Entender las causas

Entender las causas

SOMOSMASS99

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 6 de marzo de 2026

Pareciera que Trump aún no acumula méritos suficientes para ser candidato al Nobel de la Paz y de nueva cuenta arremete contra pueblos económica y militarmente más débiles.

No le ha bastado su complicidad con los sionistas en el genocidio contra el pueblo palestino en Gaza, la cacería de migrantes en su propio país y la represión a estadounidenses que se oponen a su política migratoria, el asesinato de supuestos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico, el ataque a Venezuela y el secuestro de su presidente, las amenazas a Colombia y México y el intento de asfixiar a Cuba imponiéndole un estrangulamiento energético, por citar algunas.

Por si ello fuera poco, ahora retoma su vinculación con el genocida Netanyahu y en una acción cobarde y traicionera ─porque se realizaban diálogos en torno al desarrollo nuclear de Irán, que ha tenido fines pacíficos─ deciden asesinar a la dirigencia política de Irán para forzar un cambio de régimen; llaman al pueblo iraní a tomar las calles y el poder en ese país ─con la intención de minimizar los costos de su aventura bélica─ y ese pueblo colma las calles y las plazas, pero para exigir respuesta por los crímenes cometidos con tal acción.    

Si la causa de lo brevemente hasta aquí comentado quedara solamente en el malévolo proceder de una o varias personas que tienen el poder político y que pretenden desviar la atención de complicados problemas personales de tipo judicial, aun cuando hay algo de verdad en ello, cometeríamos un grave error que nos impediría comprender el fondo de lo que sucede actualmente en el mundo y, por tanto, lo que intentáramos hacer para defendernos o enfrentar tal situación tendría enormes probabilidades de fracasar.

En el contexto en el que se presenta la actual situación internacional ─y de modo particular el comportamiento de Estados Unidos─ intervienen muchos factores que conviene considerar y analizar para tener una comprensión lo más cercana posible a la realidad y actuar en consecuencia. En la medida en que seamos capaces de identificar a los que más pesan e influyen en el desarrollo de los graves acontecimientos actuales, comprenderemos mejor el porqué de ellos y estaremos en mejores condiciones para enfrentarlos.

Algunos creemos que uno de los factores importantes a considerar es la crisis que padece el sistema capitalista. Una crisis producto de sus propias contradicciones, la que además de su persistencia ─está presente desde hace más de medio siglo─ ha mutado desde lo propiamente económico hasta abarcar casi la totalidad de los aspectos de la vida y la actividad humana. De forma paralela a esta crisis y, a la vez, producto de ella, la mayor potencia imperialista del sistema, Estados Unidos, entró en un proceso sostenido de decadencia y pérdida de hegemonía.

Estados Unidos ha experimentado disminución de su hegemonía en los planos comercial, industrial, científico, tecnológico y financiero ante, fundamentalmente el grupo BRICS+ y, particularmente ante China. Y aunque aún es la mayor potencia militar, en este aspecto actúa con cierta prudencia frente a países que tienen capacidad de respuesta y algunas ventajas tácticas o estratégicas, como serían Rusia y China.    

En los intentos por frenar su decadencia y recuperar hegemonía, esa potencia ha recurrido a la injerencia política, presión económica y diplomática, amenazas, ataques, terrorismo, invasiones, bloqueos y a todo tipo de acciones que refuercen su poderío o debiliten a quienes considera competidores o enemigos. En casos en que sus adversarios son militarmente débiles, recurre a la guerra como una forma de reactivar su economía, fortalecer a los monopolios del complejo militar industrial y controlar áreas estratégicas. 

En este sentido, la actualización de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, con su «corolario Trump», está enfocada a retomar el dominio sobre el continente americano con objeto de explotar sus riquezas naturales, para fortalecerse y estar en condiciones de enfrentar a China y a Rusia. Para concretar tal dominio la potencia imperial necesita usurpar y doblegar la soberanía de los pueblos de Nuestra América, ya que no tolera que los pueblos ─a quienes consideran sus vasallos─ decidan sacudirse el yugo, recuperar su dignidad, ejercer su soberanía y decidir por ellos mismos su presente y futuro, por representar un «mal ejemplo» para aquellos que viven sojuzgados y explotados. Hay infinidad de ejemplos de ello y la actual situación internacional lo confirma.

En este contexto, respecto a la guerra recién desatada ─en unión con Israel─ contra Irán, sin previa declaración y en el marco de un diálogo y negociaciones diplomáticas, habría que considerar qué tanto obedece a contener el avance del grupo BRICS+, porque con el control del país islámico obstaculizaría proyectos de rutas comerciales tanto de China como de Rusia.

Es un hecho que especímenes como Trump, Netanyahu y otros de similar calaña le imprimen un sello característico a sus administraciones y actos; sin embargo, la finalidad a que tal comportamiento obedece está en función de los intereses económicos dominantes. La guerra ha sido, desde hace más de 5 siglos, el mecanismo mediante el cual el sistema capitalista resuelve sus más graves problemas; y desde que entró a su fase imperialista ─a principios del pasado siglo─ es a lo que más recurre para mantener el poder del capital monopolista, ahora transnacional.

Por tal razón es de suma importancia la lucha por la paz. Sin embargo, para terminar con la guerra es necesario terminar con el capitalismo.   


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Ilustración de portada: El Cohete de la Luna.



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