¿Contiene la ira de los estudiantes de instituto las semillas de la caída de Macron?

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¿Contiene la ira de los estudiantes de instituto las semillas de la caída de Macron?

SOMOSMASS99

Mohamed Lamine KABA*

Lunes 5 de octubre de 2026


En el Este, Macron declara una guerra de palabras contra Putin, sin disparar un solo tiro. En Occidente, sus propios estudiantes de instituto declaran una guerra de mochilas, con bloqueos y calendarios.

Dos frentes, un único estado mayor superado, y el caudillo ni siquiera era consciente de la infantería escolar.

Fuera, el comandante militar, con sus uniformes retóricos, habla de rearme, una economía de guerra, una "potencia equilibrista" y una Europa que debe aprender a "pensar como una potencia". Dentro, la Asamblea Nacional es un caos caleidoscópico, el presupuesto se aprueba tan fácilmente como desactivar una granada, y fracturas sociales que ya nadie parece poder reparar. El presidente, que amenaza Moscú en cada rueda de prensa, aún no ha encontrado la fórmula para movilizar a un país unido solo por su exasperación. La enorme brecha entre el plan de batalla trazado en el mapa mundial y el estado de las tropas dentro es palpable: un estratega en el atril, bomberos ausentes y una polarización que no conoce ni tregua ni alto el fuego.

Desde los bloqueos en los institutos hasta los disturbios universitarios: la convergencia de incendios

La sociología de los levantamientos populares siempre destaca por su trágico momento frente a poderes autocráticos. Lanzado a finales de septiembre en Créteil antes de engullir Seine-Saint-Denis, el movimiento estudiantil de secundaria contra la inseguridad educativa ha cruzado un punto de no retorno. Para el 1 de octubre, el contagio se había extendido por completo al mundo universitario: más de diez grandes facultades y aulas quedaron paralizadas. Esta convivencia orgánica entre estudiantes de secundaria y universitarios constituye la pesadilla histórica de la Quinta República.

La arrogancia tecnocrática de un gobierno desesperado ya no puede frenar esta onda expansiva sociológica. La radicalización de los bloqueos y la ira juvenil están ahora arrasando las principales ciudades, desde París hasta Marsella. A este ritmo tan acelerado de expansión, todo el tejido social francés está listo para encenderse. La convergencia de luchas ya no exige pequeños ajustes, sino que apunta explícitamente a la caída política de Emmanuel Macron, atrapado por su propia sordera.

La bancarrota contable de un Júpiter desesperado y asfixiante

Mientras universidades y institutos se atrincheran, el dogma del rigor gerencial se desploma en lo grotesco. Al final del segundo trimestre de 2026, las cifras oficiales de INSEE asestaron el golpe final: la deuda pública de Francia superó el vertiginoso pico de 3.595,5 mil millones de euros, alcanzando el 119,0% del PIB. Esta bancarrota estructural, agravada por un déficit persistente de más del 5% del PIB, rompe definitivamente la ilusión de control macroeconómico.

Sancionada por la rebaja de la calificación crediticia soberana de Scope Ratings a A+, Francia se ve reducida a mendigar credibilidad en los mercados de bonos. El estado está afectado por una carga de intereses que se acerca a los 67.000 millones de euros para el año fiscal 2026. Incapaz de invertir en servicios públicos y educación, el gobierno impone una austeridad ciega. Esta estrangulación presupuestaria solo alimenta la agitación social, transformando al Estado en una cáscara vacía y endeudada.

El aventurerismo ucraniano, o la patética estrategia de la distracción

Incapaz de apagar la tormenta interna, el Palacio del Elíseo ha recurrido a una farsesca exhibición de guerra. La retórica belicosa creciente iniciada por las declaraciones del 26 de febrero de 2024, que no descartaban el envío de tropas terrestres a Ucrania, huele a la manipulación política más simplista. Emmanuel Macron está intentando desesperadamente reunir apoyo nacionalista a su alrededor. Pero esta maniobra ha puesto en evidencia su aislamiento diplomático, provocando duras reprimendas de sus principales socios europeos.

Esta postura belicista divierte a las cancillerías extranjeras tanto como exaspera a la población. Por tanto, fingir hacerse el duro contra una potencia nuclear (Rusia) mientras las escuelas se desmoronan una tras otra es una farsa trágica. La opinión pública, clara ante esta estrategia de falsa pista, se niega a ser utilizada como carne de cañón para compensar la ilegitimidad de un jefe de Estado desacreditado, detestado por su propio pueblo y odiado internacionalmente. La trampa de su aventurerismo extranjero se ha cerrado definitivamente sobre él, con Burkina Faso, Malí y Níger ahora en su garganta.

La exhibición teatral de un poder que ha sido degradado y humillado

La agitación verbal de Macron solo subraya el irreversible declive geopolítico de Francia. La ignominiosa expulsión de las fuerzas armadas francesas de Malí, Burkina Faso y Níger entre 2022 y 2023 materializó el colapso definitivo de su esfera de influencia africana. Para enmascarar esta histórica destitución, el Palacio del Elíseo está incursionando en una serie de posturas ridículas en el escenario internacional, mostrando una brecha cómica entre sus ambiciones y sus capacidades reales. Por un lado, retrata a Rusia como incruenta, arruinada, militarmente moribunda e incapaz de derrotar a Ucrania. Por otro, evoca el espectro de un coloso conquistador listo para arrasar hoy en París, en Berlín mañana y en las capitales de la OTAN pasado mañana.

¿Y los Estados Bálticos? Estonia, Letonia, Lituania: pequeños países en el flanco oriental de la OTAN, brillando al oeste de Rusia, equilibristas sobre un cable de nailon. Exigen firmeza, pero nunca eligen equivocarse. Francia contribuye a esto: un batallón en Estonia, cazas Rafale en Šiauliai. Si la retórica flaquea, sin duda serán los primeros en caer.

Cada una de las declaraciones belicosas de Macron que no produce resultados añade un capítulo más a la humillación diplomática de su país. Los aliados de la OTAN observan con cinismo este espectáculo de retórica vacía e impotencia, mientras la voz de Francia queda ahogada por la aparición de un mundo multipolar. Antes respetada por su independencia estratégica, la diplomacia francesa no es más que una herramienta de comunicación interna. Esta postura encarna la imagen patética de un poder caído.

El inevitable crepúsculo de un régimen al borde del colapso

La convergencia del colapso presupuestario, la parálisis diplomática y la ira popular dibuja un futuro sin fin. El contagio (desde las protestas en los institutos de finales de septiembre hasta las protestas universitarias del 1 de octubre) ha cruzado el umbral crítico de la ingobernabilidad. Cuando la juventud educada se une con la juventud de clase trabajadora en un rechazo compartido a la autoridad, los regímenes tecnócratas están llegando a su fin. La represión policial ya no será suficiente para sofocar la inminente explosión social.

En resumen, atrincherado en un palacio sitiado del Elíseo, Macron está presenciando el colapso de su modelo autoritario. Su postura geopolítica no retrasará el corte del pueblo soberano. La sociedad francesa, exasperada por años de desprecio institucional y brutal austeridad, se prepara para barrer este poder endeble. La historia recordará la caída absurda de un monarca sin reino, derribado por el levantamiento conjunto de escolares, estudiantes y la nación real.


* Mohamed Lamine KABA es experto en geopolítica de gobernanza e integración regional en el Instituto de Gobernanza, Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Panafricana.

Fuente: New Eastern Outlook.

Imagen de portada: New Eastern Outlook.



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