Vigencia plena de la obra política de Benito Juárez

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Vigencia plena de la obra política de Benito Juárez

SOMOSMASS99

Oscar Alzaga* / SomosMass99

Martes 3 de noviembre de 2026


“Ha cumplido el gobierno el primero de sus deberes, no contrayendo ningún
compromiso en el exterior, ni en el interior, que pudiera perjudicar en nada la
independencia y soberanía de la República, la integridad de su territorio o el
respeto debido a la Constitución y sus leyes”.

- Benito Juárez

“Mexicanos: El gobierno vuelve hoy a establecer su residencia en la ciudad de
México, de la que salió hace cuatro años. (…) Con la segura confianza de que el
pueblo mexicano lucharía sin cesar contra la inicua invasión extranjera, en defensa de sus derechos y de su libertad. (…) Lo han alcanzado los buenos hijos de
México, combatiéndolos, sin auxilio de nadie, sin recursos, sin los elementos
necesarios para la guerra. Han derramado su sangre con sublime patriotismo,
arrostrando todos los sacrificios, antes que consentir en la pérdida de la República y de la Libertad”.

- Benito Juárez

“¡Fue el indio Benito Juárez, que echó un imperio al mar, y supo desafiar la
pobreza con honor, y reconquistó y aseguró la independencia de su tierra! (…) No
bien entró, de vuelta a su cruzada épica, a gobernar en paz a su México, aquel
indio egregio y soberano, que se sentará perpetuamente a los ojos de los hombres
al lado de Bolívar”.

- José Martí

“…porque un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un
ejército. Es que México ratifica cada año ante el mundo -con su derecho creciente
de república trabajadora y natural- su determinación de ser libre. Y lo será porque domó a los soberbios. Los domó Juárez sin ira”.

- José Martí

“Habitantes de Puebla: Tenéis razón en creerme con vosotros. No os hace la
guerra Francia; es el Imperio. Estoy con vosotros. Vosotros y yo combatimos
contra el Imperio; vosotros en vuestra patria, yo en el destierro”.

- Víctor Hugo

“La intervención propuesta en México por Inglaterra, Francia y España, es, en mi opinión, una de las más monstruosas empresas jamás registradas en los anales de la historia internacional”.

- Carlos Marx


Desde luego no hay un punto de comparación entre el conservador y traidor Santa Anna y el gran liberal y antimperialista Juárez: aquel vendió la patria, entreguista, corrupto y pro yanqui, con ribetes de dictador durante la intervención militar yanqui en México de 1846 a 1848; Juárez fue la firmeza, honestidad y patriotismo frente al ejército francés y su títere Maximiliano. ¿Cuántos presidentes podrían enfrentar hoy lo que Juárez durante su gobierno?

De la obra de Benito Juárez han escrito varios historiadores y escritores de la talla de Martí, Molina Enríquez, Ricardo Flores Magón y otros. Fue siempre cuesta arriba, de niño, joven y adulto indígena, porque una de las peores herencias de la colonia española y europea fue el racismo y la ideología supremacista del conquistador, la que resurgió con fuerza en los conservadores del siglo XIX, en la dictadura porfirista, con Miguel Alemán y el reciente neoliberalismo de 1982 a 2018 y en lo que queda del PAN y el PRI, sobre todo en la oligarquía y la derecha nacionales.

La herencia colonial y su ideología de 300 años de dominio y sometimiento de los indígenas, negros y mestizos daba otro trato a los criollos, salvo a los rebeldes de la colonia y la independencia de 1808 a 1824, como Hidalgo, Allende y otros. Serían dos soldados de la corona, Iturbide y Santa Anna, quienes al advertir en 1808 la caída de España ante las armas superiores de Francia, cambiaron de bando y se pasan a “liderar” la independencia: en el abrazo de Acatempan, asesinan a Guerrero y con el Pacto de la Profesa, aquella iglesia pútrida, rica y aliada a la traición. 

La decadencia de España imperial era una realidad, no solo por su debilidad en armas ante Francia como por sus clases parásitas a la cabeza: la realeza pútrida, estéril e impotente, la iglesia clasista y traidora de la religión de Cristo a favor de los pobres, las instituciones coloniales impuestas por la fuerza y el capital mercantil parasitario y rentista hispano. Todos los intentos liberales y democráticos de España de los siglos XIX y XX fueron aplastados por ellos y los nazis de 1936 a 1939.

Ya hacía tiempo de la decadencia de la España imperial de los siglos XVI y XVII que se atrasa ante el pujante desarrollo del norte europeo desde el siglo XVIII y XIX en adelante. De 1519 a 1521 la derrota de los pueblos prehispánicos no fue una hazaña ni proeza, como algunos historiadores la interpretan. Un gran escritor experto en colonialismo de Europa en África y el Tercer Mundo, dejó este testimonio:


“No eran colonizadores; su administración equivalía a una pura opresión y nada más. Eran conquistadores, y eso lo único que requiere es de fuerza bruta, nada de lo que se pueda vanagloriarse uno cuando la posee, ya que la fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros”.              

- Joseph Conrad. El corazón de las tinieblas. 1902.


La corona española hereda a Latinoamérica su atraso económico, una religión degradada (salvo excepciones: Sahagún, Las Casas y otros) y un conservadurismo social, cultural, ideológico y político (que lo diga Sor Juana), que en México serían reproducidos por los españoles monárquicos que se quedaron y tenían grandes propiedades, minas, encomiendas (haciendas) y comercio; también por criollos conservadores, por el ejército de viejo cuño y la iglesia católica, entonces dueña de grandes propiedades, tribunales, colegios, registros de nacimiento, bodas,  defunciones, panteones y, sobre todo, el púlpito de la ideología conservadora.

A diferencia de Inglaterra, que dejó en Estados Unidos (EU) una economía pujante en el norte, de tipo capitalista e industrial. Que llevó a EU en 1823 a la doctrina Monroe de “América para los americanos”, y en 1847 a invadir militarmente México y robar la mitad del territorio nacional en 1848, pactado en el Tratado de Guadalupe y después avanzar hasta dominar Latinoamérica. Puerto Rico, Cuba y Filipinas en 1898, Panamá después, etc. 

En este panorama, durante la guerra de independencia se fueron formando los dos bandos principales en pugna en México y Latinoamérica: conservadores y liberales: unos, aferrados al pasado monárquico y conservador y, otros, empeñados en el cambio y mejora de la sociedad, en la democracia y el liberalismo; unos, aliados a los dueños de la riqueza, la iglesia y el ejército del pasado; otros, aliados al pueblo, querían el progreso apoyados en la nueva Constitución de 1824 y sus leyes.

 La Nueva España vivía los extremos económicos y sociales: la miseria y la opulencia, Humboldt había pasado y estudiado la Nueva España en 1803 y 1804, dando a conocer al mundo su riqueza minera en pleno auge de 1770 a 1804, él admiró la Ciudad de los Palacios y la opulencia, pero también conoció la pobreza extrema de la nación, de la gran mayoría del pueblo, y dejó su testimonio escrito. 

Al surgir la nueva nación entre 1808 y 1824, los bandos se definieron opuestos y no fue raro que algunos se pasaran al bando contrario, salvo los más definidos y firmes, como los liberales: Juárez, Zaragoza, Altamirano, Juan Álvarez, Melchor Ocampo y otros; y los conservadores: Iturbide, Santa Anna, Lucas Alamán, Miramón, Mejía y otros. Comenzó la lucha por definir gobiernos absolutistas, centralistas, monárquicos o dictatoriales, con la iglesia como parte del bando conservador del Estado, con Iturbide, Santa Anna y Lucas Alamán a la cabeza. Su impotencia los llevó a suspirar por un México subordinado a una nación fuerte: Francia. 

El bando liberal proyectaba un gobierno democrático, federal, independiente y una Constitución integrada con aspectos básicos, que fuera no sólo una Ley de Leyes sino también un Proyecto de Nación Libre y Soberana, y separar a la iglesia del Estado. Esa era la nación propuesta por los liberales más radicales y consecuentes.

Estas fueron las alternativas de nación que se confrontaron internamente de 1821 a 1854 y de ese año a 1872. Afrontando dos intervenciones armadas extranjeras: una, la yanqui que derrotó a México (1846-1848) enfrentada por los conservadores. La otra, la intervención francesa (1862-1867), enfrentada por los liberales hasta derrotarla; culminó en el Cerro de las Campanas con el fusilamiento de Maximiliano y los traidores mexicanos Miramón y Mejía.

De 1810 a 1821 la nación viviría las luchas de independencia, con un pueblo armado y participativo, que llevaría el estandarte de la Virgen de Guadalupe, más conocida por los indígenas y mestizos como “Lupita-Tonantzin”; luego,


“La reacción, cuya máxima es que los motines militares sean, y no la ley, los que pongan y quiten las autoridades cuando les plazca. Por eso desde el año 28 hasta el de 37 se estuvieron removiendo los gobernadores cada año o cada seis meses, porque elevados al poder por los motines no podrían alegar un título legítimo. (…) Por eso, la reacción, consecuente con su máxima ha sostenido su Plan de Tacubaya (golpe de Estado) con tal obstinación, ahora ha apelado al auxilio extranjero para llevar a cabo su idea de imponer su voluntad a la nación.” 

- Benito Juárez.


En 1854 mejor agrupados y organizados los liberales y convocados por el Plan de Ayutla, de Juan Álvarez, para derrocar la dictadura de Santa Anna, se levantan en armas e impulsan programas sociales y económicos que incluyen la separación de la Iglesia del Estado, una nueva Constitución, las Leyes de Reforma, que los lleva a la guerra de tres años contra los conservadores, la que en 1860 ganan, por mucho, los liberales. 

En 1858 Juárez ocupa la presidencia del país, de hecho ya era uno de los líderes liberales, al encabezar la guerra y las reformas que serían la alternativa liberal. El programa de cambio representado por la Constitución de 1857, y la guerra interna entre liberales y conservadores precipitan las medidas que llevan a expropiar los bienes de la iglesia y a cerrar templos y conventos (por lo que hasta Pío IX, el papa del Vaticano, apoya la invasión francesa contra México). Pero la batalla de Calpulalpan, el 22 de diciembre de 1860, propicia el triunfo liberal sobre los conservadores y frena la regresión histórica de la reacción.

Impotentes ante la derrota, los conservadores acudieron a Europa a entregar la libertad e independencia de la nación al pedir al imperio de Francia, de Napoleón III (“el pequeño” o el mediocre), que invadiera a México, a la vez que al Archiduque de los Habsburgo, Maximiliano, le piden gobernar México como monarca, pero subordinado a las armas y al ejército de Francia.

Con el pretexto de una deuda de México con Inglaterra, Francia y España, llegan tropas invasoras de los tres países al puerto de Veracruz a amenazar. Pronto Inglaterra y España se convencen de que se trata de una deuda que no amerita la invasión y se retiran con sus tropas. Pero Francia revela que no es el cobro de la deuda lo que la mueve, sino su expansionismo imperialista, convertir a México en una colonia de fácil explotación. 

Un solo ejemplo de lo que era Europa en el siglo XIX: Leopoldo II, rey de Bélgica, conquistó el Congo, en África; el rey era hermano de Carlota (la esposa de Maximiliano). Ese rey hizo del Congo una colonia personal para explotar sus enormes riquezas naturales: caucho, diamantes, marfil y, sobre todo, la fuerza de trabajo, a la que obligaba a jornadas extenuantes, al extremo de que el castigo a la desobediencia, era la amputación de brazos y piernas a los negros. Se calcula que asesinó a 10 millones de personas. Es solo un ejemplo de la política de aquella Europa, de cómo dominaba y explotaba al mundo en esa época: Asia, Medio Oriente, África y América.

En abril de 1862 inician su dominación las tropas francesas sobre México, cuyo gusto no duró mucho tiempo, ya que al avanzar a Puebla se produce la primera derrota del ejército extranjero, el 5 de mayo de 1862, propinada por los liberales, el pueblo e indígenas encabezados por Ignacio Zaragoza, quien el día 3 de mayo había pedido a Juárez un refuerzo de 2000 infantes para la defensa de la ciudad.   Sin esos refuerzos logró lo imposible, con valor convicción y fuerza. Ese día de gloria nacional venció a fuerzas superiores en armamento.

Llegaron refuerzos de tropas y armas de Francia hasta llegar a 37 mil soldados, más los mexicanos conservadores y traidores que apoyaron a los extranjeros, lo que obligó al gobierno de Juárez a abandonar la Ciudad de México. La invasión y crímenes contra los mexicanos se extendieron a casi todo el país. México sustituyó la desfavorable guerra frontal por la guerrilla popular, que rápidamente logro el apoyo de la gente de pueblos, comunidades, campo y ciudades. Una guerra de larga resistencia ante un poder armado mayor, pero que no venció a un pueblo decidido a expulsar a los invasores, como ocurrió en 1867, bajo la guía clara y firme de Juárez.

En cuatro años los franceses fueron derrotados. El segundo ejército más poderoso de su tiempo en el mundo, que junto con el inglés se repartía el mundo. Contribuyó a su derrota el conflicto Alemania-Francia, que obligó a Napoleón III, el enano, a retirar tropas de México (como ocurrió después -1940- con Estados Unidos, cuando dejó de presionar a México por la expropiación petrolera, ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial, uno de los grandes aportes de Europa a la civilización del siglo XX: la guerra más irracional de la historia).

Las tres grandes batallas que dirigió Juárez fueron: contra los conservadores, contra la invasión francesa y por la modernización de México, en el marco de una nueva y avanzada Constitución y sus medidas para separar la iglesia del Estado y abrir una visión moderna de la democracia y soberanía del país, que en realidad fue una sola batalla continuada y larga: por la independencia, libertad y dignidad del pueblo y la nación.

Hoy, el mundo está trastornado por la violencia, guerras, intervenciones, política irracional y falsedades de Trump y su títere Netanyahu. En tal contexto el PRI, el PAN y la derecha, impotentes de ganar una elección limpia, buscan al gobierno de Estados Unidos para que intervenga en México como la ha hecho en Latinoamérica, para que ellos puedan avanzar, aunque sean subordinados al gobierno yanqui. Y claro, detrás de la derecha mexicana está la oligarquía nacional, que nunca da la cara, la que a través de otros presenta sus verdaderos intereses y ambiciones.

El gobierno de Claudia Sheinbaum ha sido claro y contundente en su política externa, principalmente ante las mentiras de Trump y sus amenazas de injerencia en México: no permitir ni la menor intervención del gobierno yanqui, que puedan poner en peligro la Independencia, Libertad y Soberanía de la Patria.  

Contando con la movilización y participación del pueblo, mujeres, hombres, las y los trabajadores, jóvenes y adulos mayores de México, sin la menor duda, siguiendo el ejemplo de Hidalgo, Morelos, Josefa Ortiz, Juárez, Zaragoza, Madero, Zapata. Villa, Lázaro Cárdenas y, desde luego, de Sheinbaum.


* Oscar Alzaga es abogado del Sindicato Nacional Minero y de la nueva central sindical CIT, Confederación Internacional de Trabajadores.

Imagen de portada: Benito Juárez García. / Dominio Público.



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