Argentina, a 50 años de su noche más oscura
SOMOSMASS99
Julián Bokser* / SomosMass99
Lunes 30 de marzo de 2026
Se cumplen cincuenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, uno de los capítulos más trágicos de la historia reciente de Argentina: una dictadura que combinó terrorismo de Estado con una transformación estructural de su economía. A lo largo del siglo XX, el país atravesó seis interrupciones del orden democrático – en 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976 –, pero el último golpe inauguró el ciclo más violento. En coordinación con otras dictaduras del Cono Sur y con el respaldo del gobierno de los Estados Unidos, el régimen militar desplegó un plan sistemático de represión, desaparición y disciplinamiento social.
Las cifras sirven para dimensionar la magnitud del horror: 30.000 personas desaparecidas, más de 900 centros clandestinos de detención, tortura y exterminio, alrededor de 500 bebés apropiados y cerca de medio millón de exiliados. Lejos de ser excesos aislados, estos crímenes constituyeron una política deliberada del Estado. No fueron desviaciones de un sistema, sino su lenguaje. La violencia no fue un exceso; fue el método. La represión se articuló a escala regional a través del Plan Cóndor, que integró a Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia en un sistema de persecución transnacional. La violencia no solo buscó eliminar opositores: apuntó a desarticular organizaciones sociales, debilitar la capacidad de resistencia colectiva e imponer un nuevo orden. La dictadura no solo clausuró la democracia: reconfiguró la estructura productiva del país. El objetivo fue desplazar un modelo industrial y orientado al mercado interno por otro basado en la valorización financiera, la apertura externa y el endeudamiento.
En ese marco, se produjo una de las redistribuciones regresivas del ingreso más profundas de la historia argentina. La participación de los trabajadores en la renta nacional cayó del 45% al 25% entre 1976 y 1977. La devaluación de 1978 deterioró aún más los salarios, mientras que entre 1976 y 1983 cerraron más de 20.000 fábricas y el empleo industrial se redujo de manera sostenida. El ataque al mundo del trabajo fue sistemático. Se eliminaron derechos laborales, se intervino la actividad sindical y se debilitó la capacidad de negociación colectiva, efectos que perduraron incluso tras el retorno democrático. En paralelo, la deuda externa se multiplicó, superando los 45.000 millones de dólares, dinero que en gran medida fue destinado a financiar la fuga de capitales. Parte sustancial de la deuda privada fue además estatizada, trasladando sus costos al conjunto de la sociedad. Las consecuencias sociales fueron inmediatas: entre 1974 y 1982 la pobreza pasó del 4,6% al 22%, el PBI per cápita cayó un 14% y la industria se contrajo un 15%. Se consolidó así un patrón económico primarizado, dependiente del financiamiento externo y vulnerable a los ciclos internacionales. La herencia de ese proceso no fue solo económica. También dejó una arquitectura de poder que condicionó el desarrollo del país durante décadas, con el Fondo Monetario Internacional operando como actor central en la administración del endeudamiento y sus consecuencias políticas.
Jorge Luis Borges, acaso el escritor más importante de la literatura argentina, presenció una jornada del histórico juicio a las juntas militares que se realizó en 1985 donde se acuñó la frase que se convertiría en consigna y en símbolo de la lucha de los organismos de derechos humanos en todo el mundo: Nunca Más. Ese día escuchó el valiente testimonio de Víctor Basterra. Secuestrado en 1979 junto a su esposa y su hija, Basterra fue trasladado a la ESMA, el centro clandestino más grande del país. Obrero gráfico, soportó torturas durante su cautiverio y logró, de manera clandestina, tomar y resguardar fotografías tanto de otros detenidos como de sus represores. Esas imágenes fueron y son claves en las condenas a los militares en los juicios que aún hoy continúan realizándose. Luego de escucharlo, y conmovido por esa experiencia, Borges describió magistralmente el cinismo y la crueldad de los torturadores: “De las muchas cosas que oí esa tarde y que espero olvidar, referiré la que más me marcó, para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre. Llevaron a todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares. Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese Infierno y les deseó Feliz Navidad”.
Medio siglo después del inicio de la dictadura, el rumbo económico del gobierno de Javier Milei continúa por la misma senda que inició el gobierno militar. Los planes parecen calcados de los de la dictadura y resulta evidente la persistencia de un programa que reproduce una matriz conocida y con consecuencias nefastas para los trabajadores y sus familias: concentración de la riqueza, endeudamiento, desindustrialización y deterioro de las condiciones de vida. No se trata únicamente de un programa económico, sino del dominio de los mismos grupos económicos que orientan el rumbo del país en función de sus intereses. El vínculo entre Washington y Buenos Aires vuelve a darse bajo una lógica de dependencia que hunde sus raíces en la última dictadura. Lo ocurrido en Argentina no puede leerse de manera aislada, sino como parte de un patrón regional donde distintos países de América Latina buscan ser reinsertados en la economía global en condiciones de dependencia, a través de ciclos de endeudamiento y ajuste. Sin embargo, la historia argentina también es la de sus resistencias. A cincuenta años del golpe, la memoria de los 30.000 desaparecidos y la persistencia de los organismos de derechos humanos siguen funcionando como una reserva ética y política desde la cual amplios sectores de la sociedad disputan el rumbo del país.
* Julian Bokser es militante y activista, docente universitario y de escuela media. Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires y actualmente cursa el doctorado en Ciencias Sociales en la misma Universidad. Entre 2015 y 2018 integró la coordinación nacional del capítulo argentino, de ALBA. Actualmente es asesor en el Congreso Nacional de la República Argentina y parte del equipo de prensa y difusión de la Oficina Argentina del Instituto Tricontinental.
Este artículo es producido por Globetrotter.
Imagen de portada: La Junta Militar que encabezó el Golpe de Estado en Argentina en 1976, con Jorge Rafael Videla al frente. En la gráfica aparecen Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Orlando Ramón Agosti, Roberto Eduardo Viola, Leopoldo Galtieri, José Alfredo Martínez de Hoy y Jaime Perriux, entre otros. | Foto: Wikimedia Commons.
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