¡Cuba no está sola!
SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 27 de marzo de 2026
Omar Octavio Álvarez López, excelente amigo, compañero y vecino, in memoriam.
La errónea y peligrosa creencia de la superioridad racial y el fanatismo religioso, presentes en quienes fundaron las 13 colonias en la costa este de lo que actualmente es Estados Unidos, se arraigó tanto que tiempo después vivían convencidos de que tal superioridad era producto de un designio divino que les confería el poder y la facultad para apropiarse de territorios ajenos y controlar el destino y la vida de otros pueblos.
Tal creencia se materializó, entre otras formas, en dos doctrinas políticas ─la Monroe (1823) y la del Destino Manifiesto (1845)─ que reforzaron el espíritu expansionista que existe en los sectores sociales dominantes de ese país desde que se independizó de Inglaterra y, posteriormente, cuando el capitalismo estadounidense entró en su fase imperialista, el dominio del mundo se convirtió en el eje y obsesión de su política exterior.
Estados Unidos se convirtió en potencia hegemónica imperialista al final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), después de la inmensa destrucción que en todos sentidos provocó ese conflicto, con costos minúsculos para este país.
Para ampliar y mantener su hegemonía Estados Unidos instaló bases militares en muchos países y regiones, ello le permitió el control y subordinación en esas zonas, el acceso y disposición de materiales estratégicos y establecer un cerco en torno a quien fue su principal enemigo durante mucho tiempo, La Unión Soviética.
Como la guerra se convirtió en un muy lucrativo negocio, desde el final de ese conflicto (1945) esa potencia imperialista impulsa el armamentismo y prácticamente obliga a sus aliados a comprarle armamento; además, desde ese año no ha dejado de estar presente, directa o indirectamente, en conflictos armados.
No obstante su poderío esta potencia imperialista entró en una profunda y persistente crisis estructural desde finales de la década de los sesenta e inicio de los setenta del pasado siglo, crisis que coincide y tiene efectos sinérgicos con un proceso de decadencia y pérdida gradual de hegemonía.
En la búsqueda de paliativos a la crisis y la recuperación de su hegemonía, la clase dominante estadounidense ha recurrido al único mecanismo que conoce y a través del cual ejerce su poder: la guerra.
La situación extrema por la que actualmente transita la humanidad ─y de manera general la vida en el planeta─ es consecuencia de la distorsionada visión del mundo y la realidad que tienen la clase dominante y una parte considerable de la población estadounidense, cargada de racismo, supremacismo y odio contra quienes no encajan en sus patrones clasistas. Ello convierte en prescindibles a la inmensa mayoría de quienes habitamos el mundo, por lo que el bombardeo y el asesinato masivo de seres humanos ─niños, mujeres y personas de la tercera edad en su mayoría─ son festejados cínica y ofensivamente por la élite imperialista.
No obstante el poderío imperialista, existen pueblos para los que la soberanía, la independencia y la dignidad tienen un valor tan elevado que las defienden hasta sus últimas consecuencias. Uno de esos pueblos es el cubano.
Con el triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, los cubanos recuperaron su soberanía, su independencia y su dignidad; se sacudieron la tutela imperial y dejaron de ser una neocolonia yanqui, por lo que desde esa fecha, para eliminar el «mal ejemplo», el imperio ha tratado por las más variadas vías de someterlos nuevamente a su control. Después de probar con sanciones económicas y comerciales, sabotajes, financiamiento e introducción de bandas contrarrevolucionarias y hasta una invasión mercenaria, desde febrero de 1962 le impuso un bloqueo ─eufemísticamente llamado «embargo»─ económico, comercial y financiero, bloqueo que han reforzado con diversos mecanismos (Ley Torricelli, Ley Helms-Burton, lista de países patrocinadores de terrorismo, designación como amenaza inusual y extraordinaria, bloqueo energético, entre otros), además de constantes amenazas y acciones de carácter terrorista contra Cuba.
No obstante tal acoso el pueblo cubano ha resistido y no sin grandes sacrificios ha superado las agresiones de que ha sido objeto y los obstáculos que el imperialismo yanqui le ha impuesto.
Actualmente, con la grave crisis que padece la potencia imperialista, la necesidad de recuperar su hegemonía disminuida, la baja popularidad de la dirigencia política ─con Donald Trump a la cabeza─ y los errores estratégicos en su aventura bélica (junto con Israel) contra Irán, el gobierno yanqui se ve en la urgencia de obtener algún «logro» con el que intente reivindicarse ante los sectores de su población que lo cuestionan y critican, sobre todo de cara a la elección intermedia del próximo noviembre. Ese logro apunta hacia Cuba.
Pero, señores imperialistas, no se equivoquen. En Cuba, el pueblo ya vivió lo que ustedes quieren reinstaurar, y por eso hicieron la Revolución. El pueblo cubano, después de mucha sangre derramada, por intervención de ustedes vio frustrada su independencia y debió padecerlos durante 60 años (1868-1958), de modo que este pueblo sabe lo que significa ser súbdito del imperio y lo rechaza con vehemencia, determinación y valor.
Además, como se ha visto desde el triunfo de la Revolución, ¡Cuba no está sola!
- Alfonso Díaz Rey es miembro del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Foto de portada: @PresidenciaCuba.
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