De cadenas y huesitos

De cadenas y huesitos

SOMOSMASS99

Gwenn-Aëlle Folange Téry* / SomosMass99

Lunes 13 de abril de 2026

Estoy a dieta. Forzada. No para cambiar mi peso, ese barco zarpó hace mucho. Ni por alguna consideración ecológica o económica, ya sé quién y cómo soy, no me voy a embarcar en algo nuevo hoy.

Na… 

Resulta que mi cuerpo ya no soporta ciertos alimentos, y no te hablo de lácteos o de gluten, sino de lo que podría parecer completamente inocuo, incluso sano: lechuga, champiñones, betabel y demases.

¿Por cuánto tiempo? De por vida. Mis intestinos y mi estómago marchan diario, juntos, para manifestar su enojo. Y yo les sigo la corriente, remar pa’arriba ya no se me da.

Sería más fácil si hubiera una motivación ideológica, creo, onda naturismo, vegetarianismo, veganismo, ecología y otros.

Aunque me detengo a pensar en los veganos. Entiendo perfectamente la motivación, el respeto profundo a los demás animales, entiendo que comer huevo es destruir vida en potencia y además, fomentar el encarcelamiento de las gallinas, que comer queso, yogurt, mantequilla o usar leche implica tener a vacas amamantando por años. Encarceladas también. A quitarles  sus becerros casi casi recién paridos.

En donde meto tantito el freno es en el abono de la tierra que verá crecer nabos y papas, perejil y cilantro.

Porque si seguimos una lógica vegana, o naturista para abarcar más pensares, pues esa tierra no se abona con productos químicos, sino con estiércol. 

Digo, paréceme obvio y natural.

Y mi mente tortuosa pregunta: ¿se vale esperar a que animales en libertad caguen para robarles la caca y llevarla a tierras ajenas? ¿No entra esto en contradicción con alguna ideología? ¿No nos metemos con no sé qué ecosistema?

Y me asalta otra pregunta: ¿se contagiaran los veganos de alguna forma de maltrato hacia los animales al preferir alimentos crecidos con abono natural, salido, como los huevos y la leche, de un animal? ¿Dejarán entonces de ser completamente veganos?

Y esta decisión, política como lo son todas las decisiones personales, ¿se podrá extrapolar a mi cotidiano?[1]

Y extrapolo, libremente: ¿irías a una marcha del Día de las Madres con Cecilia Flores Armenta, dirigente del grupo Madres Buscadoras de Sonora? ¿A sabiendas que de dos hijos que le desaparecieron, uno era narco?[2]

¿Habrá esa madre perdido su sacrosantidad por ser su hijo quién era? ¿Habrá sufrido menos, ¿más? que las otras madres, las que conozco y las que no, por tener a un hijo, hija, desaparecidos? ¿Se vale dejar libre paso a la jauría que se ha desatado porque ella sí encontró los huesos de su hijo y otras no? ¿Estar en la misma marcha que ella salpicara nuestro hermoso perejil nutrido de estiércol?

Dos posibilidades, ¡no!, tres:

  • No participar en las marchas del día de las Madres en México: Total yo no soy madre, total no me han desaparecido a nadie, total ni pelan los del gobierno, si hasta a la ONU, que de milagro dice algo, increpan, y largos y numerosos etc.
  • Ir pero no con ella, a sabiendas -porque el ruido de las marchas de otros  años  ha rebasado montes, llanos y fosas clandestinas-, de que  los demás contingentes,  los que no vayan al Ángel o tomen otro camino para llegar al Palacio Municipal de su entidad, casualmente se encontraran grupos de choque quién sabe dónde.
  • Ir en el mismo contingente, juntos parecemos más, y chance salpicar de estiércol  negro y oscuro nuestros pies y nuestras mentes, como los veganos pues, con sus nabos.

Y ya, porque mi mente se deja asaltar como si le gustara, pregunta final: ¿El que unos hayan sido malas personas, narcos, asesinos, sicarios, reduce realmente el derecho de su familia a recuperar, aunque sea una cadena, un huesito?


Notas:

[1] «Lo personal es político» (también denominado «lo privado es político») es un argumento político utilizado como lema del movimiento estudiantil y de la segunda ola del feminismo. Esta frase busca poner de relieve las conexiones entre la experiencia personal y las grandes estructuras sociales y políticas. En el contexto del movimiento feminista de las décadas de 1960 y 1970, fue un desafío a los valores de la familia nuclear.[1]​ La frase se ha descrito en repetidas ocasiones como una definición característica de la segunda ola del feminismo, del feminismo radical, los estudios de la mujer, y del feminismo en general. Fuente: Wikipedia.

[2] Fuente: Milenio.


* Gwenn-Aëlle Folange Téry es escritora y pintora.

Foto de portada: Gwenn-Aëlle Folange Téry.



En SomosMass99 hacemos periodismo independiente. Solo te necesitamos a ti, ayúdanos.

Read more