La OSUG, Bátiz y la cultura

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La OSUG, Bátiz y la cultura

SOMOSMASS99

Iván Arellano Naranjo

Viernes 3 de julio de 2026


La Gotera

                                               Esbozo musical que se devana

                                               ...Ritmo alterno

                                                de arteria o de campana:

                                                Tic…

                                                Tac…

- Francisco González León (1862-1945).


La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, a partir de 1992, atrae la atención del público de los municipios y de los alumnos de las unidades académicas de la Universidad con más recursos materiales y humanos. Es una costumbre que para el 2005 se convierten en un hábito para los músicos las visitas a Salamanca, Salvatierra, Celaya, Irapuato, León y su presencia en las fiestas de las comunidades donde se les invita regularmente, con viajes de regreso a casa después de medianoche no sin antes hacer escalas técnicas en el camino para surtirse de cervezas, botanas y disfrutar de una excelente película. De los tres autobuses que transportan a la orquesta, en el número dos ya contaban con todo un cineclub para los viajes. Uno de los colegas compartía Fassbinder, Tarantino, Fellini, Escola, Herzog, etcétera. El compañero estaba al día. 

Así, Enrique Bátiz llega con su “proyecto”. Anuncia desde el pódium que a la OSUG debe tratársele bien y pagar mejor, porque mientras no le paguen bien a la orquesta, no va a ningún lado. La advertencia no quiere decir que esté pensando en los sueldos o los viáticos del personal, aunque así lo manifieste. Veamos: hay dos conciertos en los municipios. Bátiz dirige uno en Celaya y otro León, y ya. No hay ni uno más durante los seis años que trabaja en Guanajuato. Veamos más: para el concierto en León, por descuido de la administración, cae en manos de algunos atrilistas un oficio que, entre otras cosas, decía: "Por órdenes del maestro Enrique Bátiz, de los ochenta mil pesos que se pagaron por el concierto en el club Verde (deportivo privado de la ciudad de León) se deben depositar cuarenta mil en la cuenta del solista y cuarenta mil en la cuenta del maestro Bátiz".

El programa de superación que anuncian el rector Arturo Lara y Eugenia Tenorio, directora de Extensión Cultural en 2005, y con la seguridad de que se va a influir directamente en la vida cultural universitaria y del estado, lo que obtienen del nuevo responsable de los conciertos de la OSUG es que la orquesta no salga de la capital mientras no haya una remuneración económica extra para su director. Y, bueno, tiene en mente algo más importante que un proyecto cultural universitario: “internacionalizar” a la OSUG, lo que significa dinero (huesos, en la jerga musical) para él. Al director principal invitado no le preocupa dejar de lado la música sinfónica en el estado, y a las autoridades de la Universidad y estatales tampoco.

Es el momento en que el director comparte su carga laboral con la Orquesta Sinfónica del Estado de México y la OSUG. En Guanajuato, dedica su esfuerzo en planear las giras internacionales y colocar a los músicos extranjeros y chilangos en su lugar, como había prometido a sus amigos Sergio Rábago (qepd), Armando Delgado (delegado sindical) y Fidel Berrones. Toma la decisión de intervenir en la plaza ocupada por el maestro Gregory Stavroudis Allina, principal de la sección de cornos, de origen estadounidense nacionalizado mexicano y reconocido músico de muy buen nivel. Toda la orquesta es testigo de cuando en el mes de marzo de 2006, antes de empezar el primer ensayo de la semana, Stavroudis se encuentra con que en su sección de cornos hay un cornista extra que, invitado por Bátiz, tocará en su lugar de principal de cornos, desplazándolo. El director le indica al maestro Gregory que se retire, a lo que el cornista se niega afirmando que es su lugar, que lo obtuvo mediante audición y que no lo puede abandonar. El día de trabajo transcurre en un ambiente pesado, difícil, hostil.

La respuesta de la autoridad no se deja esperar. Personal de la oficina de Recursos Humanos prohíbe la entrada en su sede de trabajo al cornista, el maestro Gregory, lo que da lugar a un litigio largo y pesado. Armando Delgado, delegado sindical y representante laboral de los músicos, no juega en la arena de sus compañeros: toma partido por el director y hace acto de presencia acompañado de siete personas que no se identifican, pero que obviamente son colegas. Los ocho son testigos de la rescisión de contrato que se pretende llevar a cabo y dejar fuera de la OSUG al maestro Gregory Starvroudis, principal de la sección de cornos.

Bátiz demuestra que forma parte del más rancio estilo patriarcal, autoritario y machista de la época.


Imagen de portada: Enrique Bátiz Campbell. | Foto: Secretaría de Cultura del gobierno federal.



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