Decadencia peligrosa

Decadencia peligrosa

SOMOSMASS99

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 20 de marzo de 2026

Signo inequívoco de la decadencia de un imperio es su desmedida agresividad, generalmente contra países que no se pliegan a sus lineamientos e intereses y que, además, son militarmente débiles. 

Es el caso de Estados Unidos, país que como consecuencia de la enorme devastación ocasionada por la Segunda Guerra Mundial en buena parte del planeta ─que no padeció, salvo el ataque japonés a la base militar en Pearl Harbor─ emergió como potencia imperialista hegemónica al término de esa guerra, condición que no sin contradicciones mantuvo hasta finales de la primera década del presente siglo; ello con base en su poderío económico, industrial, científico, tecnológico y militar.

En ese período de casi total hegemonía la guerra se convirtió en el principal mecanismo para imponer los intereses y de impulso a la economía estadounidense, al grado de que el capital vinculado al complejo militar-industrial-financiero es, en buena medida, el sostén e impulso de su economía.

Sin embargo, en tal período las contradicciones del sistema capitalista fueron en ascenso y originaron que a finales de la década de los sesenta del siglo pasado entrara en una crisis que además de afectar su economía golpeó distintos campos de la actividad humana, abarcando la estructura toda del sistema, hecho que se reflejó de manera sobresaliente en su principal representante, Estados Unidos. Ello marcó el inicio de su decadencia.

Esta nueva situación la enfrentó de la única manera que conocía y hasta cierto punto le había funcionado: la violencia y la guerra como medios para imponer sus intereses, intentar recuperar su economía y frenar su decadencia.

Algo que caracterizó a ese período de posguerra fueron las luchas por la liberación y descolonización de muchos pueblos de Asia y África. En ese contexto se dio el triunfo de la Revolución cubana, el 1 de enero de 1959, que significó sacudirse el dominio neocolonial yanqui a que estaba sujeta la Mayor de las Antillas desde 1898, año en que la intromisión de Estados Unidos en la Guerra Necesaria frustró sus anhelos de plena independencia de España.

Con el triunfo de la Revolución, el pueblo cubano recuperó su independencia, su soberanía, su dignidad y se convirtió en ejemplo y símbolo para muchos pueblos del mundo. Ello fue inaceptable e intolerable para los imperialistas yanquis, quienes llevan más de 67 años en intentos de toda índole para derrocarla.

Ahora, con un delincuente convicto en la presidencia imperial, que además de ignorante goza de una serie de atributos nada edificantes, se ha recrudecido el acoso a Cuba mediante la agudización de una guerra no convencional que le han impuesto desde el triunfo de la Revolución.

En esta asimétrica guerra desempeñan un papel importante: a) el criminal y genocida bloqueo económico, comercial y financiero ─y ahora, energético─ impuesto, oficialmente, en febrero de 1962, cuyo objetivo ha sido crear y agudizar carencias de todo tipo a la población para provocar insatisfacción y oposición a la Revolución, y con ello inducir a su caída; b)  las amenazas, que tienen como objetivo crear un ambiente de temor generalizado que lleve a la población a la conclusión de que no hay otra opción que la de ceder ante el más poderoso; c) la mentira y la desinformación, con la creación de una narrativa que intenta demostrar que la Revolución ha fracasado, sin mencionar que muchos de los más graves problemas en la isla han sido provocados por el bloqueo; d) las campañas de odio contra los dirigentes, el pueblo revolucionario y los simpatizantes de la Revolución; e) el aislamiento internacional, mediante la inclusión de Cuba en categorías como «país patrocinador del terrorismo» o «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional de Estados Unidos; estos y muchos más aspectos en los campos económico, político, cultural, deportivo, científico, y los que alguien pudiera imaginar, son copados por la propaganda imperialista para atacar a la Revolución cubana. Y continúa de pie.   

El escenario que desde el inicio de la actual administración de Trump ha estado preparando la ultraderecha de Estados Unidos contempla una intervención en Cuba, dirigida a destruir el símbolo y ejemplo de dignidad y soberanía que ese pueblo representa e imponer un régimen alineado a los intereses del imperio. Tal intervención ─disfrazada de acción «humanitaria»─ podría involucrar, para darle un cariz de amplia participación, a algunos de los nuevos «socios» de los yanquis que conforman el Escudo de las Américas.

Ante el fracaso de sus previsiones originales en la guerra que Estados Unidos e Israel emprendieron artera y cobardemente contra Irán, la repercusión de esa acción en los planos económico y político a nivel mundial, así como la agudización de contradicciones al interior de su país, Donald Trump se ve en la urgente necesidad de obtener, a como dé lugar, un «triunfo» militar que pueda magnificar y emplearlo como salvavidas de su pobre aceptación por el electorado de su país; ello, de cara a la elección intermedia del próximo noviembre. Eso lo hace más peligroso.

Mas el anaranjado aprendiz de emperador debe tener presente que Cuba no está sola; que cualquier acción violenta contra la isla desencadenaría todo tipo de respuestas por parte de los pueblos de América Latina, el Caribe y de muchas partes del mundo, lo que podría significar el principio del fin, acelerado, del imperio.

Hasta la victoria siempre.


* Alfonso Díaz Rey es miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Composición de portada: PuebloÚnete Facebook.



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