltratos. Además, en el sindicato de la Universidad contaba con un buen número de quejas y denuncias de las que tampoco nadie le advirtió.


Foto de portada: Gaceta de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.



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