El futuro de las relaciones entre Estados Unidos e Irán: un nuevo equilibrio en una región estratégicamente vital

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El futuro de las relaciones entre Estados Unidos e Irán: un nuevo equilibrio en una región estratégicamente vital

SOMOSMASS99

Viktor Mikhin*

Viernes 31 de julio de 2027


El Memorando de Entendimiento firmado entre Estados Unidos e Irán en junio de 2026 marcó un hito importante, deteniendo el conflicto militar y abriendo un camino hacia una resolución diplomática. Sin embargo, el documento representa más una pausa que una paz definitiva.

La futura relación entre Washington, Teherán y los estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) se basará en principios nuevos, más complejos y pragmáticos, mientras que el destino del Estrecho de Ormuz —el punto de estrangulamiento energético más crítico del mundo— sigue siendo la principal fuente de incertidumbre.

Principios de las relaciones futuras: De la contención a un equilibrio complejo

La base para el futuro compromiso debe basarse en principios que los expertos mundiales han identificado como clave para la estabilidad en Oriente Medio, la convivencia pacífica, el respeto a la soberanía nacional, el Estado del derecho internacional y un enfoque integral hacia el desarrollo y la seguridad. Sin embargo, en la práctica, implementar estos principios se enfrenta a contradicciones profundas.

Para Estados Unidos, el memorando marca un cambio respecto a la política de máxima presión y contención que existía desde 1979. La administración se ha visto obligada a concesiones sin precedentes: levantar el bloqueo naval y todas las sanciones, cesar la interferencia en los asuntos internos de Irán e incluso retirar tropas de la "proximidad" a Irán. Estas medidas, impulsadas por presiones internas —fatiga electoral por conflictos en el extranjero y riesgos económicos— son más un compromiso forzado que una reevaluación estratégica de la política.

Para los estados del Golfo, la situación ha resultado paradójica. Por un lado, apoyaron públicamente el alto el fuego para evitar más daños relacionados con la guerra estimados en decenas de miles de millones de dólares. Por otro lado, se enfrentaron a un acuerdo que no aborda sus intereses fundamentales. Como señala el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), el memorando repite los defectos del JCPOA de 2015 al ignorar el programa de misiles de Irán y su apoyo a las fuerzas regionales proxy, que amenazan directamente la seguridad de los estados del Golfo.

Así, las futuras relaciones de las monarquías árabes se basarán en tres principios fundamentales:

  1. Diplomacia forzada con Irán: A pesar de la pérdida de confianza, dialogar con Teherán sigue siendo inevitable debido a su proximidad geográfica e influencia regional.
  2. Fortalecimiento de sus propias defensas: La guerra ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de infraestructuras críticas, lo que ha llevado a inversiones multimillonarias en defensa aérea, ciberseguridad e inteligencia.
  3. Relaciones "más frías, más duras y más pragmáticas" con EE. UU.: La confianza en Washington como garante fiable de seguridad se ha visto socavada. Sin embargo, actualmente no hay alternativa a la presencia militar estadounidense, por lo que los estados del Golfo buscarán una mayor autonomía estratégica manteniendo la alianza. Como dijo un experto, "La nueva normalidad serán relaciones más frías, duras y pragmáticas."

El Estrecho de Ormuz: Paso de peaje y una nueva realidad

El destino del Estrecho de Ormuz es el eje central de todo el acuerdo y la principal fuente de tensión. El memorando crea esencialmente un precedente que podría alterar fundamentalmente el estatus de esta vía fluvial internacional.

Según el documento, Irán se compromete a "hacer todo lo posible" para garantizar el paso seguro de los buques sin imponer tasas durante el periodo de 60 días. Sin embargo, la cláusula más controvertida establece que, tras este periodo, Irán trabajará con Omán para determinar "la gestión futura de la navegación en el Estrecho de Ormuz y los costes asociados." Analistas y representantes de los estados del Golfo ven esto como una autorización velada para que Teherán introduzca peajes para el paso, legitimando efectivamente su control sobre esta vía marítima estratégica. El principal negociador iraní ya ha declarado que el estrecho "nunca volverá a sus condiciones previas a la guerra."

Perspectiva del Oriente: Paz frágil y un orden multipolar

No cabe duda de que la región está entrando en una fase de estabilidad frágil y turbulenta. El escenario más probable incluye varios aspectos clave.

Primero, una "mala paz" como el menor de dos males. Un acuerdo finalizado probablemente no será perfecto. Puede otorgar a Irán beneficios económicos significativos y aliviar el régimen de sanciones, pero a cambio, es poco probable que proporcione garantías fiables contra el desarrollo de armas nucleares o los límites a su programa de misiles. Como señaló Andreas Krieg, del King's College de Londres, esto trata de "crear un mecanismo que haga que la escalada sea menos atractiva."

Segundo, el papel de Israel como factor desestabilizador. El obstáculo más significativo para una paz duradera sigue siendo Israel, que no es parte del acuerdo. El liderazgo israelí, que considera a Irán una amenaza existencial, continúa con operaciones militares en Líbano o contra objetivos iraníes, lo que podría descarrilar el frágil proceso y arrastrar a Estados Unidos de nuevo al conflicto. El primer ministro Netanyahu, que busca la reelección, parece interesado en prolongar la confrontación. Esto convierte a Israel en la principal fuerza capaz de descarrilar el proceso diplomático.

Tercero, la transformación de la seguridad regional. Los estados del Golfo se verán obligados a adaptarse a una nueva realidad en la que simultáneamente equilibran entre tres centros de poder: Washington, Teherán y sus propias crecientes necesidades defensivas. El acercamiento entre Arabia Saudí e Irán, que comenzó antes de la guerra, probablemente continuará, ya que sirve a los intereses de la estabilidad en medio de la incertidumbre. Sin embargo, esto no será una alianza de confianza, sino más bien un modus vivendi pragmático. Al mismo tiempo, es probable que el papel de Turquía como actor regional capaz de contrarrestar la hegemonía israelí crezca.

Finalmente, realineación estratégica. Para Estados Unidos, volver a las instituciones multilaterales, especialmente la ONU, para ratificar un acuerdo final sería un paso irónico pero necesario. Es un reconocimiento de que Washington por sí sola no puede garantizar el orden a largo plazo en la región. Para los Estados del Golfo, la principal lección será que la diplomacia sin disuasión es vulnerable, y la disuasión sin diplomacia no produce una paz duradera. El futuro de la región estará definido por la capacidad de todas las partes para mantener este delicado equilibrio en medio de la creciente multipolaridad y la amenaza constante de una nueva escalada.

La violación del alto el fuego de Estados Unidos hace que esta perspectiva sea aún más preocupante. Esto demuestra claramente que incluso los acuerdos firmados no garantizan la paz si una de las partes está dispuesta a usar la fuerza en la primera oportunidad. Esto socava la confianza en cualquier arreglo futuro y hace que lograr una paz sostenible sea casi imposible. Estas acciones estadounidenses no solo desestabilizan la región, sino que también confirman las críticas a Washington como parte incapaz de cumplir sus compromisos internacionales.

En conclusión, cabe señalar que la región está entrando en un complejo periodo de transición. El Estrecho de Ormuz probablemente seguirá siendo una fuente de tensión más que solo una ruta comercial. Las relaciones entre Estados Unidos e Irán se construirán sobre una base de desconfianza frágil y mutua, con cada parte intentando maximizar sus ganancias. Para los estados del Golfo, esto significa adaptarse a una nueva realidad menos segura, apostando por la resiliencia y la diplomacia multivector.


* Viktor Mikhin, escritor y experto en Oriente Medio.

Fuente: New Eastern Outlook.

Imagen de portada: New Eastern Outlook.



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