México: La agonía del salario petrolero y la ruta de la resistencia
SOMOSMASS99
Javier Ramírez* / SomosMass99
Lunes 31 de agosto de 2026
En el contexto de la actual revisión salarial y el creciente descontento en la base trabajadora de Petróleos Mexicanos (Pemex), es necesario levantar la voz y exponer la verdad. Lo que hoy ocurre en las nóminas de la industria energética no es un simple ajuste macroeconómico; es un despojo sistemático, una traición a la memoria histórica de la Expropiación Petrolera y un ataque directo a la soberanía nacional.
La anatomía del despojo y la trampa del INPC
Mientras que en los últimos años el Salario Mínimo General en México ha tenido recuperaciones históricas para reactivar el mercado interno, los salarios contractuales de los petroleros han sido sometidos a un "tope" férreo, oscilando entre el 3.5% y el 4.5% anual. Esta no es una casualidad; es una política de Estado que utiliza a Pemex como "ancla fiscal". Para liberar flujo de efectivo y pagar la gigantesca deuda externa, se decide sacrificar el salario de la base. Matemáticamente, si tu salario sube 4% pero la canasta alimentaria, los combustibles y los medicamentos suben entre un 10% y un 15%, no estás recibiendo un aumento: estás firmando un recorte salarial anual.
Hemos calculado lo que llamamos el Índice de Erosión Salarial Petrolero (IESP). Cruzando los datos de los Contratos Colectivos de Trabajo (CCT) desde 2015 contra la inflación real de la canasta básica, hemos determinado una pérdida acumulada de poder adquisitivo de entre el 15% y el 25%.
Para el jubilado, la situación es aún más crítica y dolorosa. Históricamente, la Cláusula 135 garantizaba la "paridad salarial": la pensión subía lo mismo que el salario del activo. A partir de las reformas regresivas de 2015, ataron la pensión al INPC (Índice Nacional de Precios al Consumidor). El INPC es una ficción estadística que ignora que el gasto de un adulto mayor se concentra en medicinas y salud. La pensión no es una dádiva asistencial; es el fruto de una vida de trabajo, es el salario diferido que el trabajador generó durante décadas y que la empresa le retuvo para su vejez. Toparla con el INPC es, en términos estrictos, una confiscación patrimonial.
¿Por qué la dirigencia sindical acepta estos topes? Porque la función del corporativismo sindical actual no es defender al trabajador, sino administrar el descontento y garantizar la "paz laboral" que exige el capital financiero. A cambio de mantener sus canonjías, opacidad financiera y privilegios de la cúpula, la dirigencia acepta la política de austeridad de Hacienda. El sindicato se ha convertido en el cogestor del empobrecimiento de la base.
La muerte de la bilateralidad y la traición al Contrato
Hemos sido testigos de la muerte de la bilateralidad en la negociación contractual. Entre otras, la Cláusula 20 del CCT actual otorga al patrón "amplias facultades para adecuar su organización y modernizar". Esto significa que Pemex puede reestructurar, despedir o cambiar condiciones unilateralmente. El Contrato Colectivo, que debería ser un dique jurídico contra la privatización y el despojo, se ha convertido en un instrumento de imposición patronal.
A esto se suma la regresividad de los Anexos 14 y 16 (2015), que destruyeron el sistema de Beneficio Definido, empujando a los nuevos ingresos a las Afores y aumentando la edad de jubilación. Se transfirió el riesgo financiero de la empresa al trabajador, "financiarizando" su vejez y rompiendo el pacto de solidaridad intergeneracional que sostuvo a esta industria por décadas.
La ruta táctica: Hacia un Sindicato de Nuevo Tipo
Nuestra propuesta se aleja de las ilusiones institucionales. No vamos a resolver el problema esperando que la Secretaría del Trabajo nos "regale" la democracia, ni confiando en Mesas Tripartitas donde la burocracia tiene el control. Nuestra estrategia se basa en la construcción de poder real desde la base, a través de 5 ejes tácticos inmediatos:
1. Exigencia Jurídica y Desobediencia Civil Contractual: No pedimos favores, exigimos el cumplimiento literal del CCT. Si el Art. 81 del Instructivo Médico dice que la atención y las medicinas se darán "sin limitación administrativa alguna", la base debe presentar oficios de exigencia masivos. Si no responden en 48 horas, se escala a Amparos con Suspensión Provisional. Hay que hacerle costoso a la empresa y al sindicato el incumplimiento.
2. Transparencia Radical y Recuperación del Patrimonio Sindical: Utilizar la Ley de Transparencia y el INAI para exigir el desglose de los gastos de representación y cuotas sindicales. La luz es el mejor desinfectante contra la corrupción de la cúpula. El dinero de las cuotas es sagrado y pertenece a la base.
3. Internacionalización de la Lucha y Juridicidad Pro Persona: La historia reciente nos enseña que cuando las instancias nacionales están cooptadas por la corrupción, la lucha no termina, se internacionaliza. El caso emblemático de los mineros de Cananea, que tras años de resistencia y complicidad de la Suprema Corte de aquel entonces, lograron restituir sus derechos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), es nuestro faro. Hoy, los petroleros contamos con el Mecanismo de Respuesta Rápida (MRR) del T-MEC y los Convenios 87 y 98 de la OIT. La simple activación y documentación rigurosa de las violaciones a la libertad sindical genera una presión diplomática y comercial que el Estado y la empresa no pueden ignorar. Si la ley mexicana se tuerce para favorecer al patrón, la ley internacional la endereza a favor del trabajador.
4. Organización Molecular y Tejido Social Comunitario: El trabajador petrolero no es solo un número de ficha; es padre de familia, vecino, ciudadano. Debemos integrar la lucha sindical con la lucha social y comunitaria en las colonias petroleras, las mesas directivas de colonos y las escuelas. No queremos crear una nueva burocracia de escritorio; nuestra apuesta es la acción práctica cotidiana. La verdadera democracia sindical no se construye de arriba hacia abajo con estatutos perfectos, sino de abajo hacia arriba, "ensuciándose las manos" para resolver las necesidades de la vida diaria de los trabajadores y sus familias.
5. Defensa del Presupuesto Nacional y Fin al Tope Salarial: No podemos permitir que la Secretaría de Hacienda use a Pemex como su "ancla fiscal" mientras se aprueban presupuestos millonarios para la burocracia dorada. Así como hoy los trabajadores universitarios y de empresas públicas exigen el fin del tope salarial en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), los petroleros debemos exigir que cualquier presupuesto aprobado para la paraestatal esté condicionado a la nivelación salarial real y a la restitución de las pensiones. Si no hay presupuesto para el trabajador, no hay rescate de Pemex; solo hay entreguismo.
Soberanía nacional: El horizonte indivisible de nuestra lucha
La lucha por el salario y la democracia sindical se conjuga de manera indivisible con la defensa de la soberanía nacional frente al imperialismo y la derecha entreguista. Hoy, la derecha oligárquica y el imperialismo ya no necesitan enviar ejércitos; envían "expertos", consultoras y campañas mediáticas para convencernos de que nuestros derechos son un "obstáculo para la modernidad" o que la defensa de lo público es "populismo". Quieren redefinir la soberanía para que aceptemos la dependencia.
En el caso de Pemex, la burocracia sindical corrupta no es un "mal menor"; es el brazo interno del proyecto entreguista. Al aceptar topes salariales, al destruir la bilateralidad del CCT y al impedir el voto libre y secreto, esta cúpula está debilitando deliberadamente a la empresa y a su fuerza de trabajo, preparándola para que sea "inviable" y así justificar su entrega a capitales privados o extranjeros. No podemos defender a Pemex de las transnacionales extranjeras si toleramos a una "transnacional" interna: la burocracia sindical que saquea nuestras cuotas y entrega nuestros derechos.
Durante décadas, nos vendieron la falsa narrativa de la "aristocracia obrera" para separarnos del resto de la clase trabajadora, para que el maestro, el médico, el campesino o el obrero de la maquila nos vieran como privilegiados, y no como compañeros que comparten el mismo despojo. La estrategia correcta es entender que el ataque a Pemex es el mismo que ataca a la educación pública, al sistema de salud, al campo y a los derechos laborales de todo el país.
No hay soberanía nacional posible cuando se precariza a la fuerza de trabajo y se entrega el patrimonio energético a intereses extranjeros. Por eso, la lucha del petrolero no puede encerrarse en los límites de las instalaciones de la empresa. Debe ser una trinchera más en la gran batalla por un Proyecto de Nación. Unirnos a los demás sectores populares, compartir nuestras herramientas de defensa jurídica y organizativa, y construir un frente amplio, es la única vía para garantizar que México sea una patria donde la riqueza la generemos los trabajadores, la administremos democráticamente y la disfrutemos justamente.
La suerte está echada. La oligarquía y sus aliados en los medios, en los partidos conservadores y en el poder judicial están al acecho, buscando cualquier grieta para dar un "golpe blando" y revertir los avances de la nación. Nuestra única respuesta es la unidad basada en principios y en la organización de base. El petrolero, el maestro, el campesino y el profesional progresista debemos cerrar filas.
Exigir el cumplimiento del CCT, el fin del tope salarial y el voto libre y secreto no es solo una demanda laboral; es un acto de soberanía popular. Es demostrar que los trabajadores no somos un "pasivo" a liquidar, sino los guardianes del patrimonio energético de la Nación. Porque, en última instancia, defendiendo a Pemex y a sus trabajadores, se defiende a la Patria.
* Javier Ramírez es integrante del Círculo de Estudios Jurídicos y Sindicales "Lázaro Cárdenas".
Foto de portada: Towfiqu barbhuiya (@towfiqu999999) / Unsplash.
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