La indignidad como escudo
SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 13 de marzo de 2026
Con el falaz argumento de la lucha contra el narcotráfico, el presidente de Estados Unidos organizó el pasado 7 de marzo una «cumbre» que denominó Escudo de las Américas, a la que invitó a mandatarios de Argentina, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Guyana, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Trinidad y Tobago, República Dominicana y Chile (asistió quien en ese momento era el presidente electo). El común denominador de los reunidos con Trump es su pertenencia al espectro político e ideológico de la derecha.
Si realmente existiera en Estados Unidos una genuina preocupación por el narcotráfico hubieran implementado campañas contra el consumo y adicción a las drogas, contra los traficantes en su territorio y contra el lavado del dinero resultante de las ganancias de ese ilícito negocio. Además, habrían solicitado el apoyo de todos los países de este continente.
Sin embargo, convocó solamente a aquellos dirigentes cuya subordinación al imperio raya en una total ausencia de dignidad y respeto a sus pueblos, a quienes aun siendo despreciados por el «emperador» le aplauden sus ocurrencias ─por más estúpidas u ofensivas que sean─ y lo adulan, a la vez que disfrutan de su cercanía y sus falsos halagos; son quienes encajan perfectamente en el párrafo del documento de la actual Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que dice:
«Nuestros objetivos para el Hemisferio Occidental se pueden resumir en reclutar y expandir. Reclutaremos a aliados consolidados en el Hemisferio para controlar la migración, detener el flujo de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios, a la vez que reforzamos el atractivo de nuestra nación como socio económico y de seguridad predilecto del Hemisferio. La política estadunidense debe centrarse en reclutar líderes regionales que puedan contribuir a crear una estabilidad tolerable en la región, incluso más allá de las fronteras de esos socios. Estas naciones nos ayudarían a detener la migración ilegal y desestabilizadora, neutralizar los cárteles, la manufactura local y desarrollar las economías privadas locales. Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que estén ampliamente alineados con nuestros principios y estrategia».
En esta parte del texto de ese documento ─con el argumento del narcotráfico como distractor─ se resume con toda crudeza la Doctrina Monroe, y los nuevos aliados de Trump para su Escudo de las Américas serán quienes se encarguen del trabajo sucio que dé paso a la intervención yanqui, directa o indirecta, en su intento para someter y controlar al resto de Nuestra América.
Tal objetivo obedece a la necesidad del imperio de fortalecerse para ralentizar su decadencia, recuperar su disminuida hegemonía y poder así enfrentar a quienes le compiten en aspectos que antes dominaba ampliamente.
Para volver a ser la potencia hegemónica imperialista, Estados Unidos necesita expandir y reforzar su dominio a cada vez más territorios e incrementar el despojo y explotación a los pueblos para saciar la avaricia y la sed de acumulación de su cúpula oligárquica, por ello, como históricamente ha procedido, este país recurre a la guerra.
El imperio, al carecer de atributos éticos y morales que lo presenten como un ejemplo a seguir, y así imponer su visión del mundo y la realidad, tiene que emplear amenazas, sanciones y violencia llevadas a su máxima expresión contra los más débiles, porque él mismo se impone límites con aquellos países que cuentan con capacidad de respuesta en el terreno militar.
Lo que los imperialistas, Trump, su camarilla, seguidores y aduladores son incapaces de comprender y aceptar es que el proceso de decadencia por el que transita el sistema que defienden a capa y espada es irreversible; que ha entrado a un grado de descomposición tal que cada acción o intento para frenar su decadencia tiene el efecto contrario a lo que desean obtener. Y ello los vuelve más peligrosos.
En Nuestra América, Trump aprovecha el repunte de regímenes de derecha, que llegaron al poder mediante algún tipo de apoyo o injerencia de Estados Unidos, y los convierte en sus aliados ─subordinados, incondicionales y sin una pizca de dignidad─ para someter a sus pueblos y utilizarlos en contra los demás países latinoamericanos y caribeños.
En este contexto es previsible, por un lado, que continúe y se agudice el acoso al pueblo de Cuba, que desde el triunfo de su Revolución se convirtió en ejemplo y símbolo de dignidad para los pueblos, no solamente de este continente sino del mundo, lo cual es intolerable para los imperialistas. Por otro lado, es de esperar que se lleven a cabo las más variadas formas de injerencismo yanqui, disfrazado de acciones humanitarias o de restauración democrática, para que los grupos de la derecha tomen el poder político en nuestros países y se pongan, como los ahora aliados de Trump en el Escudo de las Américas, a los pies del anaranjado magnate, como fieles lacayos.
Ante tal panorama se torna urgente, a nivel latinoamericano y caribeño, la búsqueda de la unidad de nuestros pueblos en la lucha por la paz y la soberanía; en nuestro país, además, multiplicar los esfuerzos por la unidad y la organización de los sectores progresistas de nuestro pueblo para oponer nuestra visión del mundo y la realidad a aquella que con su propaganda, campañas de mentiras y acciones desestabilizadoras quieren imponernos los que desean un México sumiso a los dictados del imperio; asimismo, manifestar nuestro rechazo a la guerra en todos los espacios en que se tenga alguna presencia.
* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: Redes Sociales.
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