Derrota diplomática imperial
SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey* / SomosMass99
Viernes 10 de julio de 2026
El pasado 7 de julio Estados Unidos cargó con una nueva derrota, esta vez en el terreno diplomático, en la Asamblea General de Naciones Unidas.
Ante la grave situación que vive el pueblo cubano, producto del bloqueo recrudecido por el cerco energético y sanciones impuestas por el gobierno estadounidense en la segunda administración de Donald Trump, a las que se suman una serie de amenazas de agresión e invasión militar, Cuba, con carácter urgente, solicitó a la Asamblea General de Naciones Unidas abrir un debate sobre la Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba.
El bloqueo a Cuba, impuesto desde febrero de 1962, cuyo principal objetivo ha sido generar todo tipo de carencias y problemas a la población para provocar descontento y que este se manifieste en oposición al gobierno revolucionario, en forma e intensidad tales que se conviertan en pretexto para una intervención «humanitaria» de Estados Unidos que, nuevamente, convertiría a la Mayor de las Antillas en una neocolonia yanqui, peor que lo que fue antes de la Revolución
Con la segunda llegada de Trump a la Casa Blanca el bloqueo se agudizó de tal manera que sus efectos y daños se miden no solamente en términos monetarios, disminución de calidad de vida, violaciones a los derechos humanos o al derecho internacional, sino en vidas de seres humanos. Eso tiene un nombre: genocidio.
Ante la solicitud de Cuba a la Asamblea General, Estados Unidos desplegó una campaña de presiones y amenazas a los países miembros de la ONU para que se opusieran al citado debate o que asumieran posiciones contrarias a Cuba, utilizando los falaces argumentos que el imperio trata de imponer para crear una visión distorsionada de la realidad en la isla. Además, por el carácter extraterritorial de las leyes, normas, decretos y disposiciones que sustentan ese bloqueo, se viola sistemáticamente la soberanía de muchos países, empresas y personas.
En la sesión de la Asamblea General del pasado miércoles, en su intervención el representante de Estados Unidos, Mike Waltz, trató de poner en duda la pertinencia de la discusión sobre el bloqueo contra Cuba y a reiterar la oposición de su país a la celebración de un debate sobre ese tema. Rechazó la existencia de un bloqueo, responsabilizó al gobierno de la isla por los problemas que padece, lo acusó de reprimir y encarcelar a los opositores al régimen y mediante una sarta de mentiras y argumentos falsos intentó denigrar a dirigentes y personajes históricos de la Revolución (parece que se le olvidó que en su país existe la persecución a migrantes no blancos, las innumerables agresiones e invasiones militares que su país ha llevado a cabo en su historia, la represión a las protestas antiguerra, la pérdida de calidad de vida de buena parte del pueblo estadounidense, y la enorme corrupción en el gobierno yanqui, por citar algunos casos) . Por ello fue objeto de mociones de procedimiento y réplicas por parte de Cuba que exhibieron su ineptitud diplomática, desconocimiento de la historia y su baja o nula calidad moral.
No obstante las presiones y amenazas del gobierno yanqui para impedir la discusión acerca de la solicitud de Cuba a la Asamblea General, se llevó a cabo hace tres días y por amplia mayoría se aprobó la realización del debate (136 votos a favor; 9 en contra y 30 abstenciones).
Este resultado muestra que no obstante el avance de fuerzas de derecha y ultraderecha en muchos gobiernos ─de los que algunos se alinean triste, ignominiosa y vergonzosamente a los dictados imperiales─, en los pueblos de la inmensa mayoría de los países miembros de la ONU existe un rechazo a la intención de dominio del mundo por el imperialismo yanqui y a ser vasallos de ellos.
Esas cualidades del representante de Estados Unidos ante la ONU ─ineptitud diplomática, desconocimiento de la historia y baja o nula calidad moral─ no son atributos personales sino la característica de muchos políticos estadounidenses que están al servicio del capital, no de su pueblo; por ello, tanto el suyo como los demás pueblos del mundo son objeto y víctimas de su ambición, supremacismo, desprecio, odio y racismo, de ahí la «popularidad» que gozan entre las personas dignas en este mundo.
Tal «popularidad» se manifiesta prácticamente en todo el mundo y en los diferentes aspectos de la vida económica, política, social y cultural, y es muestra de uno de los efectos de la crisis y decadencia del imperialismo yanqui.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato; del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba; y del colectivo México Libre, Justo y Soberano.
Foto de portada: Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.
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