Crisis, decadencia y derechas
SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey* / SomosMass99
Viernes 26 de junio de 2026
Ante el embate de la crisis que, de manera general, golpea al capitalismo y, particularmente, a Estados Unidos, aunado ello a su decadencia como potencia imperialista y el desarrollo y ascenso ─comercial, industrial, científico, tecnológico y, en algunos casos, militar─ de países que antes estaban atados mediante fuertes lazos de dependencia a las centros de poder capitalista o su situación estuvo condicionada por este sistema, el mundo ha entrado a un proceso de reconfiguración de las relaciones internacionales en el que la tendencia de tales relaciones apunta a una multilateralidad, con base en la cooperación y la interdependencia, en lugar de la imposición ─muchas veces por la fuerza─, la coerción, la explotación y la dependencia estructural que crearon condiciones de pobreza, miseria, desigualdad, injusticia e inequidad entre países y al interior de ellos.
Esa reconfiguración se ha reflejado en la gradual disminución de la hegemonía de Estados Unidos, país que en el intento de resolver sus contradicciones pretende, como en otros tiempos, transferir el costo de su crisis al resto del mundo ─incluidos sus aliados─, cosa que ya no es tan fácil como cuando era la potencia indiscutible.
Al mismo tiempo, el imperialismo estadounidense busca por diferentes vías debilitar a los países que de alguna manera le compiten y obstruye cualquier tentativa de cooperación o colaboración de la que no sea la parte que obtenga la mayor ventaja. Entre esos países se encuentran los del grupo BRICS+, especialmente China, Rusia, India e Irán, país este último al que en complicidad con Israel agredió militarmente para provocar un cambio de régimen con la finalidad de controlar sus recursos y, mediante el control de su territorio, obstruir proyectos comerciales y de cooperación de China con África y Asia.
No obstante su enorme poder, Estados Unidos carece de la capacidad para crear y afrontar conflictos simultáneos contra quienes considera sus enemigos. Ante la necesidad de fortalecerse ha rediseñado su táctica y se ha centrado en el control del hemisferio occidental, concretamente en Latinoamérica y el Caribe; a ello obedece la actualización de la Doctrina Monroe, contenida en la Estrategia de Seguridad Nacional, dada a conocer el pasado diciembre.
Entre otras cosas, dice:
«Nuestros objetivos para el Hemisferio Occidental se pueden resumir en reclutar y expandir. Reclutaremos a aliados consolidados en el Hemisferio para controlar la migración, detener el flujo de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios, a la vez que reforzamos el atractivo de nuestra nación como socio económico y de seguridad predilecto del Hemisferio. La política estadounidense debe centrarse en reclutar líderes regionales que puedan contribuir a crear una estabilidad tolerable en la región, incluso más allá de las fronteras de esos socios. […] Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que estén ampliamente alineados con nuestros principios y estrategia».
Con el mayor cinismo y desparpajo se refieren a Nuestra América como si fuera realmente su patio trasero, actitud que se confirma con el injerencismo abierto y descarado en procesos electorales y vida pública de otros pueblos, en descalificar y sancionar a quienes disienten o no se alinean a los intereses yanquis, en considerase dueños de los recursos y riquezas naturales de nuestros países o considerar esos recursos y riquezas de interés para su seguridad nacional.
A la necesidad del imperialismo estadounidense de ejercer un control casi absoluto sobre esta parte del mundo se vincula el avance de los gobiernos de derecha y, sobre todo, de ultraderecha en Latinoamérica y el Caribe. La injerencia de Estados Unidos y sus lacayos europeos en apoyo de las fuerzas políticas más reaccionarias es abierta y violatoria de las más elementales normas de convivencia internacional y con el mayor desprecio hacia los pueblos de Nuestra América. De ese modo en un buen número de países latinoamericanos y caribeños han llegado al poder grupos apátridas que representan los intereses del imperio y de las oligarquías subordinadas a Washington.
Ahora, con triunfo electoral de las fuerzas de la ultraderecha en Perú y Colombia, las amenazas y el injerencismo yanquis se agudizarán, principalmente, contra Brasil, México, Cuba y Nicaragua, porque el imperio no tolera a quienes desde posiciones progresistas, nacionalistas o de izquierda, y en defensa de su soberanía, intentan construir su presente y futuro sin subordinación a los intereses yanquis.
Y ese avance de las fuerzas políticas más reaccionarias ─tanto que algunas hacen recordar al fascismo─ pudiera parecer anacrónico, sobre todo si consideramos que en cualquier país la inmensa mayoría de la población debe trabajar para vivir o, en no pocos casos, sobrevivir; y en aquellos países donde las relaciones de producción capitalistas son las dominantes, buena parte de los trabajadores vota por sus explotadores.
Tarde o temprano esos que están ganados a las posiciones de sus explotadores tomarán conciencia de su situación y habrán de situarse del lado correcto de la historia para lograr su liberación.
Es tarea de las fuerzas progresistas y de izquierda desplegar, entre otras formas, la lucha ideológica para que en la mayor parte de la población impere una visión del mundo que explique la realidad en que vivimos y con esa base podamos transformarla, para evitar que esas fuerzas reaccionarias tomen el poder político o, en su caso, desplazarlas de esa posición.
* Miembro del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Ilustración de portada: La atracción del imán Monroe. | Autor: Udo J. Keppler, en la Revista Puck, 1913. | Vía: Wikimedia Commons.
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