En la mira del imperio

En la mira del imperio

SOMOSMASS99

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 3 de abril de 2026

«Los que creen que sobreviven haciendo concesiones

al enemigo, están perdidos. Sobreviven los valientes

sobreviven los que resisten, sobreviven los que

luchan».

- Fidel.


Si existe alguna amenaza «inusual y extraordinaria» y, además, existencial, no solamente para país alguno sino para la humanidad entera, esa amenaza es el imperialismo yanqui; la tensa situación internacional actual es prueba de ello.

El gobierno de Estados Unidos se ha arrogado el derecho de clasificar y calificar a los demás países del mundo como «buenos» y «malos», en dependencia de qué tan subordinados y dóciles sean a los dictados de la potencia imperialista. En uso de ese derecho lleva mucho tiempo con amenazas, intervencionismo, sanciones y ataques de diverso tipo ─fuerza letal incluida─ contra países que no se alinean a sus intereses, los que, obviamente, son los «malos». 

Quienes se sienten los amos del mundo y guías de la humanidad por designio divino, en realidad, no obstante ser una potencia económica y militar, son una sociedad en franca decadencia que busca salir de sus problemas y contradicciones mediante el sometimiento de pueblos y países que por su actitud en defensa de la dignidad, soberanía e independencia son símbolo y ejemplo para los pueblos del mundo, lo que hace intolerable su existencia para el imperialismo yanqui y por ese motivo intenta someterlos.

Cuba es uno de esos países cuyo pueblo, después de 60 años de ser una neocolonia de Estados Unidos, hizo una Revolución, se sacudió el yugo imperial, emprendió soberanamente un camino propio para su desarrollo y se convirtió en símbolo y ejemplo para muchos pueblos del mundo. Como ello ocurrió en una zona contigua al imperio, a 90 millas náuticas de sus costas, este hecho lo consideró inaceptable y desde el mismo triunfo de la Revolución ─1 de enero de 1959─ han intentado derrocarla y someterla a los intereses imperiales.

Desde el triunfo de la Revolución, Estados Unidos ha implementado y llevado a la práctica infinidad de acciones para retomar el control de Cuba. Han experimentado sanciones económicas unilaterales, apoyo logístico y financiero a bandas contrarrevolucionarias, sabotajes, una invasión mercenaria (Girón, 1961), ataques químicos y biológicos, bloqueo económico comercial y financiero ─impuesto oficialmente en febrero de 1962, pero en la práctica opera desde los primeros días de la Revolución─, leyes extraterritoriales que lo refuerzan (Torricelli y Helms Burton), inclusión en categorías para justificar la preparación de ataques directos (país patrocinador del terrorismo, amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional de Estados Unidos, Estado fallido…), guerra comunicacional (con el objetivo de que la opinión pública internacional admita la versión imperial de la situación en Cuba y así considerar «necesaria» una intervención yanqui).

A la caída del campo socialista de Europa oriental y la desaparición de la Unión Soviética, lo que significó la pérdida de más del 80% de sus operaciones comerciales, Cuba experimentó una severa crisis durante casi toda la última década del pasado siglo, el llamado «período especial». Tras el efímero respiro que significó la normalización de relaciones diplomáticas a nivel de embajadas con Estados Unidos, durante las presidencias de Barack Obama y Raúl Castro (17 de diciembre de 2014), con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca (20 de enero de 2017) se vino abajo la frágil y débil relación diplomática. Durante su primer mandato, Trump aplicó a Cuba 243 sanciones unilaterales adicionales que recrudecieron el bloqueo; sanciones intocadas y algunas reforzadas por su sucesor, Joseph Biden (partido Demócrata), quien faltando unos días para concluir su mandato excluyó a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, solamente para que Trump la volviera a incluir al iniciar su segunda presidencia.

Después de más de 67 años de resistencia del pueblo cubano al acoso imperialista, la actual administración en la Casa Blanca ha implementado un bloqueo energético cuya finalidad es paralizar y obstaculizar todo tipo de actividades en la isla y agudizar todos sus problemas, lo que constituye un acto de guerra hacia una nación cuyo único peligro para el imperio es el ejemplo que significa en términos de dignidad, soberanía e independencia.

En el fondo es ese comportamiento de Cuba ─devenido ejemplo y símbolo para los pueblos del mundo─ lo que resulta intolerable al imperialismo estadounidense y por ese motivo ha intentado derrocar a la Revolución cubana y restaurar el control que sobre la isla tenían antes de 1959.

Tengamos presente que el imperialismo yanqui necesita controlar y poseer recursos y áreas estratégicas en esta parte del planeta, para fortalecerse y emprender su obsesiva idea de dominar al mundo. Por ello, más que nunca, ahora cobra importancia la defensa de Cuba, su Revolución y lo que significa para nuestros pueblos. Esa defensa requiere de la unión y solidaridad de los pueblos de Nuestra América, sobre todo, para hacer un frente común contra el imperio del norte, cuyo objetivo es quebrar la resistencia de una nación heroica para después caer sobre los demás pueblos de este continente.

En la defensa de Cuba nos va la vida como naciones independientes.


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Foto de portada: Cancillería de Cuba Twitter.



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