Las cadenas de la OSUG

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Las cadenas de la OSUG

SOMOSMASS99

Iván Arellano Naranjo / SomosMass99

Jueves 29 de octubre de 2026


                                                             Sonetos

                                               Probable opinión es que, conservarse

                                               la forma celestial en su fijeza

                                               no es porque en la materia hay más firmeza

                                               sino por la manera de informarse.

                                                      - Sor Juana Inés de la Cruz (1648 o 1651-1695)


La Ley orgánica de la Universidad de Guanaiuato, en su artículo 6, dice:

Corresponde a la Universidad: I.- Planear su desarrollo institucional. II.- Desarrollar su organización académica y administrativa observando el principio de que las actividades de la administración se supediten a las de orden académico.

En el caso de las actividades netamente artísticas de la oficina de Extensión Cultural de la Universidad, el numeral II - al haber fracaso en la formación de una academia- es necesario interpretarlo: “observando el principio de que las actividades de la administración se supediten a las de orden artístico”. Es decir, aunque al observar a detalle la historia de la OSUG los involucrados en su desarrollo no solo nunca lo mencionan o lo tienen presente en las actividades diarias de la orquesta, sino que generalmente pierden piso, van a lo fácil y aplican libre e inconscientemente el principio de la peor época del PRI: las leyes sirven para una cosa: para pasárselas por el arco del triunfo.

En 1952, cuando nace la OSUG, el director establece los criterios, requisitos y procedimientos para la contratación, permanencia y remoción del personal artístico y administrativo de la orquesta. No existe promoción desde la Ley Orgánica de la Universidad de Guanajuato para la OSUG. El director decide, en directo, sobre el presupuesto destinado a la orquesta; está en sus manos quien entra, quien sale, y sigue siendo así cuando en 1984 hereda el puesto a su hijo.

Si ningún organismo cultural en México acaba por no otorgar ni respetar un lugar primordial a la cultura musical, el resultado es fácil de prever: las muestras populares o de alta cultura que llegan al público no pueden ser disfrutadas y juzgadas en su exacta dimensión. Si las decisiones y acciones quedan al libre albedrío del director titular en turno, ya bien plantado en los corredores de poder de la institución, lejos estamos de un organismo sinfónico que respete el principio de que los administradores o gerentes estén de forma incondicional al servicio de la música.

No se puede ver ni entender el desarrollo artístico de la OSUG sin una administración que ejerza el gobierno cuidando los bienes humanos y materiales que corren por cuenta de la Universidad, que contemple restituir plazas vacantes y bienes deteriorados, que ponga oídos y atención a sugerencias tendientes a elevar el nivel artístico o cualquier tema que beneficie las labores artísticas, ni administración que regule las actividades para cumplir sus fines y acrecentar su patrimonio. En lo referente a la administración de una orquesta sinfónica no hay lugar, o no debería haberlo, para la improvisación o para gerentes o administraciones dueños de verdades absolutas que sirvan para explicar sus decisiones por encima de la música.

Los hechos nos abren los ojos. Asombran. Los órganos auditivos corren peligro. En 1992 nombran gerente a Rafael Cuén Garibi, licenciado en Relaciones Industriales, guitarrista aficionado al flamenco y, como dato relevante, haber sido secretario particular del rector Juan Carlos Romero Hicks. De experiencia en administración de orquesta sinfónica... cero. Oftalmólogos de Guanajuato pidieron la orquesta para inaugurar uno de sus congresos con un año de anticipación, y el licenciado Cuén preparó la participación de la OSUG el mismo día de la apertura del congreso. Otro dato: a Cuén le pasa de noche la desaparición de la mayoría de los bienes materiales que de la Orquesta Filarmonica del Bajío pasan a la OSUG con el decreto de fusión. Se perdieron instrumentos de percusión, hasta un xilófono y fracs. Luego abaratan y dejan ver que el puesto de administrador o de gerente es prescindible cuando en 2005 contratan a la esposa de Enrique Bátiz Campbell en el cargo que nunca ejerce, trabajo que en realidad lo desempeña el director invitado quince días de forma presencial y los otros quince días del mes por teléfono porque no vive en Guanajuato.

Después nombran a otro guitarrista, más preocupado por el hueso y las relaciones públicas que por el desarrollo de las actividades de la orquesta. El colmo llega en la gira a Italia, cuando la última noche, al terminar el concierto, lleva uno de los autobuses en el que se traslada con parte de los músicos de la orquesta a un tour involuntario por la ciudad de Roma, ya que el guitarrista no hallaba la dirección del taller de laudería donde llevó su instrumento a reparar y aprovechó el viaje de la  OSUG.


Foto de portada (ilustrativa): Mason C. (@mbcarterphotography) / Unsplash.



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